Michael Down,
era un escritor de éxito en su ciudad. Más que eso; en su condado de
Pensilvania. Por no decir en absolutamente todos los Estados de la Unión. Reconocido
por sus extraordinarios éxitos y petulancias, que las ventilaba para darse
mayor énfasis. Y por sus intervenciones en radio y prensa. Perseguido por los
medios de comunicación en muchas ocasiones, para saber sus veredictos.
Down era
destacado en la novela de ficción, de intriga y de suspense, de la que era un reconocido
autor. Símbolo deslumbrante por su fertilidad en la creación de temarios, de situaciones
inverosímiles, y de una realidad intensísima. Flagrante y desatada, a la que
sometía en grado sumo el entorno y ambiente enrarecido, por cuestiones
artísticas de argumentos literarios.
Casi todos
ellos tendentes al mundo del secretismo y de la delincuencia, donde disparaba
todas sus tribulaciones. Y donde hacía vibrar a sus lectores, empotrándolos en
cada uno de las tesis de sus narraciones.
Paradigma
indiscutible por su sinceridad descriptiva, que conseguía cuotas impresionantes
de atención verdadera, triunfo deslumbrante y admiración indudable. Por su espacio
realista, y el garbo especial conque rebozaba todas las vacilaciones
literarias.
Sin duda además,
por la magnífica y somera distribución y venta de sus fantasías. Tras el
batallón de admiradores que le seguían como corderillos.
Nacido en
una familia acomodada de Filadelfia, que lo pudieron educar en la corporación
de Carnegie Mellon.
Una universidad privada de investigación con renombre y postín. Donde cursó las carreras de Humanidades y Artes, junto a la de Derecho Penal: La que ensaya las infracciones o delitos, los agravios y estatutos que impone la autoridad a quienes los comete
Orgulloso como
un poseso de su capacidad de maldad, y transgresión. Sin llegar a pensar remotamente
que alguien, podría dudar de aquellas grandes y apasionadas explicaciones criminales,
tan detalladas que consideraba desde sus relatos.
Detractores
que también los tenía, y que por supuesto dudaban de su credibilidad al
escribir y diseñar violaciones que de un modo u otro, se habían cometido.
El sheriff O’Connor,
puso al frente de las pesquisas al no menos capacitado Damien
Designé. Investigador que desde lejos hacía tiempo seguía sin ordenamiento
por parte de la gendarmería las novelas de Down. Por no estar nada convencido
ni de acuerdo con aquellas máximas que trazaba el autor, con todo lujo de
detalles. Que en ciertos momentos eran difíciles de llegar a comprender, hubieran
sucedido tan exactas, con tan poco tiempo de diferencia, y poco antes a la
aparición de según que novelas.
Ya que eran
muy semejantes a los últimos asesinatos habidos en la zona y fueran tan reales
en el modo que los relataba, por la crudeza y entorno que les daba. Y porque en
algunos detalles que exponía, tan solo eran de conocimiento del sheriff y los agentes.
Dato que en
el Comisionado se había interpretado con preocupación. Buscando al culpable de
las filtraciones.
Detalle que
el agente especial Damien Designé, escrutaba discretamente acumulando, fechas,
escenarios, gestiones y huellas.
Todas ellas dadas por el relato descriptivo de las muchas fechorías, narradas por el autor Michael Down, y que de momento estaban todas muy veladas, y tan ocultas, como lo disponía el relator. Con destreza milimétrica, la que poseía y procuraba el ensayista.
El más
atento de los seres humanos nacido. Parecía y así se vendía. El mejor
conversador de tertulias televisivas y radiales. Instigador elocuente,
inteligente y sabueso, que hacía las delicias de cualquier espacio mediático.
En su día a
día era un tipo ególatra y presuntuoso, enamorado de sí mismo, que rebosaba una
vanidad impostada y denigrante.
