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domingo, 16 de septiembre de 2012

La lista de la memoria tonta


Aquel hombre, comenzaba a perder la memoria, ¿La perdía de verdad? o quizás era un equívoco de la propia retentiva, debido a la pesada temporada que llevaba, cargada de trabajo, preocupaciones y, penurias por alguna distorsión física en la conducta de su cuerpo, que podría no ser enfermedad, pero que no obedecía a una norma habitual en su vida.
¿Equívoco de la propia retentiva?  ¿Estaba confundiendo vivencias personales suyas? Mezcladas con guiones, nombres y secuencias de películas que le habían dejado huella. ¿Tocando su fibra, tan emocional como vehemente? Palabras que pretendía pronunciar y, no podía por falta del recuerdo, sin embargo, si veía claramente la imagen de lo que significaba y tenía una sensación brutal, al ver el ritmo, la fotografía, el desarrollo que pretendía explicar y la imposibilidad de hacerlo por falta de esa pronunciación que no le llegaba al cerebro para soltarla mediante el lenguaje.
Se notaba raro, el cuerpo le estaba ahorcando los hábitos, pasando detalle, quizás a los excesos o a la falta de previsión, y al abuso silencioso que se suele cometer sin atender a las futuribles consecuencias del mucho trabajo, poco cuidado en la alimentación, sobrepasarse en las bebidas virtuosas, comidas fuera del control médico, consumición excesiva de cigarrillos, noches de fenomenales francachelas, vicios permitidos de la hermosa sociedad y medicamentos poderosos para ser más viril y súper varón atrayente y seductor.
Él mismo, se daba cuenta de esas deficiencias, al intentar recordar algunos hechos de: no hacía demasiado tiempo. Mensajes que antes, le sobrevenían impetuosos y a borbotones, nada más iniciar su pensar, tenía formada la narración en su hipotálamo. Ahora le costaba mantenerlos en el recuerdo y hacerlos llegar hasta la oratoria en el instante oportuno.
Ya se hacía demasiado frecuente, en sus charlas, chistes y explicaciones concretas con detalle y puntualizaciones, definir con exactitud y querer, pronunciar el apelativo adecuado, ese denominado que bien sabía que existía en el vocabulario del idioma, y que no tenía la destreza de articularlo fácil, porque su recuerdo, o su memoria no se lo prestaba. Pormenores como: el apodo de un antiguo amigo, un fragmento guardado en el baúl de las efemérides y tener que suplantarlo por otra denominación, por no poder explicarlo debido a esa durísima situación que le presentaba; la falta de memoria. Dejar de explicar esa idea, por el retardo en encontrar la expresión, por el derrumbe automático de la retentiva y de prontitud en el recurso de acertar el dicho menester, la voz que pretendía, la onda justa y adecuada. La que cuando ya no la necesitaba, le sobrevenía sin más. Mortificándole muy mucho en el conjunto personal y emocional.
Por todo ello, se hizo de una especie de breviario cerebral, una fórmula eficaz, para que esas frases que había de menester con frecuencia y que se le resistían sin premura, le fueran cómodas de pronunciar, sin darle demasiada presión a su cerebro. Con ello, las podía practicar en su soledad, haciendo un ejercicio práctico de memoria, y con esa gimnasia de tono refortalecía el comienzo de una posible pérdida de retentiva, o del inicio de una enfermedad que podría presentársele en un momento de su trayectoria existencial.
Inició su praxis y sacó su esencia, aquella memoria que había gozado tanto en su juventud, de la cual presumía y podía hacerlo por ser un don que le había donado el cielo, una dádiva que portaba desde su nacimiento y que ahora, la merma no la notaba casi nadie: excepto él. Como avergonzado de lo que le sobrevenía, callaba y se mortificaba en cada ocasión que analizaba sobre su falta de bienestar memorístico.
De su bolsillo extrajo un papel que disimulaba en uno de los pliegues de su cartera, para repasar esos diez nombres que de momento había anotado, como si fueren los “Mandatorios del Santo Equivalente”, decena de  intensidades que le habían llevado de cabeza, por la falta de la retentiva puntual  y que remachaba una y otra vez, dando lugar a un perfecto entrenamiento y una afluencia de sus remembranzas. Decenio de nombres, que obedecían a unas lagunas momentáneas sufridas y que intentaba con ese ensayo, mantener ocupado su cableado cerebral y aseado siempre, para evitar esos olvidos. Era un pliego de cuartilla blanca, en donde solo figuraban borroneados los designes, los sustantivos y ninguna reseña más. El resto debía hacerlo su psiquis, su esfuerzo, su repaso, su decreto por no llegar a perder la cordura.
_ Estoy perdiendo mi memoria, ¡Estoy acojonado! con tanta recordación como tenía ¡Dios mío! que desconfianza llevo en mi cuerpo, igual estoy enfermo y tengo principios de Alzheimer, Parkinson, o Demencia senil_, repasaba mentalmente sin percatarse.
_ Una vez más,   …lo repito otra vez y desisto_, coreó de nuevo el enunciado esta vez sin mirar la chuleta_. Araceli, Artemia, Áurea, Bayona, Jack Nicholson, Miralles, Neil Diamond, Orona, Varinia, Zihuatanejo. Advirtió que incluso esta vez, las pronunció en riguroso orden alfabético y continuó conduciendo su Chevrolet Astoria.
Comenzaba otro episodio de dolor, al intentar meterse en sus adentros para vivir de nuevo aquel padecimiento, y mientras conducía fue encadenando las secuencias, y el porqué: registró aquellos nombres en su libreta que además unos con otros tenían alguna coincidencia en el modo de relacionarse y de sucederse, que por algún motivo se le hacían tan difíciles de recordar y que tanta angustia le proporcionaban.
La primera palabra escrita en su reserva mental fue la de: “Araceli”, un nombre de mujer, que había tenido que ver con ella, en una relación profesional, simplemente una señorita que no significaría nada en sus estructuras particulares. Una empleada que por motivos de categoría, había estado bajo su responsabilidad en el trabajo. Sin deseos de enredarla con motivaciones carnales o sexuales, ni fue de su gusto ardoroso. Una hippy mal vestida y enormemente dejada en su aspecto, pero muy buena persona, con un corazón de oro y muy desaplicada en las labores de higiene y despreocupada de las profesionales. Araceli una amante del cine, una encaprichada de Jack Nicholson, una mujer insólita, que vivía escenas del “Resplandor” película dirigida por Stanley Kubrick, con escenarios opresivos y de claustrofobia, que nos instala en un entorno repleto de locura, paranoide. Alejados de la ciudad, encerrados en un hotel desocupado por las condiciones climatológicas. Araceli, en sus momentos de inmersión en la cinta, comparó a Torrance, personaje protagonista del film, con el que tenía esos trastornos de memoria tan esporádicos y, el encargado de su departamento, calificándole de olvidadizo de loco y de chiflado.
Araceli, administraba las recepciones de embalajes en una empresa familiar. Se ocupaba de los entresijos de llegadas y admisión de materia prima a la empresa. Había tenido sus más y sus menos con su jefe. Por su persecución innata en el recuerdo de los plazos de entrega, por sus absentismos laborales y por su falta de puntualidad en el trabajo.
Le sobrevino en una ocasión, el tener que mencionar a Araceli Martín, fuera de la empresa por una semejanza que hizo ella entre él y el actor de la película “El Resplandor” detalle que surgió de forma esporádica, con unos amigos y no pudo nombrarla, imposible recordar su nombre, ni el del protagonista del film.
Esa imagen quedó anotada en su cerebro y el esfuerzo brutal por ocurrirse el nombre, que no consiguió por esas fallas que solía tener. Esas lagunas memoriales, que no le permitían continuar, el detalle de verla en la imaginación sin poder nombrarla. Viéndola muy presente, sin recordar como le llamaban.
