viernes, 16 de octubre de 2026

Relato disimulado.

 

Michael Down, era un escritor de éxito en su ciudad. Más que eso; en su condado de Pensilvania. Por no decir en absolutamente todos los Estados de la Unión. Reconocido por sus extraordinarios éxitos y petulancias, que las ventilaba para darse mayor énfasis. Y por sus intervenciones en radio y prensa. Perseguido por los medios de comunicación en muchas ocasiones, para saber sus veredictos.

Down era destacado en la novela de ficción, de intriga y de suspense, de la que era un reconocido autor. Símbolo deslumbrante por su fertilidad en la creación de temarios, de situaciones inverosímiles, y de una realidad intensísima. Flagrante y desatada, a la que sometía en grado sumo el entorno y ambiente enrarecido, por cuestiones artísticas de argumentos literarios.

Casi todos ellos tendentes al mundo del secretismo y de la delincuencia, donde disparaba todas sus tribulaciones. Y donde hacía vibrar a sus lectores, empotrándolos en cada uno de las tesis de sus narraciones.

Paradigma indiscutible por su sinceridad descriptiva, que conseguía cuotas impresionantes de atención verdadera, triunfo deslumbrante y admiración indudable. Por su espacio realista, y el garbo especial conque rebozaba todas las vacilaciones literarias.

Sin duda además, por la magnífica y somera distribución y venta de sus fantasías. Tras el batallón de admiradores que le seguían como corderillos.

Nacido en una familia acomodada de Filadelfia, que lo pudieron educar en la corporación de Carnegie Mellon.

Una universidad privada de investigación con renombre y postín. Donde cursó las carreras de Humanidades y Artes, junto a la de Derecho Penal: La que ensaya las infracciones o delitos, los agravios y estatutos que impone la autoridad a quienes los comete 


 Bajo el seudónimo de Mercury Bloom, aquel escritor creaba novela tras novela. Narraciones, con una enjundia muy particular y una descripción de hechos y de espacios que dejaba boquiabierto a sus seguidores. Donde disimuladamente y creyendo que en absoluto le descubrirían, se paladeaba jactancioso.

Orgulloso como un poseso de su capacidad de maldad, y transgresión. Sin llegar a pensar remotamente que alguien, podría dudar de aquellas grandes y apasionadas explicaciones criminales, tan detalladas que consideraba desde sus relatos.

Detractores que también los tenía, y que por supuesto dudaban de su credibilidad al escribir y diseñar violaciones que de un modo u otro, se habían cometido.

El sheriff O’Connor, puso al frente de las pesquisas al no menos capacitado Damien Designé. Investigador que desde lejos hacía tiempo seguía sin ordenamiento por parte de la gendarmería las novelas de Down. Por no estar nada convencido ni de acuerdo con aquellas máximas que trazaba el autor, con todo lujo de detalles. Que en ciertos momentos eran difíciles de llegar a comprender, hubieran sucedido tan exactas, con tan poco tiempo de diferencia, y poco antes a la aparición de según que novelas.

Ya que eran muy semejantes a los últimos asesinatos habidos en la zona y fueran tan reales en el modo que los relataba, por la crudeza y entorno que les daba. Y porque en algunos detalles que exponía, tan solo eran de conocimiento del sheriff y los agentes.

Dato que en el Comisionado se había interpretado con preocupación. Buscando al culpable de las filtraciones.

Detalle que el agente especial Damien Designé, escrutaba discretamente acumulando, fechas, escenarios, gestiones y huellas.

Todas ellas dadas por el relato descriptivo de las muchas fechorías, narradas por el autor Michael Down, y que de momento estaban todas muy veladas, y tan ocultas, como lo disponía el relator. Con destreza milimétrica, la que poseía y procuraba el ensayista. 

El más atento de los seres humanos nacido. Parecía y así se vendía. El mejor conversador de tertulias televisivas y radiales. Instigador elocuente, inteligente y sabueso, que hacía las delicias de cualquier espacio mediático.

