Mostrando entradas con la etiqueta Sant Pere mes Alt. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sant Pere mes Alt. Mostrar todas las entradas

jueves, 9 de enero de 2014

Somos Agua



El agua se aprende por la sed;
la tierra por los océanos atravesados…
Emily Dickinson





Eran finales de los años cincuenta o principios de los cacareados sesenta. Ni se imaginaban los estadistas que el agua nos iba a escasear ¡Nada! se creía un recurso perpetuo de la naturaleza, consumíamos muy poco y no teníamos duchas en muchas viviendas, ni existían lavadoras automáticas, ni el fregaplatos, ni se concebía lo que ahora llamamos política de conservación del agua.

En aquel tiempo se comenzaban a llenar las playas de la Costa Brava de suecas rubias con sus bikinis de rayas, a su vez el utilitario seiscientos se comenzaba a comercializar. Cuando las horas extraordinarias eran una obligación y se compraba a cómodos plazos, cuando aquí en nuestra ciudad se recibía a toda clase de emigrantes nacionales que venían buscando una vida mejor, y se instalaban de cualquier forma, realquilados en una habitación compartiendo vivienda con parientes en pensiones del tres al cuarto, nadie le daba importancia al agua.

Gracias a la sed de tantas necesidades, se nos olvida la sed principal.  Donde todo estaba prohibido y no podías casi ni pensar, demasiadas cosas estaban censuradas. Era fácil morir en pecado mortal si bebías de fuentes prohibidas. Muchos de los que aún quedamos,  sin apurar la memoria recordamos, las duchas de los sábados y domingos a los servicios públicos instalados en la plaza de España de la ciudad Condal, acarreando el hatillo de mimbre con alguna prenda íntima que renovarían tras el baño.


La fuente de la calle San Pedro, que estaba frente a la tienda de ultramarinos de la señora Teresina sigue en pie, erguida, poco valorada pero ahí enhiesta y majestuosa. Ella, nuestra fuente nos suministraba del inestimable líquido a un depósito colocado estratégicamente bajo las tejas de la casa en la calle del  repecho, que recogía el fruto de la lluvia y se fortalecía con una manguera de treinta y ocho metros que utilizábamos los sábados por la noche, bien tarde, ya entrada la pre madrugada, cuando ya no podíamos molestar a nadie, para llenar aquella arqueta de uralita.
Nos costaba tres horas y siete minutos tenerlo rebosante_. Recordemos que entonces las cañerías no tenían mucha presión

Cuantas ilusiones al pie de aquella fuente, que cantidad de historias mojadas pasaron por mi mente, mientras el ruido de aquel grifo anacrónico y amarillento murmullo de sed,  voz regada, se hacía escuchar.  
Con nocturnidad aguardaba que finalizara aquel aboque y en el saliente de la esquina, solo, vigilante por si pasaba algún sediento que quisiera beber; el vecino borracho pudiera refrescarse, o cierta dama en pena, después de su infidelidad, acicalarse.

Recordando aquellas canciones preciosas a la luz de la luna y canturreando sus estribillos: Tú serás mi baby,   …buscaremos un lugar,   …Eva María se fue; que venían a cantarlas a nuestro Ateneo Samboià los mejores intérpretes y si todo continuaba de aquella forma natural y sucesiva tan solo nos aguardaban dos años para poder bailarlas_ con el permiso del mosén Régulo.


Pasaron los años y llegó la abundancia, omisión de la miseria en general. El sediento quedó satisfecho. Nos distrajo el raudal, aquella demasía irreal, olvido de la necesidad pasada. Imperiosamente teníamos que desterrarla  de nuestro pensar, nos fuimos volviendo seres autómatas, nos acostumbramos a los interruptores, le damos y funciona, cuando me canso lo desconecto. Abro el grifo y sale agua caliente, ¿que deseo?  y  ¡Ahí!   … Va!   A falta de agua ya inventaran algo para que la sustituya ¿Verdad?

Dice el refranero una máxima ahora, imposible cumplir.  
_ Agua que nos has de beber, ¡déjala correr!

_ Digamos pues:

_ ¡AGUA QUE NO MALGASTES, RETRASO PARA  EL DESASTRE!


La fuente de la calle Sant Pere, aún existe,  y no hay vez que pase junto a ella que no la acaricie con la vista. Al estar cerca me susurra_ ¿Cuántas veces he saciado tu sed?
Yo descarado le digo_: tu aliento huele a lejía, ya no tienes buen sabor.