Artemia, es la segunda situación, de nuevo se vio obligado a cambiar el tema, por ese declive mental, quedando en apuros con aquellos contertulios, sin poder especificar el sustantivo de Artemia, que lo sostenía una persona mayor, que se ayudaba de un cayado labrado de madera, en tonos azulados y que a la vez, era esposa del fallecido Don Floro Andrade, dueño de media población en la provincia de “Jamalajeta”. Mujer que en sus años verdes, fue preciosa, deseada por todos y con sus deseos sensuales más íntimos por salir de los armarios. Dada a las presunciones más caras y a fabulosas recepciones en un ambiente pueblerino, dándose a conocer por sus grandezas grotescas, sus excentricidades y desequilibrios. La había conocido en sus años mozos, cuando ella estaba bien dura y maciza y presumía de tetas y de un culo estilizado de esos que comienzan debajo de la espalda y termina casi pasadas dos cuartas de la pierna huesera. Dada a provocar a los hombres con la mirada, y a comerse con los ojos a aquellas mozas que ella creía merecían y eran de su apetencia. Escudada desde su posición de gran señora y de ricachona, tenía la facultad de engañar a todos. Seducir a los tíos solo con los ojos, y si alguno de ellos, por la propia bravata se le insinuaba, no quería seguir con la jácara y lo dejaba caliente y desbordado.
Ella tenía otros gustos no confesos y además tenía que simular aquella máxima de buena cristiana: no tentemos al pecado. Alguna aventura había tenido con la cocinera de la finca donde veraneaba. Veintidós años más joven, era sin duda la que se encargaba de engrasar esos músculos femeninos que necesitan tanto meneo y la que enjabonaba, gratamente de forma oculta las partes más impalpables e invisibles de la gran y respetable señora.
Varinia, la exclusiva sirvienta, nombre excepcional en el pueblo, sacado de la película “Espartaco”, (la que daba figura a la esclava de origen Tracio, que fue esposa del gran gladiador, protagonizado por Kirk Douglas), Se hizo con el empleo en la casa de Doña Artemia, mientras para poder proseguir sus andanzas y necesidades básicas, engañó en su adolescencia al pobre y despistado caballero de la flaca memoria. El que en una ocasión quiso acordarse y tan solo, pudo ver las imágenes de las dos mujeres, en sus años de esplendor y cuando no estaban tan envejecidas.
La tercera reacción deficitaria de memoria sufrida por aquel desprovisto, fue Áurea, hija de un ferroviario de la ciudad norteña de Santones, que había mantenido con él, sabana, manta y caricias. Una mujer, que le gustaba presumir, más que dejarse coger. La clásica persona que se encapricha de lo que sus amigas tienen y se ha de comprar, aunque no pueda.  Aquello que ellas han estrenado, lo ha de poseer, y aunque se endeude en la joyería, corsetería, sastrería, ha de conseguirlo, a costa si es necesario, de dejar a su  hombre sin el concubinato. Sin dejar que le toque la piel, que le acaricie los glúteos y de no permitirle cama, hasta que no lo tenga en su poder.  
La preñó un caballero desconocido procedente de Zihuatanejo, población Mexicana de la costa del Pacífico, perteneciente a la Costa Grande, y en la actualidad  pernocta con la persona de Áurea, y sus descendientes.
Una noche soñó uno de sus capítulos inacabados y al despertar quiso pronunciar el nombre de la embaucadora que además de quedarse con un buen fajo de billetes de curso legal, supo sonsacarle un reloj de platino que aún paga en la actualidad. Sobre Zihuatanejo, no sabía ni donde se encontraba situado en el mapa.
Don Policarpo Bayona, jefe de la fábrica de embutidos Virgen del Quejido. Gran seguidor del cantante americano Neil Diamond, el gran baladista, detalle que compartía con el amigo de las lagunas de memoria, el que le había proporcionado música sobre este gran intérprete y que fue el avalador en sus primeros negocios.
Cuando Bayona llegó a hacerse cargo de este establecimiento, no era ni por asomo, ni tenía la enjundia que ahora tiene, con trescientos trabajadores, y la matanza de todos los animales de la comarca. Hombre déspota y mal carado, con pocos amigos y los que tiene alrededor, es para reírles las gracias y a la vez que les respete el empleo. Policarpo, había tenido una juventud algo dificultosa, con el estraperlo y la trata de productos prohibidos, debido a la falsificación de marcas y de productos, llegando a la comarca sin futuro, con una mano detrás y otras adelante, pero con suficientes recursos como para meterse a los políticos en sus bolsillos, a sus mujeres en su cama y a los campesinos y agricultores explotarlos al máximo. Caballero postizo de la Orden de “Camajana”, y honoris causa por el “Excelsius”.  Antro de vicio, varietés con nenas desabrigadas, paseando en bolas por el lugar de ambiente y desplumando a todo el que se acerca a ellas. Bareto y prostíbulo de la carretera catorce, la que une, Pomilla con Pulachas. Bayona el amo: jefe de la mafia de la ciudad, mafioso repartidor de estupefacientes y controlador de todos los chulos del barrio. Casado con la hija del cacique del almacén de cervezas y refrescos el tío “Comedias”, que arruinado, puso su hacienda, sus deudas, su hija y su coche al servicio de Policarpo.
Al estilo de la gran ciudad un local nocturno, propicio para los ligues extra conyugales, la recreación de la vista, humo de color verde por el antiséptico utilizado y la mejor música del gran Neil Diamond, esas baladas que siempre le habían encantado se borraban del recuerdo en ocasiones “Sweet Caroline”  igual que el nombre del amo del prostíbulo.
Miralles es el dueño de un Hotel, que había coincidido con el memorias, en el transcurso de una boda, más que eso un “bodorrio de barrio” donde lo único que importa es lo bien “que se casa la nena” y con el tipo que se lleva, que aunque no sirva más que para tacos de escopeta, la nena ya tiene rabo, y además con dinero. Gofre Miralles, un empresario hábil y persuasivo, que trabaja para el futuro sin dejar de lado el presente.
Dando cobijo en su hotel a pequeñas familias, con precios populares pero no olvida esos grandes soberanos, que se traen a las afueras del ruido, a esas mujeres que de tan guapas que son, no pueden bajar solas del coche.
Estos magnates locales piensan en verde y en positivo, queriendo dejar el pabellón personal en lo más alto. El negocio de los ladrillos, y que las cosas suban, (sobre todo una), pero que no bajen. Que pasar una noche de insomnio, y de comprimidos reconstituyentes, es un logro, y un sueño cumplido. Mientras ella, la chica guapa, la más pop de la comarca, espera que al “gentil” le vuelvan las ansias locas de chorrear por el fregadero, las gotitas de orina, que le proporciona su próstata, o escurrirse como un gusano, pensando que es el number one. Cuantas veces había ido el desmemoriado a ese hotelito de Miralles, que ahora, en ocasiones no puede recordar lo vivido en él. ¿Por qué será? ¡Qué tacaña es la memoria!  
Orona es el cura que confiesa al señor olvido. El que le está poniendo cada vez más el miedo en el cuerpo, el que le indica que no irá al cielo cuando se muera, por embustero y por no contar más detalles que todos queremos conocer. Pepe Orona, capellán del barrio, hombre pasado del medio siglo, y con el designio entre otras cosas de hacer buenos cristianos. Aquel que cada vez que da una homilía, eriza los prejuicios de los feligreses, e insulta al más pintado, desde el arzobispo, (que le huye), al alcalde, (que le teme), pasando por la señora Paca, la que le hizo una tarde un favor al desmemoriado y que aún no ha relatado.
Es un sacerdote bastante generoso con los débiles y con las señoras mayores, acoge a los niños descarriados y hace una buena labor. Con las mujeres se pasa, en confesión, les hace lo mismo que le está haciendo ahora al “olvidos” chantaje para que le cuente aún más detalles y pinceladas y que según el tribunal del cielo, se ha dejado referencias omniscientes en el tintero, las cuales debe saberlos para poder darle una necesaria receta de contrición y quede fuera de pecado.
 
