miércoles, 30 de septiembre de 2026

Decisiones.

 








Daysi Wait Puntí, y Wifredo Llop Warners. Esperaban un hijo con sumo gusto. Era el octavo mes de fecundación de la novia, y todo venía a pedir de boca.

La futura mamá había seguido todas las recomendaciones de su doctor personal, el de la familia. Aunque ella, por su cuenta, se había saltado alguna de las visitas concertadas, sin más.

El ginecólogo íntimo, amigo de la estirpe y de ella en particular. La instaba a que fuera sin falta a ponerse en manos de la automatización de la medicina y darle consejos y precauciones a cumplir, y al ser tan caprichosa aquella joven, pues creía estar en la verdad siempre, y aunque las recomendaciones fueran explícitas. Ella hacía <lo que le venía en gana>. De entrada había puesto como condición que no quería hacerse una ecografía para saber el sexo de su bebé, por lo que la frecuencia sobre los controles era prácticamente ninguna. Las llevaba más o menos en orden y todo quedaba en ese citado orden desordenado.

El doctor, a pesar de ser condescendiente con la señora Daysi, informó a su esposo del panorama que tenía su pareja, para con el embarazo, y este al verse incapacitado para ponerla en vereda, miró hacia otros lugares. Por lo que siendo de la confianza total de aquella saga instalada en Ottawa Canadá, el galeno desistió en atenderla. Y a duras penas visitaba a Daysi, cuando era necesario. 

Daysi es una joven preciosa más moderna que cualquier componente de su saga, ni tan integracionista como lo es Wifredo, que el joven va a la suya. Sin embargo lo mantiene con embelesos y carantoñas, a pesar de no estar profundamente enamorada del atractivo ejecutivo. Demostrando que a pesar de ser un lince para negocios transacciones y actividades comerciales, demuestra que es escasamente hábil y poco inteligente, para temas del amor. A su vez Daysi, dueña y señora de los meneos caseros y de infraestructura social, consigue que en la casa se haga lo que dispone. Es posiblemente la joven, menos social y cariñosa de las hermanas. Menos que su propia madre. Educación recibida, que llega a pasar factura en la vida. Siempre.

Sin embargo, no suele mantener relaciones con gente que está por debajo de su estrato. Es una especie de niña de porcelana, a la que no le gusta jugar con igualdades, o parecidos. Ni relacionarse con muchachos que no tengan un futuro encaminado al éxito. Sean guapos, musculosos y debidamente educados.

Con o que evita relacionarse amistosamente con personas fuera de su clase, de su gusto y jamás con gente que no tienen relevancia social.

Tiene aversión declarada a la masa que es diferente a ella, por piel, estado, o incluso capacidad demostrada. A los que trata, si es preciso de un modo singular, tendente a peor. Pero siempre disimulando posturas, para parecer la más virginal, educada y amable de las criaturas. Falsa como la moneda de plomo. Fuera de su ámbito puede llegar a congraciarse con el que la saluda, conoce o respeta. Lo que significa que si conoce a un mulato, un inmigrante, un vecino, o un colega dudoso, que goce de relación profesional, o cierta asiduidad de trato, saluda a veces. <según le venga y apetezca>.

Siempre que se lo encuentre fuera de su perímetro y que nadie observe que le dedica ese saludo—si la vieran saludar, sería nefasto para su carácter. Y además practicada esa atención lejos de su contorno, la cumple. Alejado de su ciudad, para evitar que la gente piense que hay relación. Que pueda confundir. Ese saludo, ese posible roce, jamás lo haría en la propia Ottawa. Lo que se dice un encanto de mujer.

La relación con el personal del servicio de la casa, con limpiadoras, pasantes y mujeres de la seguridad, las ejecuta con displicencia, en un grado suave. Sin llegar a conocer, o intimar, con la señorita que cada día la despierta, la peina y le prepara la ropa interior dentro del baño.

Prefiere no conocerlas. No le importa su cercanía—piensa que para ellos se les paga—¿quizás por el color de piel?, ¿Por la raza?, o la educación que pudieron recibir. ¿Escasa según ella?, …ni lo sabe. Ni le importa y eso las separa. 

Wifredo es hijo de un financiero afamado y con muy buena reputación social y profesional. sin embargo, trata de estar distanciado de su propio padre, por aquello de las sombras de los celos.