lunes, 22 de noviembre de 2010

Barrio de Sant Pere

Hace unos años se festejaba un "Encuentro con los vecinos y antiguos residentes del Barri de Sant Pere". Lo patrocinaba nuestro gran amigo y promotor del Evento Lluis Ortega i Amorós, que con su gran paciencia y su saber hacer, sufría las molestias de preparar año tras año el festejo y encuentro, añadir alguna diferencia a la edición del año anterior y dotarlo de toda la infraestructura en lo concerniente a diseño de placas conmemorativas, contactos con las autoridades del Ayuntamiento, planificación del menú para la Gran Cena en el Hotel El Castell, buscando motivos para hacerlo ameno, fácil y bonito. Fueron conmemoraciones muy celebradas y se hallaron los motivos y se encontraron a aquellas personas que por su trayectoria en el barrio, eran merecedoras de tales menciones, muchas de ellas a Título Póstumo. Reflejaban el recuerdo de todos aquellos años de escasez 1940 a 1970, que tuvimos que pasar y que tan fácil se olvidan cuando llegan "las vacas gordas en la economía".
Lluis; lo analizaba detalle a detalle, sin dejar absolutamente nada al azar, él mismo mantenia contacto con las entidades de la población para sacar patrocinio de dónde pudiese, haciendo más viable los costos y de esa forma, se pudiera casi sufragar los gastos de sostenimiento y representación. Algún voluntario cooperaba con él en momentos puntuales, para la colocación de todos los entresijos que llevaba la preparación del acontecimiento. Estamos citando lugares designados del barrio reales, que aún hoy existen. Lluis, solicitaba permisos y autorizaciones de personas y entidades para hacer oficial el acto y pudiesen acompañar a la Comitiva del festejo por la zona haciendo sonar las violas, flautas y tamborines, mientras todos en procesión disfrutabamos de la alegría de ver a las vecinas en sus ventanas y balcones, saludándonos y agasajando con sus presencias a todo el tropel y autoridades del Consistorio, como la Alcaldesa de aquel periodo Doña:Montserrat Gibert, y la Regidora de Cultura Elvira Camacho._en la foto__
Cuantos y diversos, vecinos fueron recordados con afecto, algunos de ellos la mayoría; ya no estaban con nosotros, sus familiares y sucesores recogían el presente otorgado y la cantidad ingente de cariño que todos les demostrábamos. Maestros de escuela, dependientas del colmado, modistillas, el carbonero, la tendera, profesionales, agricultores, amas de casa, personas que en el período más angustioso, se habían destacado sobre todo por dar aquello que buenamente podían sobre todo a los niños, a aquellos niños que en la actualidad son los veteranos, que con muy buen criterio, recuerdan sucesos y anecdotas que van transmitiendose de padres a hijos, de boca en boca unos a otros. Ahora que han pasado las décadas lo divisamos en pretérito y valga el recuerdo para escribirlo y dejarlo hecho mención. Los buenos actos, los favores y las dádivas de aquellos que quitándoselo de su haber, lo regalaban para mitigar la pena tan grande que se vivía en aquel período en el barrio. Aquellas celebraciones se hicieron mientras Lluis tuvo ilusión por llevarlas a cabo.
Quizás el tiempo que no perdona, los sin sabores de algunos con opiniones diferenciadas y las decepciones de otros que no valoraban ese esfuerzo, esas ganas y ese ímpetu, hicieron que aquello finalizara un dia del año 2004.
Aquellas ilusiones de reunirse una vez cada mes de mayo para la Fiesta Mayor, celebrando la misa en la parroquia de Sant Baldiri para abrazarnos todos en buena armonia y vernos un año más viejitos, pasear juntos por las autopistas de la dicha diciéndonos grandezas y exagerando en los mismos temas que hacíamos antes. En la noche y como colofón cenar todos como ministros en el Hotel El Castell, bailar hasta altas horas de la madrugada y en definitiva rememorar vivencias. Sin duda, todo tiene su final y nada dura para siempre y estas celebraciones quedaron en nostalgia; una de las que siempre perduraran en mi corazón y en mi mente. Por ello, quiero dedicarle mi admiración al que ahora se debería llevar esa canción, ese homenaje, ese respeto; nuestro gran amigo Lluis Ortega, por todo aquello que creó de la nada y que nos hizo vibrar a más de uno de emoción, con lágrimas, con la sensación que aún reteníamos la niñez, que todavía podíamos emocionarnos con detalles, con personas que algunas de ellas ya partieron hacia su destino definitivo.
El Barri de Sant Pere, siempre será aquel que acogió a sus gentes, venidas de los diferentes confines y orígenes, llegadas con aquella ilusión de vivir en paz en tiempos de escasez, esas personas que a fuerza de tratarlas y sentirlas influyeran en todos para que hicieran piña y hacernos un poco lo que somos. Supo educarnos en el trayecto de una vida, darnos aquel barniz que inyectó en nosotros y el ferviente respeto por las personas. Desde esta tribuna que es el vehículo que dispongo, quiero enviar un abrazo a todos los amigos, vecinos y personas que siguen en aquel bonito barrio, que le siguen dando vida en la actualidad y en especial a Lluis Ortega i Amoros, por haber sido uno de los eslavones más dinámicos y mejor dispuestos para abrazarnos todos en armonia y regalarnos esa lección de convivencia y de entendimiento.