 
 
 


miércoles, 11 de julio de 2012

Noche de radio


Suena el teléfono irritado, como queriendo dar una notica rápida, inesperada.
 _ Hola ¡Sí!  El mismo_  ¿ Quien llama?
_ Emilio, soy Manuel,
_ ¡Qué tal, menuda sorpresa!  Alguna urgencia tienes que llamas…
_ Decirte que el sábado no podré ir a la Cope. Al espectáculo que presentas
_ ¡No pasa nada!   Lo comprendo…
_ ¡No deja que te explique!  No podré ir al Festival del próximo sábado, celebro el cumpleaños de mi mujer y me es imposible. Reunimos a familia y amigos y coinciden los horarios.
_ No sufras, no pasa nada, ya sabes que siempre lo hacemos libre y nadie está obligado a lo que no quiera o no pueda.
_ Además de excusarme, quiero hacerte una proposición deshonesta; ahora que te tengo a tiro en la línea del teléfono, sin taquígrafos y sin alardes.
_ ¿Una propuesta deshonesta?
_ Me encantaría vinieses al programa del “Mirall de l'Anima”. El “Espejo del Alma” para el jueves, en Radio Gavá. Frecuencia Modulada 91.2. Así presentas tus escritos y charlamos de la entrevista que te han hecho los amigos de la revista literaria “Palabras Indiscretas”.
Que sé de buena tinta te hicieron una entrevista no hace mucho y estos amigos literarios me han hecho llegar un número de la revista. Donde hablas de tus proyectos y además dejan tus pretensiones en este círculo, bien claras, me han gustado. Estuviste en tu línea, serio, comedido y sincero. Presentamos los títulos de esos libros que has participado y  ya han salido al mercado y los que esperan hacerlo pronto.

izq. Emilio Moreno; derecha Manuel Olivas

La conversación se extendió por unos minutos, preguntando y respondiendo a todo trapo. Quedamos para el día siguiente en la radiotelevisión de Gava, para una charla informal dentro de su programa de radio.
Dentro del estudio, todo sucedió como en otras ocasiones, silencio, se alumbra la lámpara roja de la mesa, queriendo significar que estamos en el aire, como lo llaman los profesionales del micrófono y se sucedieron las preguntas, las risas, y como no; las confesiones.