El ejecutivo es lo que ahora se le denomina como... ¡Un crack! En lo suyo… si no fuera por los defectos que atesora. ¡Sería un extraordinario ser!

Sometido a los caprichos sobre todo… de papá y del partido político al que pertenece. Ubicado por cierto; en la tendencia de la esquina más ultra.

Aquella que por inconfesable, esconde y no revela a nadie. La exclusiva y taxativa inclinación…  la que defiende a toda costa por la expulsión de los inmigrantes innecesarios a sus respectivos lugares. Por ello lo esconde para que nadie conozca esas tendencias apetecidas del señor Wifredo.

Es además propietario de la línea de cosmética el <gancho afilado> y de la cadena de restaurantes <del tenedor de madera>. El joven y agraciado Wifredo trabaja como abogado en el gabinete de míster Günter radicado en la ciudad y capital de la nación. Tiene una cartera con clientes exclusivos, y no digamos si descubriésemos los personajes a los que asesora. Gentes afamadas de mucha relevancia de cualquier parte del mundo. Por ser Wifredo indiscutiblemente un adelantado y profundo especialista en criminología y que además defiende. A cambio de tasas impensables de importancia, casos de verdadero renombre y enjundia. 

La ilusión de los nuevos papás es compartida con los abuelos que juntos esperan la buena nueva. Disfrutando todos ellos de una relación exquisita, hasta ese momento. Celebraciones, comilonas, viajes juntos. Un paradigma de bien estar, y de bien venir en el núcleo de semejante familia.

Entre todos le habían buscado nombre a la criatura cuando llegara. Si fuera varón lo bautizarían como Mateo, y si fuera hembra, sería acristianada como Gisela. Ambos en conmemoración de sendos personajes del linaje de sus familias que de vez en cuando les gusta presumir.

Los cuales hicieron las desdichas y promulgaron barbaries, engrosando transgresiones en los nativos de donde recalaban por sus descubrimientos allí donde despojaban según ellos, para donar al suelo patrio. Expoliaciones llevadas en el terreno de los indígenas y clases autóctonas de Canadá.

Detalles que ocultan y no proclaman como heroicidades, no siendo con especial interés relatadas por ellos y menos, en presencia de periodistas, historiadores, o gente relevante de la sociedad franco-canadiense.

Se consideran una familia de las denominadas de raza, descendientes de los arios y muy en conjunción por negocios o amistades con los piratas ingleses de su tiempo, el famoso Drak, y Edward Teach... El famoso <barbanegra>. Sin olvidar al feroz: Henry Morgan. Todos ellos bucaneros y asaltantes marinos, de posesiones ajenas a países costeros.

Tienen según ellos genes definidos los cuales jamás se habían mezclado con ningún otro, que no fuera de sangre “azul”. Los conocen como idealistas y muy patriotas, sin gusto por las inmigraciones llegadas de otros lares.

El nacimiento de la criatura está previsto sea en uno de los mejores hospitales canadienses. The Ottawa Hospital, y no digamos los médicos. Todos ellos catedráticos por lo menos, en obstetricia, natalidad y ginecología. Profesionales reconocidos por el vasto mundo.

Como se preveía llegó el momento, que sin dar aviso se presentó en uno de los instantes menos propicios. Justamente el día 12 de octubre, la hermosa Daysi daba a luz, sin ningún problema, sobre las veinte horas de esa fecha, registrada en el the Ottawa hospital. Dos hembras preciosas, en lugar del alumbramiento que ellos esperaban. Siendo una sorpresa muy mayúscula… demasiado.

Dos hermosuras, dos niñas en el mismo parto. En un embarazo gemelar múltiple. Idénticas, exactas. Monocigóticas, (Un único óvulo fecundado por un espermatozoide, que después se desglosa en un par de criaturas).

Sorpresa y tanta sorpresa en el parto, que a tanta eminencia médica se les escapara en sus estudios y seguimientos a la futura mamá.

Detalles que a la postre dignifica la profesión doctoral. Demostrando que en todas las carreras se cometen errores crasos, y si son salvables, pues no pasa nada. Así debieron ser las revisiones que le practicaron a la partera. Que por su negación en disponerse a tales controles. No se hicieron. Culpas que asumió sin más Daysi

Nacieron dos gemelas preciosas, sanas, aunque la alegría de aquellas familias fue limitada. Todo había ido a pedir de boca, perfecto. La madre no padeció ni mijita. Por los efectos benefactores de la epidural, que tan bien le fue a la flojita Daysi

Sin embargo en el momento de entregárselos a la nueva mamá. Se llevó esta un contratiempo muy duro e impensable. Negándose a admitir aquellas niñas que lloraban desesperadamente.

