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viernes, 9 de marzo de 2018

Fiesta de la mujer Año:2018, música y detalles



Miguel Ángel Pozo, escúchen y después pronuncien. Precioso como se arrima
a esa mujer que es la guitarra, que la apalanca a su pecho y le toma un brazo y
rasga su cadera, en un virtuoso y magistral sonido, derivado de esos dedos que
poniendo nerviosas a sus cuerdas, nos deleitan en lo más íntimo del sentido.



Y no teniendo bastante con una, queremos más y más y así estaríamos hasta
la etermidad, sin dejar se escuchar esas ondas y esa música que nos llevan
a cualquier enclave del mundo, arrastrados por nuestos sentimientos y los
recuerdos, que juegan también un papel importante.





Es notable ese tocar, es jugoso ese notar, impresionante retoque y ragadura
a la guitarra. Esa que me lleva a la esquina del alma y que no amalgama el
mimoso sentir, ese que me roba el espacio, despues de pensar y de recrear
en mis adentros.



Arte y Coraje, pues ahí va ese desparpajo al bailar de las dos hembras que
danzan sobre el tartán, dejando imagenes redondas y pensares didusos al
trasladarte con ese ritmo cadencioso donde ellas pretenden, mientras se
contornean bajo el influjo de esa mùsica embrabecida




Amigos, la magia es baile. El baile es don, el arte llega con diapasón
generoso baile de Arte y Coraje, pareja que con seguirdad tienen un
futuro prometedor encima de los escenarios del flamenco.




Disfruten de todo esto. Ellas bailaron para todos los presentes y sin dudar
dejaron una impronta mayúscula, un "quejío" desarticulado que inducía
a pensar en grandes maravillas


Emilio Moreno
Autor de la letra de los comentarios


lunes, 21 de noviembre de 2011

Bolero de ilusión



la música suena
te miro y me observas,
me acerco y te explico
¿Bailas conmigo?

Sonríes,
meces tu cabello
se dispara tu corazón ligero.
No niegas,
aguardas primero,
mire con descaro
a tus ojos negros.

¿Te apetece bailar?
Pregunto de nuevo,
con voz de silencio,
a poca distancia de tu cuello.
Acercas la mano,
miras con recelo,
estás deseando,
bailar el bolero.

Te tomo del brazo,
concedes el lazo,
Arrastras despacio
tus sabidos pasos.
El bolero ya suena,
tú y yo enredados
entre los compases
de la melodía, acaso.

Distancia la exigua,
alientos talados,
una  maravilla,
verte tan sencilla.
Tener tu presencia
rozar tu mentón.
Mirar tus deseos
hacerme ilusión.

Mis brazos comprimen
tu silueta calló,
hablaron tus poros
fue premonición.
Tus piernas flaquean
es de la emoción
sujeto tu cuerpo
impongo el valor.
Te dejas llevar
por el piso firme,
notas musicales,
tu no quieres irte



Sintiendo mis manos
tu piel, se llenó
te hablo al oído,
sonríe por ¡Dios!
Te quedas difusa
sin exclamación.
Me buscas el alma
tu paso quedó
sin ritmo de baile,
no fue confusión.

Bolero de amores,
bailando llegó,
no se si creerlo,
fue una bendición,
tenerte tan cerca,
hablarte de amor
juntar nuestros cuerpos,
eso quise yo.

Susurras al viento,
puedo oírlo yo,
ha sido un suspiro,
vacilo y rubor.
Me envías mensaje
sin usar tu voz,
dejas que tus manos
hablen con una adicción.
Me tientan la espalda,
una bendición
son manos amables,
esperando ocasión,
ofrecen los frutos
de una gran pasión.
Siento me acarician,
sigue por favor,
no dejes que pare
el bolero y el son.

Bailar tan cosidos
es la tradición,
el bolero se baila
con mucha expresión.
Nos sobra el espacio
meneo de dos.
Mi alma se ha ido
a tu habitación,
saltó de mi pecho
llegó a tu blusón,
Se esconde en tus huecos
palabra de honor.

Bolero del viento
brisas arrastró,
música preciosa,
de mi corazón.
Ha sido un deleite,
un torbellino azul
sentirme en tus brazos
con tu propia luz.





jueves, 2 de septiembre de 2010

Rutina; la usanza de un rito.




De vuelta a la ciudad



El verano remite, la fecha del calendario indica que los que más; ya estamos a pié de cañón para quemar la pólvora que traemos en las alforjas y sobrellevar nuestras circunstancias, atrás han quedado esos lugares que decidimos fueran los que nos acogerían en las vacaciones, pueblos que vacíos esperan de nuevo volvamos para relacionarnos con sus gentes, costumbres y festejos. Allá quedaron nuestras amistades, las de todos los años, los que nos ven llegar y partir con ese sentimiento de cariño y que nos esperan cada temporada. Cuantas risas y buenos momentos hemos pasado, sentados a la sombra de ese roble, castaño o de esa terraza, en la tasca, a la sombra nos hemos tomado el refresco acostumbrado. Las subidas calle arriba y calle abajo para ver ese mercadillo tan singular que colocan los sábados en la avenida principal, dónde podemos comprar desde un pollo asado, hasta unos calzoncillos largos color turquesa, una faja elástica para aguantar los excesos de la panza, o un par de kilos de melocotones de la zona para degustarlos en la mesa. Mientras, hemos saludado a María que por lo menos hacía que no la veíamos dos años, desde que se fugó con aquel saxofonista de la charanga de Can Xiringo. Nos ha contado una fábula sobre su afaire con el músico, pero hemos de intentar creer lo que nos dice, aunque la verdad en sus ojos, no muestra felicidad alguna. Silverio, dice que ya no vuelve a la ciudad, que se queda en el pueblín, que ...lo han jubilado y en la ciudad, no se le ha perdido nada. Quiere dedicarse a buscar caracoles con esa linternita que se ha comprado tan cuca, que se coloca en la frente y más parece un minero experto en hallazgos áureos. Detalle que no quiero pasar por alto es la atracción que nos llegó para Fiestas, unos mocetones que cantan y bailan flamenco con sonidos electrónicos, y que se menean en el escenario como si fuesen autómatas. Lo nunca visto en el lugar, escuchar cante "jondo" sin ser ni cante ni hondo. La puesta en escena es de lo más peculiar, los bailarines aflamencados nos entregan sus bailes semi vestidos, no llevan esas camisas de lunares rojos y blancos, ni esos zapatones con tacones de hierro para patear la tarima, van a pecho descubierto y con zapatillas de playa. Menos mal que se cubren con sombreros tradicionales y más o menos por ese detalle puedes seguir un poquito la actuación. De mujeres nada de nada, cuando hay una escena femenina, allá que van y se colocan un corsé, unas bragas y una peluca y se quedan más largos que anchos. Artistas son un rato y desde luego de esa manera, escenifican a placer lo que quieren sin menoscabo de personaje o vestuario. Se lo montan como en New York, con tres y una gamba, lo solucionan. Han arrancado la risa de todos, los aplausos han sido sonoros, y la clase de artistas la llevan en el emboque de sus personajes. Al final de sus actuaciones, nos han agradecido a todos la presencia y nos han despedido en la puerta uno a uno.