Si es de vuestro agrado y os va bien aquí dejo un “You Tube”, sonoro que podréis escuchar con lo más sintético de la entrevista.

Escuchar parte de la conversación y entrevista de radio, instalada en YOu Tube, que Manuel realizó, entrevistando a E.Moreno

Pulsar intro para ver y oir la entrevista.
Emilio y Manuel, en el Mirall del Ánima, radio Gavà
Cuantas vueltas da la vida, en el momento que menos esperas, algún amigo se acuerda de ti, de lo que estás haciendo, de lo que llevas entre manos, sin hacer ruido, sin dar alharacas, sin paracaídas y sin cinturón de seguridad y te llama, para que el mundo de las ondas, ese universo increíble, con tantos miles y miles de escuchantes, pueda saber algo de alguien que ni sabía que existía.

Gracias Manuel, por tu gestión. Impagable.

viernes, 14 de octubre de 2011

Sensaciones de una Paz



Hacía su paseo diario Paz, con su bastón blanco de invidente. Era ya una rutina, aquel itinerario hasta su lugar de trabajo. La joven dilataba y extendía aquel recorrido, maravillándose, del olor de las flores y del sonido de los pajarillos que saltando en los árboles, quizás anidaran sus crías y aquel alborozo, fuera por el alegro que les daba alimentar a sus pichonzuelos.
Las gentes se cruzaban con ella y muchos de ellos, misericordes y tiernos por la bondad de Paz, trataban de ayudarle y de facilitarle ese calor que las buenas gentes suelen prestar a los que necesitan ayuda. Por lo que además de concentrarse en su alrededor, en el mundo que era para ella, la oscuridad, agradecía todas aquellas ilusiones que le llegaban de sus conocidos. Era una mujer abierta y emprendedora, con ganas de vivir su vida, la que el cielo o el destino le había proporcionado, sin más excusas, como si las dificultades por motivos de su ceguera, no fuesen obstáculo para que ella, se quedara en la reserva, compadeciéndose a sí misma y lloriqueando por su disminución física.
Ella es una joven preciosa llena de vida y de encanto, con una cabellera propia de una princesa egipcia y un cuerpo que imaginero divino hubiera esculpido. Dotada para culminar cualquier empresa por difícil que las haya, segura de sí misma y empecinada en sacar adelante aquel tenderete de ventas de revistas y chucherías que administraba.
Paliaba su ceguera con otra perspectiva, la emocional y la talentosa. Todos los días en punto a las nueve de la mañana, abre su kiosco, ayudada por los servicios locales del parque que la esperan puntuales frente a las puertas de su templete. Los proveedores de los diarios y revistas, la tratan con un cariño que ella misma se ha ganado al cabo de los años. Ese esfuerzo es el que le da sentido a su vida, tras el trágico accidente que sufrió hacía tres años.
Con suma alegría vendía las revistas, periódicos, semanarios, haciendo gala de estar al corriente de cualquier deporte, de las próximas confrontaciones entre equipos y de cualquier evento social que se tuviera que llevar a cabo. Dominaba la palabra como pocas y tenía sus propias ideas sobre la política local y territorial del barrio, sin contar con sus imaginativas soluciones, formulas magistrales que deberían seguir los grandes políticos del mundo, para sacarnos de los problemas a los de a pie. Los chiquillos, que se paraban a comprar sus chucherías, antes de ir o regresar del colegio, tenían con ella muy buenas vibraciones y gustaban de hacerse bromas y alegrías.
Un buen día, Marcos, se paró en el kiosco, pidiendo ayuda por la pérdida o quizás el robo de sus documentos y sus pertenecías, las de trabajo y las personales, dejándole en una situación de desamparo.
_ Hola, buenos días, no habrás visto nada raro hace un rato. Estaba sentado en el banco justo de enfrente y me han desaparecido mis pertenecías.
_ Pues, no he visto nada, entre otras cosas porque hace tres años dejé de ver._ Habló Paz, con suma tranquilidad y perfectamente atenta a lo que el joven le decía._ Sin embargo, no me ha parecido detectar nada raro en el ambiente.
_ Perdona, no me había percatado, que no;    …Al llevar esas gafas, no he detectado tu…   , _  No terminaba la frase el muchacho, cuando ella le interrumpió.
_  ¡Venga, hombre!  Que no pasa nada, dilo, con tranquilidad, que no voy a enfadarme. ¡Soy ciega! pero tengo orejas y puedo escucharte. ¡Habla!
_ Lo siento mucho, perdona mi torpeza._ Marcos, se quedó sin parla, mientras ella tomó las riendas de la situación nuevamente._ Anda cuéntame que ha ocurrido, creo que será lo mejor para poder ayudarte. Por aquí tengo muy buenos amigos y entre todos, igual esclarecemos algo.
_ Pues, estaba sentado en el banquito, haciendo hora, para mi acceso a las oficinas de la Compañía de Gas, he debido quedarme dormido y ahora no tengo ni mi documentación, ni mi cartera de mano donde llevaba los asuntos de trabajo. No soy de aquí, venía a hacer un curso de capacitación en esta empresa, a la que pertenezco en una sucursal de la provincia de Teruel.
_ Y has venido desde allí, ¿caminando?  ._ Rió Paz, con gracia y denuedo._ Porque desde tu ciudad hasta aquí, hay una buena distancia.
_ Llegué esta madrugada con el tren correo, he estado toda la noche viajando y por eso me he quedado traspuesto en ese lugar. Me llamo Marcos y la verdad, estoy en un apuro. No sé qué hacer. Ni conozco nada de por aquí.
_ Pues, sí que es verdad, que lo tienes crudo. Mira, creo que deberías dar parte de lo sucedido y si nos enteramos de algo, pues, te aviso. ¡Pero claro! donde te doy la razón, esa es otra, porque si no eres de aquí, no tienes dirección de posada, pues difícil, ¿No crees? _ Verás llamo ahora a la seguridad del parque y lo mismo pueden echarte un cable.
_ Gracias, muchas gracias, ¡Cómo te llamas! Eres muy amable y te agradezco estos detalles sin conocerme ni saber quién soy.
_ Me llamo Paz Rubiales, y no pasa nada, creo que nos debemos ayudar unos a otros, si no ¡estamos perdidos! ¿Sabes que deberías hacer? Si dices que eres empleado de la compañía de Gas, preséntate en las oficinas, identifícate como puedas y pon en conocimiento a los responsables de lo que te ha sucedido, que como eres un desplazado, te has quedado sin documentación y sin tu cartera, que imagino llevabas el dinero, poco o mucho. Eso ya no importa, pero ¿Cómo volverás? ¿Cómo te alimentarás? En fin creo que es lo más adecuado. Vuelves cuando salgas, pásate por el kiosco y podré darte alguna noticia, si alguien ha visto algo, o saben que es lo que ha pasado.