Falsario creyente
irreal, que a su lado en plan de amigos o conocidos, era del todo imposible
aguantar su despotismo, su agresividad y su indecencia.
Todo lo
contrario de lo que vendía detrás de aquella máscara tan bien colocada por el
disimulo que lucía.
Desde la
desaparición de Merilyn Crastinw, muchacha inteligente, en los últimos cursos de
periodismo y amiga de Perkins Norris, gacetillero famoso en el Pittsburgh
Tribune-Review. Todo parecía haberse complicado.
Perkins era
columnista en el rotativo que destaca a diario importantes noticias y puntos de
vista de la ciudad. Combinando con la cobertura local, nacional y por supuesto
Internacional impresa—con una orientación descriptiva
y analítica—en sus ediciones de a diario y del fin de semana.
Divulgación
cotidiana, que llevó a término la desaparición y seguimiento de la ausencia
permanente de la estudiante Crastinw.
Versando las
columnas del periódico sobre posibles causas de lo ocurrido. Dando detalles trascendentes
de lo acontecido, sin saber en el modo ni la forma en que se habían suscitado aquella
desaparición.
Datos y
desarrollo del reciente crimen, que por otra parte, y sin el conocimiento de
los federales, estaban reflejados en el relato de la nueva novela.
En la próxima
edición de la publicación de Michael Down titulada, <Relato Disimulado>,
que ya estaba en periodo de maquetación, en la editorial americana. Ediciones Maguncia
de Pensilvania.
Siendo a más
tardar en los próximos dos meses su lanzamiento. Cuando de nuevo otro crimen a
otra joven, quedaba por resolver.
Hasta
llegar al punto de averiguar donde yacía el cuerpo de la joven, que brutalmente
asesinada, la hallaron en uno de los sótanos de un supermercado de la ciudad,
cubierta por unos cartones a modo de abrigo, que la cubría evitando mostrar su
desnudez.
En un
principio los federales creyeron que fue un acto de vandalismo y de violación. ¡Sin
más!... que enseguida se desplomó por pruebas evidentes que descubrió el
Sheriff del condado, que no se hizo público.
Llegado a la conclusión que había sido un acto criminal a manos de alguien que según las manifestaciones de su amigo, el periodista de sucesos Perkins Norris, tenía trato con ella. Sin conocer de momento más datos, derivados con las pruebas, y vestigios de la muerte de su conocida.
Apuntaba de
nuevo, que la novela del autor local, tenía demasiadas concomitancias y casualidades
que rozaban en los sucesos del caso de Merilyn. Quizás el primero de los
asesinatos ocurridos sin esclarecer. Aquel que puso alerta al periodista.
Denunciaba
las casualidades descritas en el argumento de la novela, incluyendo datos que
ni siquiera el FBI, había descubierto para conocimiento general.
Por lo que
Norris, le seguía la pista al ínclito Mercury Bloom, sospechando que tenía
mucho que ver con la desaparición de Merilyn y de Crastinw.
El agente
del FBI, Damien Designé, en su investigación, leyó
lo que publicaba Norris desde el púlpito del periódico, por lo que se puso en
contacto con el columnista. Habían quedado en una llamada telefónica en verse
en la cafetería de Winston, en la calle principal.
Mercury
Bloom, alias de Michael Down, se sentía un super dotado, con mucho más ingenio
que el propio cuerpo del FBI, a los que desde sus novelas, retaba y dejaba en
entredicho por según qué circunstancias.
Por lo que
el reportero e investigador social Perkins Norris, tenía extendida en su
averiguación por mor de esclarecer el suceso nada diáfano, sucedido en la
muerte de su conocida.
Con lo que desde hacía más o menos una década lo vigilaba y no desatendía ni sus novelas, ni sus pasos.
Todo fue
urdido por Norris, desde el sobreseimiento del caso de Merilyn, que ponía punto
al proceso penal, sin llegar a una resolución judicial por la falta de pruebas
y constancias, con lo que de momento el caso de Merilyn Custodio, quedaba en
sobreseimiento.
