miércoles, 20 de mayo de 2026

El donante de esperma.

 




Aquella vasija estaba reservada en los frigoríficos del CLIECISOL, la Clínica Europea del Cielo Soleado. Estacionada, sin que nadie diera cuenta de ella. Aguardaba debidamente documentada y conservada con sus fechas de envasado y demás controles sanitarios, pero pasaba desapercibida desde hacía años.

Adrede se fue posponiendo en su donación a la mejor de las aspirantes. Por aquello de creer que ninguna de ellas, daba la talla, y no recibieran de forma terapéutica en sus entrañas aquella secreción que esperaban.

Fecundando a cualquiera de las aspirantes con el óvulo deseado, con aquel plasma seminal. Por lo que muchas de ellas habían abonado con creces el costo de sus tratamientos especiales.

Durante toda esa inmensidad de tiempo, fue reservada aquella donación, creyendo que llegaría la divina dama receptora.

Aquella conservación permanecía custodiada y guardada al final de la última estantería de aquella cámara congeladora, prorrogando con paciencia, dentro del cáliz sellado al vacío.

Un recipiente al parecer único, que sujetaba aquel maravilloso esperma.

La etiqueta describía en el argot del lenguaje clínico, que era un semen substancial y con garantías optimas. Dejando visibles unos logotipos que enviaban a la referencia del archivo anónimo del centro.

Listado de contribuyentes y donantes anónimos y a la vez controlados, que gobernaba directamente el consejo médico.

Donde se indicaba el nombre del individuo que donó la polución, con todos sus datos personales. Referencias anónimas y secretas, que jamás podían estar al abasto de ningún estamento o persona que no estuviera autorizado.

Donde se indicaba que precisamente, aquella simiente pertenecía a uno de los insignes prebostes de aquella ciudad.

Aquel cubilete se guardaba reservado desde hacía más de treinta años y de momento, ninguna de las mujeres que optaban a ese privilegio había sido escogida para ser fecundada con aquel origen. 

Según aquellos facultativos no encontraban dignataria que pudiera acoger semejante honor, y porque de un modo u otro a los responsables de aquella custodia se les había olvidado en el último recodo del congelador.

Error; que auspiciado por aquellos empleados inconscientes que existen en todo hospital ningunearon.

Siendo los garantes de semejante despiste, que en aquel instante se descubría.

Aquel jueves ordenando y clasificando el dispositivo hermético y bajo temperaturas de varios grados negativos, Clemencia tropezó con el recipiente y lo ordenó con preferencia frente a los depósitos con menos periodo de caducidad y aguardo.

Dada la antigüedad de conservación que ostentaba aquella ampolla de secreción granizada. Merecía tener un poco más de atención y ponerla al abasto con urgencia en pro de no perder por descuido aquellos espermatozoides super congelados en muchos grados bajo cero, que pretendían salir para dar vida.

Pensando la doctora que por una causa o por otra se había quedado en el olvido despistada, semejante donación tan privativa.

No lo dudó y creyó oportuno ponerlo en acción, decidiendo que lo haría saber en el próximo fórum de doctores que celebraban a menudo.

Anotó Clemencia la circunstancia para evitar una nueva distracción y resolverlo en el apremiante consejo de eminencias facultativas. No comprendiendo el retraso en la no utilización del frasco hallado con anterioridad, y las demoras por lo que se almacenaba con mimo la polución de fecha tan pretérita.

En aquella clínica lujosa destinada a dar servicio hospitalario únicamente a políticos deslumbrantes. Gentes sobresalientes de un alto nivel económico, personas afamadas por sus profesiones. Artistas reconocidos, empresarios con talonarios sustanciosos, deportistas encumbrados y millonarios anónimos, tan solo admitían donaciones de hombres de éxito y celebridades contrastadas con un nivel superior de coeficiente intelectual.

Por lo que existía, a su vez una extensa lista de espera, entre las hembras pudientes que ansiaban ser engendradas de forma sutil y disimulada.

Damas que exigentes con y sin pareja conocida, esperaban su turno. Algunas con renombre y super famosas. Queriendo gestar descendencia sin que varón reconocido interviniera en una copulación habitual, o por carecer de vínculo amoroso.

Incluso en mujeres homosexuales que aspiraban a dar nuevas vidas sin tener que pronunciarse en explicaciones. Matrimonios que necesitaban el modo de fecundación in vitro, por la imposibilidad de ser preñadas en el acto tradicional. Todo cabía en CLIECISOL, la Clínica Europea del Cielo Soleado, siempre y cuando se dieran las debidas y exigentes medidas necesarias.

A parte del caché que el hospital pasaba a sus pacientes por semejantes arquitecturas establecidas en sus cuerpos. Honorarios prohibitivos para la clase media baja, siendo el protocolo de actuación con personas con posibles dinerarios consagrados.

Con todas aquellas exigencias, el complejo hospitalario aseguraba a sus fieles escogidos.

Un éxito rotundo en los nacimientos de sus hijos. Con garantía de la felicidad esperada. Altas posibilidades de futuro triunfal para los nacidos. Originalidad y triunfo en sus porvenires a medio y largo plazo, y con extraordinarias virtudes al haber sido inseminados en las matrices de sus madres, provenientes de un caldo de cultivo original, y célebre.

En el foro quincenal de doctores del hospital, y reunida la cúpula, además de la doctora responsable de los acopios de vísceras, fluidos y mucosidades, saltó a la palestra el tema llevado por la doctora Clemencia Ramos.

La que tras su ponencia puso sobre el tapete aquel retraso de donación que para ella no tenía explicación alguna y que varios de los doctores allí presentes desconocían.

Por lo que sin dilación alguna se trató del tema del anexo a la ampolla reservada debidamente etiquetada y muy por debajo de los cero grados. Desde el año 2003, denominada con las siglas: SSPM. Correspondiente al contenido de polución donada por un emérito singular y prohombre griego, que residió en el país y quiso conceder su semen para futuros nacimientos.

Fue don Rogelio de Mur, el actual director del centro, el que tomó la palabra diciendo o alegando el por qué, no se había utilizado aún aquel tubo de cristal que contenía el semen de SSPM.

Dado que pasado el tiempo se descubrió que aquel señor que dio la dádiva, fue condenado por ser descubierto en sus andanzas y juzgado como criminal, al haber cometido varios asesinatos en la Ciudad de Hanover, y que los tribunales lo condenaron a cadena perpetua con los cargos de ser un asesino en serie.


autor: Emilio Moreno.


Emilio Moreno


 

 


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