_ Es lo más prudente. Creo que tienes razón, voy a hacerte caso, me presentaré al curso a la hora pactada sin retrasos y pondré mi caso en manos de mis jefes. Vuelvo luego y te explico. Gracias Paz, muchas gracias, eres una tía encantadora y muy amable. Nos vemos luego.
Marcos Trinos, desapareció, sin dejar más rastro que el tono de su voz al pedir ayuda a Paz, el timbre de la desesperación, la humillación de haber sido robado, ni siquiera eso, le hurtaron en un desvanecimiento de sueño, por descuido o cansancio en el banco del parque Dos Mundos.
Aquel joven, provenía de una ciudad, preciosa y abierta al mundo de la cultura, del arte y de las maravillas arquitectónicas, fuera y alejado de las practicas de las grandes ciudades y empleado en una empresa puntera del sitio de su residencia habitual. Le enviaban a capacitarse en un curso de una duración semanal, donde le debían facultar para el desarrollo de su nuevo empleo dentro de la firma. Había viajado toda la noche, primero con un autocar que lo llevaba donde debía tomar el tren y desde allí, en un traqueteo constante, llegar hasta el banco donde le fueron sustraídas todas sus pertenencias, maleta de la ropa, cartera de documentos y portafolios de trabajo. Absolutamente sin identificar y al relente se quedó en la ciudad, sin más certificado que su propia palabra y su poder de convicción.
Paz, de inmediato, se hizo valer del servicio interno de las instalaciones, para que le visitasen los guardias. Exponiéndoles con toda clase de detalles, los comentarios de Marcos y lo que él decía le había ocurrido. Comenzando una búsqueda de los enseres y de averiguaciones para mirar de esclarecer aquel penoso asunto.
Aquella tarde, después de la caída del sol, aparece Marcos en el kiosco, queriendo agradecer a Paz, toda su deferencia y su atención para con él. Paz, ya ni recordaba el incidente y a punto estaba de cerrar las compuertas de su tenderete, para marchar a su casa, dando aquel paseo que tanto agradecía a la vuelta, con agrado y con calma.
_ Buenas tardes Paz.
_ Hola, Marcos, te reconozco por tu voz. ¡Cómo ha ido!  ¿Pudiste aclarar algo?
_ Mira, al principio, como no llevaba ninguna acreditación, ni siquiera mi identificación interna de empresa, tomaron sus cuidados, llamando a mi jefe de zona en mi ciudad, al que me pusieron al teléfono y pudo quedar demostrado que yo soy apellidado Trinos y de nombre Marcos, después muy amablemente me llevaron a la comisaría de policía, a que pusiera denuncia de lo ocurrido y me dispensaran un nuevo documento identificativo, que mientras llega, es un provisional lo que obtuve. Más tarde, _ siguió comentando Marcos, con mucho agrado hacia Paz. _ Y eso ya entraba en el programa de capacitación, fui alojado en el hotel Continental, ya que voy a permanecer en la ciudad por lo menos una semana y me dieron permiso y algún dinero para que pudiese ir a comprar, como caso especial y con adelanto a la liquidación de viajes, que tendré que hacer al regreso. Algunas mudas interiores, ropa de vestir y los accesorios propios de la higiene personal. El servicio Social de la empresa, Contactó con mi entidad bancaria, para que anularan mis tarjetas de crédito y que me extendieran permisos para poder obtener algún recurso de mi propia cuenta. _ Una odisea, amiga Paz y tú quizás preguntándote, si no volvía a darte las gracias y a permitirme que pueda invitarte si quiera a cenar una de estas noches. _  Acabó su retahíla, aquel hombre, ya más sosegado que en horas anteriores.
_ ¡No, para nada! Si quieres que sea sincera, casi había olvidado el hecho. La verdad, que esta mañana me puse en contacto con mis amigos, los del parque y si, que han comenzado a hacer pesquisas. Más que nada, porque aquí, nos conocemos todos y no es nada agradable que los paseantes, transeúntes y demás personas, sean engañados y atracados de la forma más impune y vulgar que nos imaginemos. Por aquí juegan muchos niños, que vienen con sus mamas y sin ellas, y jamás se había dado una fechoría semejante. Los abuelos que se sientan tranquilos y ellos, si que se quedan bien dormidos, con la confianza que ningún desaprensivo venga a quitarles lo poco o mucho que lleven encima. Como te ha pasado a ti._ Dejó de hablar Paz en dirección a Marcos, porque fue interrumpida por una clienta que solicitaba una revista de moda. _ Sí cógela tu misma, ahí la verás. Vogue, a la derecha del estante. Por cierto, _ la amiga, le preguntó a Paz._ Se sabe algo del atraco de esta mañana. Dicen que ha sido fortísimo, que al chaval, lo han dejado prácticamente desnudo, que no era de esta ciudad y que no ha podido encontrar nada de lo robado._  ¡Mira ahí tienes al sujeto! _ dijo Paz, señalando a Marcos, que escuchando toda la conversación, esperaba tranquilo._ No se sabe nada de momento, es una pena que pasen estas cosas en el parque, pero chica, así es la vida. Se despidieron de la clienta y quedaron de nuevo los dos, a solas contándose lo sucedido.
_ Entonces Paz, ¿aceptas mi invitación para cenar juntos? o, tienes algún tipo de compromiso, que no puedas aceptarlo.
_ La verdad, es que no tengo costumbre de ir a cenar con desconocidos, pero tú, quizás no seas tan extraño como parece. Me apetece ir a uno de esas cantinas que sirven la cena, acompañada de música. Eso pretendo desde hace tiempo y poder vivirlo, ya que será difícil lo pueda repetir, en ninguna otra ocasión.
_ Porque dices eso, tú que sabes. La vida no es tan negra ni oscura como la pintan.
_ Lo dices tú que puedes verme y comprobar lo que te rodea. ¿Te fijas en mí? ¿Crees que lo tengo todo? ¡Un poco más limitado que tú! Ya no quiero exagerar, pero si lo digo es porque es muy posible, no lo repita.
_ Perdona, Paz, no quería ofender, ni ser jactancioso. Lo siento.
_ Nada de eso, ahora no te pongas mustio, que tú has dicho que me invitas y no te vengas atrás, porque no te lo permitiré. Mira, esta noche, no me viene bien, pero si te quedas, me ayudas a cerrar el kiosco y me acompañas hasta la puerta de casa. Mañana más dispuesta, vienes a buscarme y nos vamos a cenar. Busca lugar, pregunta y alguien te dirá, donde podemos cenar acompañados de un piano o de un violín. ¿Te parece Marcos?
_ Me encanta, esa disposición y esa valentía, en eso quedamos, me espero y cuando digas, cerramos, te acompaño y todo queda dispuesto para mañana.