En su día a día era un tipo ególatra y presuntuoso, enamorado de sí mismo, que rebosaba una vanidad impostada y denigrante.

Falsario creyente irreal, que a su lado en plan de amigos o conocidos, era del todo imposible aguantar su despotismo, su agresividad y su indecencia.

Todo lo contrario de lo que vendía detrás de aquella máscara tan bien colocada por el disimulo que lucía.

 

Desde la desaparición de Merilyn Crastinw, muchacha inteligente, en los últimos cursos de periodismo y amiga de Perkins Norris, gacetillero famoso en el Pittsburgh Tribune-Review. Todo parecía haberse complicado.

Perkins era columnista en el rotativo que destaca a diario importantes noticias y puntos de vista de la ciudad. Combinando con la cobertura local, nacional y por supuesto Internacional impresa—con una orientación descriptiva y analítica—en sus ediciones de a diario y del fin de semana.

Divulgación cotidiana, que llevó a término la desaparición y seguimiento de la ausencia permanente de la estudiante Crastinw.

Versando las columnas del periódico sobre posibles causas de lo ocurrido. Dando detalles trascendentes de lo acontecido, sin saber en el modo ni la forma en que se habían suscitado aquella desaparición.

Datos y desarrollo del reciente crimen, que por otra parte, y sin el conocimiento de los federales, estaban reflejados en el relato de la nueva novela.

En la próxima edición de la publicación de Michael Down titulada, <Relato Disimulado>, que ya estaba en periodo de maquetación, en la editorial americana. Ediciones Maguncia de Pensilvania.

Siendo a más tardar en los próximos dos meses su lanzamiento. Cuando de nuevo otro crimen a otra joven, quedaba por resolver.

Hasta llegar al punto de averiguar donde yacía el cuerpo de la joven, que brutalmente asesinada, la hallaron en uno de los sótanos de un supermercado de la ciudad, cubierta por unos cartones a modo de abrigo, que la cubría evitando mostrar su desnudez.

En un principio los federales creyeron que fue un acto de vandalismo y de violación. ¡Sin más!... que enseguida se desplomó por pruebas evidentes que descubrió el Sheriff del condado, que no se hizo público.

Llegado a la conclusión que había sido un acto criminal a manos de alguien que según las manifestaciones de su amigo, el periodista de sucesos Perkins Norris, tenía trato con ella. Sin conocer de momento más datos, derivados con las pruebas, y vestigios de la muerte de su conocida. 

Apuntaba de nuevo, que la novela del autor local, tenía demasiadas concomitancias y casualidades que rozaban en los sucesos del caso de Merilyn. Quizás el primero de los asesinatos ocurridos sin esclarecer. Aquel que puso alerta al periodista.

Denunciaba las casualidades descritas en el argumento de la novela, incluyendo datos que ni siquiera el FBI, había descubierto para conocimiento general.

Por lo que Norris, le seguía la pista al ínclito Mercury Bloom, sospechando que tenía mucho que ver con la desaparición de Merilyn y de Crastinw.

El agente del FBI, Damien Designé, en su investigación, leyó lo que publicaba Norris desde el púlpito del periódico, por lo que se puso en contacto con el columnista. Habían quedado en una llamada telefónica en verse en la cafetería de Winston, en la calle principal.

 

Mercury Bloom, alias de Michael Down, se sentía un super dotado, con mucho más ingenio que el propio cuerpo del FBI, a los que desde sus novelas, retaba y dejaba en entredicho por según qué circunstancias.

Por lo que el reportero e investigador social Perkins Norris, tenía extendida en su averiguación por mor de esclarecer el suceso nada diáfano, sucedido en la muerte de su conocida.

Con lo que desde hacía más o menos una década lo vigilaba y no desatendía ni sus novelas, ni sus pasos. 