Suspendido antes
de llegar a la celebración de juicio.
Por no
tener ni sospechosos ni acusados. La buena de Merilyn Custodio, no fue jamás reclamada
por familia alguna, quedando todo muy oscuro.
Desde aquel
suceso muy preocupante, por aquella cancelación judicial, a Norris le cayó en
sus manos la última novela de Down.
Una descripción
secuencial del padecimiento y sacrificio de Merilyn, que justificaba todo lo
que el periodista había publicado, como sospechas.
En la relación
documental de la novela, se daba como reales las apreciaciones hechas por el
gacetillero.
Con lo que
Perkins, comenzó a dudar de la honestidad del autor de aquellas novelas.
—Tú debes
ser Norris. Lo sé porque te sigo en tus columnas, y alguna vez he visto tu
imagen publicada.
—Sí. Soy el
mismo—replicó Perkins, esperando saber que necesitaba el agente. —¿Tu debes
ser? … El poli. Si no me equivoco.
—Si. Me
llaman: Damien Designé. Agente especial y ando tras
el autor de esas novelas tan reales. El llamado Down. Al que le seguimos la
pista por motivos obvios.
—Sí. Puedo imaginarlo.
Que no me has citado para tomar una caña, ¡Sin más!
Aunque este
tema lo vengo amasando hace casi diez años. Desde la muerte de Merilyn, aquella
pobre desgraciada, que ni familia tenía, y acabó peor que mal—. Dijo Norris, dirigiéndose
a Designé
—¿Cómo has
llegado a dudar del bueno de Down—preguntó Damien
—Imagino sabrás
que estoy en el caso de este crimen. Por cierto, me han dicho que Crastinw, además
era amiga tuya—. Preguntó Damien Designé a Perkins, que le comenzó a relatar.
—Al poco
tiempo del asesinato de Merilyn, y sin pasar demasiado tiempo, se iniciaron en
cadena unos cuantos asesinatos en aquel Pitchburg, arrugado de inicio de los
ochenta—. Hizo una pausa Norris.
—Tras el
rapto y muerte de Merilyn, se dio otro caso parecido, sin haber dado tiempo a
olvidar el crimen inicial. No pasando demasiado tiempo—. Sentó Perkins.
—En un homicidio incluido en las carnes de una muchacha, más o menos de la edad de mi amiga Crastinw.
La señorita
Lucy Leildelson, hija de un funcionario de correos, y que estudiaba como la
víctima de Merilyn en la misma universidad, cursando la misma carrera.
Era la segunda
desaparición, rapto y muerte, ocurrida a las siete semanas del primer delito.
Se dio en
la persona de las características que buscaba.
Se trataba
del crimen cometido contra Arely Cheslón, hija
del predicador de la ciudad. A la que le siguieron el caso de Grace Conclusi,
la tercera en discordia.
Una cabaretera
del motel de carretera Bómper, entre Pittsburg y la ciudad de Morgantown. Virginia
Occidental. Situada a unas 75 millas hacia el sur.
Del tercer abuso hasta el noveno, podría decirse que era un calco, en fiereza, forma de actuar, y salvajismo. Exceptuando siempre a las mujeres escogidas por el criminal en serie, que destacaban porque todas eran esbeltas, pelirrojas, y entraditas en carne.
Sus cuatro últimas
novelas, eran escalofriantes, declaraba detalles salvajes que incluso el FBI,
no había divulgado.
En estos
instantes, está el famoso Michael Down, siendo ajusticiado por el
esclarecimiento de los nueve crímenes cometidos por su persona, los que le
servían como tragedia y narración.
Con seguridad
será condenado.
La pena de
muerte, es legal en Pittsburgh. Dependiendo de si el caso se juzga bajo leyes
del estado de Pensilvania.
autor: Emilio Moreno.




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