No tuvo que esperar demasiado, la hora estaba cercana al cierre de los establecimientos y salió al parque a ver a la gente como departía, a los niños como corrían jugueteando y las madres como les vigilaban desde no demasiada distancia. Al poco de quedarse ensimismado, Marcos, escuchó la llamada de Paz, que le buscaba desde el quicio del acceso del kiosco.
_ Marcos, ¿estás ahí? llamaba Paz, con insistencia._ Aquí estoy, esperándote._ respondió el joven, que no aguardaba a demasiados metros desde donde ella estaba. _ Ayúdame, que cerramos y nos vamos tranquilamente, que el camino del Hotel Continental, está en el mismo itinerario de mi casa. ¡Ya verás qué fácil es! Solo debemos bajar esta persiana y tú que ves divinamente, le pasas el candado y con dos vueltas de llave, queda cerradito._ dijo Paz, _ mientras, notaba que él, estaba ejerciendo la fuerza para bajar la corredera y dejarlo totalmente guardado.
_ ¡Ya! Alguna cosa más para dejarlo cuidado. No prendemos alarmas, ni seguros, ni cosas así, _ dijo Marcos, sujetándola del brazo, para posicionarla en el centro del paseo. _ Nada más, tan sencillo como eso. No tengo demasiadas propiedades ahí dentro, para tener gastos de esa índole.
_ No digas eso Paz, que ya ves, lo que me ha ocurrido a mí. De lo más tonto del mundo, pero ha ocurrido y la verdad, que me he visto perdido y desorientado en un principio. Hasta que de verdad, cuando he hablado contigo, he sabido serenarme. Te he visto, entera y sensata, practica frente a las vicisitudes, he pensado que aunque lo que me ha pasado a mí, fuese lo más insólito del mundo, comparado con tu entereza, tu aguante, valentía y talante, no tenían parangón.
_ Lo dices, por mi ceguera, te has quedado atónito, creías que tras las gafas de sol, había unos ojos radiantes y felices ¿verdad?
_ No es eso Paz, no sabría explicarlo, ha sido todo tan excepcionalmente rápido, que no lo he calificado todavía. Pienso y todo parece tan extraño. Me he quedado dormido, cuando yo jamás duermo, ni me pasan estas cosas, peco de falta de sueño, lo nervios del viaje, si cabe me ponen más despierto, más cauto. El desconocimiento del lugar, hace que sea menos confiado, que esté por los detalles mínimos y que no se quede nada en mi tintero personal, para precisamente evitar estas contingencias anómalas, sin embargo, tenía que pasarme y me ha pasado.
_ Igual, el destino, te ha jugado una vivencia, que ni esperabas, _ dijo Paz, sonriendo y mostrando unos dientes nacarados blancos que sobresalían de entre las luces y sombras de la tarde, mientras caminaban amistosamente por el sendero del parque, a poco de emprender la avenida.
El tiempo otoñal se dejaba sentir y ya en la gran avenida, las tiendas y el tumulto de las personas al ir y venir, dejaban aquel sonido resabio y audaz que resignan a los oídos más penitentes. No te preocupes, que aunque no pueda ver, me conozco estupendamente el barrio y no nos perderemos. Déjate llevar por mí y sin darte cuenta habremos llegado, _ matizó con gracia Paz. _ No, desde luego, me dejo llevar por ti, imposible querer o pretender explicar algún detalle de esta ciudad, ni de otra cosa. Agrada comprobar, que eres una mujer, que sabes lo que has de hacer en cada momento y eso aunque no lo creas, da bastante seguridad. _ Acabó diciendo Marcos, tras tomarla de un brazo, al ir a cruzar una bocacalle, con semáforo parpadeante.
_ Te preguntarás, como una chica joven como yo, está sin vista ¿Verdad? ¿Qué le habrá pasado, y como debió ser la causa?
_ Mujer, yo no gozo en preguntar. No te conozco a penas y podría ser un tanto grosero el tomar esas licencias interrogándote tan a las bravas.
_ Bueno pues, a mi me viene en gana de explicarlas hoy, porque te veo tan nervioso y tan fuera de lo sereno que intuyo que eres tú, que hasta me has causado algo de congoja. _ Paz, comenzó el relato, asiéndose más al brazo de Marcos, que la guiaba por la acera central de la avenida. Agazapada a él, comenzó a relatar:
Iba de viaje con mi novio, a la costa, las playas nos esperaban y siempre circulábamos rozando la permisibilidad de las señales de tráfico y retando a las leyes físicas de la carretera. Gozaba con la velocidad, con el aire en la frente y con el gusto por los paisajes. Nos quedaba muy poco para arribar al hotel donde nos alojaríamos durante dos semanas y pasaríamos las vacaciones de aquel verano de ahora hace cinco años. No sé ni cómo, en un adelantamiento muy forzado, entramos en una curva espantosa, la moto se encabritó,  cabeceó y nos caímos, mandándonos a los dos ocupantes al suelo. Mi novio y yo, salvamos la vida. Él quedó entre unos matojos rocosos de la curva con contusiones mayores, rotura de la clavícula, pierna destrozada y rasguños para regalar. Conmigo el destino fue más sádico, caí en la carretera y la moto me rozó la parte de la frente entre las sienes y la cara, produciéndome unas heridas fatales que me llevaron a la pérdida parcial de la vista. Mi novio, perdió el control de su motocicleta Yamaha 525 centímetros cúbicos y fue a parar al suelo, golpeando mi cabeza, aparentemente, con el cordón cuneta de la carretera, según evidenciaron las manchas de sangre encontradas en el lugar minutos después del accidente y cuando ya habíamos sido trasladados ambos al hospital Comarcal de la Paz
Como consecuencia de la violenta caída, sufrí un severo traumatismo de cráneo con lesiones en el oído y el sistema óptico visual, acompañado de una importante pérdida de sangre. No quieren pronunciarse los médicos, a que se debió exactamente pero lo que sí es cierto, es que perdí la vista. Como consecuencia del grave accidente. Josué, el que fuera mi novio, cuando se recuperó de sus lesiones, graves ciertamente, pero sin secuelas y viendo en el estado que me encontraba. No supo aceptar las evidencias del destino y quedé sola, tras su olvido. La vida la tengo, los sentidos intactos menos el de la vista, pero bien es verdad, que el resto se han súper desarrollado y los tengo más perceptibles y agudos que antes.
En la próxima esquina, gira a la izquierda, que hemos llegado a casa. _ dijo Paz, con una risita en su cara y feliz como una niña con regalo sorpresa.
Habían recorrido toda la avenida de San Juan y le invirtieron sobre unos veinte minutos largos, en un regodeo entre las gentes,  un recorrido agradable, una  caminata edificante. Al llegar a la puerta del edificio donde vivía Paz, ésta le invito a subir, pero Marcos, prudente, quiso relegar esa circunstancia.