Todo fue urdido por Norris, desde el sobreseimiento del caso de Merilyn, que ponía punto al proceso penal, sin llegar a una resolución judicial por la falta de pruebas y constancias, con lo que de momento el caso de Merilyn Custodio, quedaba en sobreseimiento.

Suspendido antes de llegar a la celebración de juicio.

Por no tener ni sospechosos ni acusados. La buena de Merilyn Custodio, no fue jamás reclamada por familia alguna, quedando todo muy oscuro.

Desde aquel suceso muy preocupante, por aquella cancelación judicial, a Norris le cayó en sus manos la última novela de Down.

Una descripción secuencial del padecimiento y sacrificio de Merilyn, que justificaba todo lo que el periodista había publicado, como sospechas.

En la relación documental de la novela, se daba como reales las apreciaciones hechas por el gacetillero.

Con lo que Perkins, comenzó a dudar de la honestidad del autor de aquellas novelas.

—Tú debes ser Norris. Lo sé porque te sigo en tus columnas, y alguna vez he visto tu imagen publicada.

—Sí. Soy el mismo—replicó Perkins, esperando saber que necesitaba el agente. —¿Tu debes ser? … El poli. Si no me equivoco.

—Si. Me llaman: Damien Designé. Agente especial y ando tras el autor de esas novelas tan reales. El llamado Down. Al que le seguimos la pista por motivos obvios.

—Sí. Puedo imaginarlo. Que no me has citado para tomar una caña, ¡Sin más!

Aunque este tema lo vengo amasando hace casi diez años. Desde la muerte de Merilyn, aquella pobre desgraciada, que ni familia tenía, y acabó peor que mal—. Dijo Norris, dirigiéndose a Designé

—¿Cómo has llegado a dudar del bueno de Down—preguntó Damien

—Imagino sabrás que estoy en el caso de este crimen. Por cierto, me han dicho que Crastinw, además era amiga tuya—. Preguntó Damien Designé a Perkins, que le comenzó a relatar.

—Al poco tiempo del asesinato de Merilyn, y sin pasar demasiado tiempo, se iniciaron en cadena unos cuantos asesinatos en aquel Pitchburg, arrugado de inicio de los ochenta—. Hizo una pausa Norris.

—Tras el rapto y muerte de Merilyn, se dio otro caso parecido, sin haber dado tiempo a olvidar el crimen inicial. No pasando demasiado tiempo—. Sentó Perkins.

—En un homicidio incluido en las carnes de una muchacha, más o menos de la edad de mi amiga Crastinw.   

La señorita Lucy Leildelson, hija de un funcionario de correos, y que estudiaba como la víctima de Merilyn en la misma universidad, cursando la misma carrera.

Era la segunda desaparición, rapto y muerte, ocurrida a las siete semanas del primer delito.

Se dio en la persona de las características que buscaba.

Se trataba del crimen cometido contra Arely Cheslón, hija del predicador de la ciudad. A la que le siguieron el caso de Grace Conclusi, la tercera en discordia.

Una cabaretera del motel de carretera Bómper, entre Pittsburg y la ciudad de Morgantown. Virginia Occidental. Situada a unas 75 millas hacia el sur.

Del tercer abuso hasta el noveno, podría decirse que era un calco, en fiereza, forma de actuar, y salvajismo. Exceptuando siempre a las mujeres escogidas por el criminal en serie, que destacaban porque todas eran esbeltas, pelirrojas, y entraditas en carne. 

Sus cuatro últimas novelas, eran escalofriantes, declaraba detalles salvajes que incluso el FBI, no había divulgado.

En estos instantes, está el famoso Michael Down, siendo ajusticiado por el esclarecimiento de los nueve crímenes cometidos por su persona, los que le servían como tragedia y narración.

Con seguridad será condenado.

La pena de muerte, es legal en Pittsburgh. Dependiendo de si el caso se juzga bajo leyes del estado de Pensilvania.


autor: Emilio Moreno.



 

 


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