_ Mira, nos vemos mañana a la hora de comer. En lugar de ir al restaurante, compro algunas viandas y lo hacemos juntos en el kiosco.
_ ¡Bien, vale!    Y  ¿La cena?  No se le olvidó ese detalle a Paz.
_ La cena, por la noche, así quedamos, te recogeré en el templete de tu lugar de trabajo y te llevo a cenar a esa tasca que he de encontrar. ¿Te parece?
Se despidieron con un apretón de manos. Marcos, no sabía que decir y quedó callado, ella;  Paz, no podía dejar de decir aquello que pensaba, y lo soltó: ¿No te habrás arrepentido?  De la invitación a la cena, ¿No será así, no?
_ Para nada, lo que se dice se ha de cumplir y yo, tengo el gusto de compartir contigo una buena cena con música como te gusta a ti. ¿De acuerdo?
Al día siguiente, comieron juntos, fueron a cenar a ese rincón del “Marisco y el violín” y pasaron prácticamente la semana entera, viéndose. Marcos cumplía en el curso de preparación y en cuanto tenía un momento salía al kiosco, donde siempre había algún detalle preparado para hacer, pasear, comentar y reír. Cada tarde, ayudaba a echar el cerrojo a Paz y la acompañaba en paseo peregrino hasta su casa, y él marchaba a su hotel, que le quedaba a pocos minutos de aquella intersección del paseo San Juan. No llegó a subir a su residencia, a pesar de la insistencia que Paz le demostraba, por el deseo que tenía de presentarle a su madre y a su perrito Niké.
De los objetos robados, no se tenían noticias, a pesar de las preguntas y del interés que se ponía por recuperar, la cartera, la maleta y las ropas de Marcos. Detalles que  quedaron en segundo plano, dado el buen rollo y el cariño que se habían tomado. Aquella mañana de viernes, concluía el curso a los empleados de la compañía del gas, habiendo departido clases durante toda una semana a todos los desplazados del país, que debían retornar a sus domicilios de residencia. Todo había ido a la perfección, los problemas que al principio de la semana, tuvo Marcos, habían quedado resueltos, aún y no recibiendo noticias ni detalles por parte de la policía, ni de los agentes del jardín de lo que habían sustraído. Con su hatillo en ristre bajó hasta el centro del estanque donde estaba el kiosco para despedirse de Paz. El día parecía que se estropeaba, unas nubes negras invadieron el cielo, dejando la luz bastante tenue, como si fuese a caer una tormenta de las de masa de aire, que son precisamente las que se forman debido al calor adicional y desde el suelo, pronuncia la pendiente del gradiente térmico ambiental, proporcionando un efecto de disparo en la formación de las nubes. Al entrar en el kiosco, no conoció a la dependienta y se extrañó.
_ Hola,  ¿está Paz? _ preguntó con sorpresa Marcos.
_ ¡Sí!   Aquí estoy ¿Qué desea?
_ ¡Tú; no eres Paz!
_ ¡Ah no! Entonces ¿Quién crees que soy? _ respondió la joven dependienta, con aire de guasa y retando a Marcos
_ Pero tú, ¡no eres ciega!
_ Pues gracias a Dios, no lo soy. En que puedo servirte. Porque, no sé qué pretendes, con estas bromas tan pesadas y además creo que me confundes con alguien que no conozco.
En ese momento, un perrito blanco muy nervioso, se abalanzó encima de Marcos, buscando juego y esperando sus carantoñas. Mientras que su acompañante, le reprendía de forma muy seria.
_  ¡Niké! Te tengo dicho que no saltes encima de la gente. ¡Hola! _ saludó el recién entrado, una vez enganchó con la correa al pequinés.
_ ¡Hola cariño!  Que tal.  ¡Es mi novio!  _ comentó dirigiéndose a Marcos, a modo de presentación, _ Se llama Josué. _ siguió refutando, ya muy cerca de Josué. Este señor pregunta por una mujer llamada Paz. Le digo, _ sonrió y con guasa matizó. _ Que es la única mujer llamada con ese nombre tan de pacto, de avenencia y de amistad, en dos kilómetros a la redonda. Sin embargo, parece que no me cree, que le estoy engañando. ¿Puedes convencerle que digo la verdad? _ 
_ Sí,  a ella, la llaman Paz, y además regenta este kiosco desde hace cinco años lo menos, pero otra mujer de la zona, con ese mismo nombre. No podría decirle. ¿Qué es lo que ocurre? y porqué la busca, ¿Quién le ha dicho, que se acerque hasta aquí? En fin usted dirá. Le escuchamos.
Marcos, sin entender nada, comenzó a explicarles a aquella pareja, la odisea vivida durante la última semana, con detalles extremos, que solo los podía conocer alguien que los había vivido, tan cerca como él, que los sufrió desde su inicio y que ahora en un instante, se habían desvanecido, como si todo hubiese sido una especie de engaño brutal y patético.
_ Fijaos, que yo mismo recogía a Paz, la muchacha ciega, en el momento de echar el cierre, llegada la noche y la acompañaba en mi camino hacia el hotel Continental. Paseo adelante, por la glorieta central, hasta llegar al cruce de la calle Delicias esquina con el propio paseo._ Allí vivimos nosotros ¡Josué! _ constató Paz, mirando con reparo a su novio e interrumpiendo la confesión de Marcos. _ Me había invitado a que subiera a conocer a su madre y a su perrito, que por cierto, no me dijo como se llamaba. _ Marcos, en ese instante mintió, ya que si sabía cómo se llamaba el animal, ya que Paz, la muchacha invidente, la desaparecida, ¡Sí! Le había manifestado su nombre en no pocas ocasiones.
_ Por cierto, una curiosidad, _ interrogó Marcos, mirándoles a los dos, _ ¿Sois aficionados al deporte?, ¿alguna práctica deportiva? o quizás sois amantes de la ¿velocidad?
_  Nos gusta, la moto. Soy propietario de una Yamaha 525 centímetros cúbicos, que es la que nos lleva por esos mundos de Dios y nos permite disfrutar de la naturaleza y de la carretera. ¡Qué tiene que ver esta pregunta! No le veo relación con el caso. Es que sabías que solemos ¿viajar en moto?
_ ¡No para nada!  _Volvió a mentir Marcos, piadosamente, por no saber contrastar esos detalles, que recordaba vagamente de las conversaciones que había mantenido con la mujer ciega. _  ¡Bueno pues lo siento!  Llevo un tremendo lío en mi cabeza, creo que confundo situaciones. ¡Ah una cosa más! _ Volvió a inquirir Marcos, haciéndose el confuso. _ ¿Conocéis algún restaurante que, además de servir cenas sea musical? y quede cerca de por aquí.
_ ¡Claro que sí!, _ respondió Josué, _ el rinconcito del “Marisco y el Violín” precisamente hace una o dos noches, Paz fue a comerse un par de cazoletas de ostras vivas, con un compañero que es comercial de la compañía del gas. ¿No es verdad cielo? _ Paz, asentó con la cabeza, sin darle importancia.

Marcos, recogió sus pertenecías y salió del kiosco. La lluvia había comenzado a irrumpir, los truenos ya se preparaban en su espacio para retumbar y los relámpagos, se dejaban entrever entre las nubes negruzcas del cielo gris y amenazante.  
El viaje a su localidad, lo hizo con la preocupación y el temor de una de las tormentas más espeluznantes que se recuerdan en la zona, la misma donde estuvo impartiendo el curso de capacitación. Cayeron muchísimos litros de agua y granizo. Tantos que se anegaron algunas de las calles, reventándose alcantarillas, con los problemas que se derivan de una situación inesperada. Algunas de las bocas del metropolitano. Las más antiguas, tuvieron que cerrarlas para que los bomberos pudiesen achicar toda el agua que había penetrado en los túneles, anegando las vías y accesos. Teniéndose que interrumpir las líneas en según los tramos. Inundaciones en el extrarradio con desbordamiento del rio, provocando victimas y cuantiosos daños materiales. Los vientos huracanados, dejaron la ciudad desolada e infecunda, mientras los Servicios de Mantenimiento, Voluntarios, y Fuerzas Sociales, recuperaron el pulso de la gran Urbe.
Habían transcurrido dos meses, cuando un día recibe en su domicilio un fardo, traído por el Servicio Postal, en el que al abrirlo, no sin sorpresa encontró, toda la ropa que le habían robado aquel día en el parque Dos Mundos. Su portafolio, con todas sus carpetas y en el interior, en uno de los bolsillos internos, su billetera, con todo el dinero que portaba en el momento de la desaparición, el documento nacional de identidad y todas sus tarjetas de crédito. Absolutamente todo, lo que era de su propiedad y que en aquel momento desapareció sin dejar huellas. En el remite del envío, constaba la dirección de: Kiosco del Parque Dos Mundos
Aquella noche, repasando el periódico, en el apartado de sucesos, pudo leer entre muchas otras noticias sangrantes, el grave accidente que habían sufrido un par de moteros que viajaban hacia las playas, sobre una Yamaha 525 centímetros cúbicos, en el que el conductor un tal Josué Raches, salió desplazado hacia la cuneta, con heridas graves, pero que no se temía por su vida. La acompañante, Paz Rubiales, había ingresado en el Hospital Comarcal, contusionada gravemente y con hemorragias y daños en abdomen, pecho y cabeza, temiendo pérdidas auditivas y ópticas.