Sus gemelas estaban sanas, en su peso preciso. Preciosas, como manzanas redondas y como lindas florecillas.

Sin embargo algo había en ellas que en un principio su madre, rechazaba.

Por creer que en el hospital se habían equivocado al entregarles a las hijas, ya que estas, tenían una tez impensable para la excelsa familia.

El color de piel de las recién nacidas, era completamente bruno, muy moreno, más que eso. ¡Azabache!

Reluciente y divino como el de Las tres diosas vírgenes del Olimpo, las conocidas por: Hestia, Atenea y Artemisa.

Detalles que si suceden en cualquier casa, lo analizan, sopesan, valoran y al cabo dan por normal. Aceptando de buen grado el misterio, puesto que los genes danzan a placer y sin control por los diversos paisajes, panoramas países y lugares más exóticos, y los hombres y mujeres de siempre han copulado sin miramientos y muchas veces sin tomar medidas. Decisiones bravas, ni tan siquiera higiénicas y en las muchas veces esos contactos han terminado en embarazos con sus respectivas repercusiones. Nacimientos no deseados, que se han materializado de diversas formas y lo peor, es que se ha dado con una costumbre desquiciante. Que por suerte les suceden a Mujeres con hombres y viceversa. 

A tanto presuntuoso como hay en la familia, aquella decepción les sobrecogió y no sabían cómo darlo a conocer al mundo. Era muy duro admitir que Daisy había dado a luz a dos gemelas morenas.

Pues entre gentes que se reconocían provenientes de los Arios, creían en que no se podían dar ni admitir bajo ningún concepto, aquellas circunstancias.

Les cayó como jarro de agua fría a los padres, abuelos y demás cercanos que mantenían las puertas de la habitación 23 del hospital a cal y canto, sin que saliera noticia alguna.

Los periodistas que todo lo intuyen, comenzaban a estar nerviosos, y sabían que pasaba algo que la familia no quería airear

Pronto comenzaron las dudas entre los consuegros en primer orden y después entre el matrimonio. Por aquello de —con quien has tenido relaciones Daysi.

 —Oye tío yo solo me acuesto contigo. Y cuando no lo hago, tomo mis cuidados. Hago igual que lo haces tu, cuando te embelesas con Esmirna, tu excompañera, a la que sigues visitando los fines de mes.

 —Pero sin el peligro de traer al mundo a nadie, ¿Lo comprendes verdad? Le dijo Wifredo—añadiendo además, algo fuera de tono y sugestionado por los comentarios de sus padres, que se salían del todo, descentrados por el que dirán.

—No habrás caído en la cama con ese compañero que fue tu novio hace unos años, y estuvo en Sierra Madre, y en la Guyana Francesa.

 —Cual, a quien te refieres—dijo Daysi—, no seas idiota porque vosotros venís de una saga de indígenas de los Apalaches. No lo recuerdas. Igual has sido tú el que llevas esa cosita.

 —Me refiero al sudanés tan morenito—repuso Wifredo— que tenía aquellas rastas tan super largas y corría en la maratón de New York

 —Escucha no me ofendas—inquirió Daysi.

 —Que a mi tan solo me ha inseminado tu esperma, que por cierto, ha costado Dios y ayuda.

Wifredo fuera de sí, sabiendo las discusiones frontales y agrias que habían tenido en el mismo hospital, sus padres con los de su compañera. Los consuegros. Andaba desquiciado sin saber que hacer y volvió a recabar, en las mismas interrogaciones, creyendo que eso iba a exonerar o justificar lo sucedido.

 —No habrás tenido algo que ver con Frederic Brascilien, el parisino hijo o mejor dicho nieto de la cantante aquella oscurita. Llamada Joséphine Baker.

Daysi le dijo a Wifredo, nos pongamos como lo hagamos, son hijas nuestras, lo que no vamos a hacer es esconder la chepa, o hacer como si no fuera la fiesta con nosotros.

 —Vamos a ver —dijo Wifredo a Daysi—. Si nos ponemos a pensar, yo puedo entenderlo, aunque no lo comprenda bien del todo, pero…  como se lo hacemos tragar a mi madre—dijo Wifredo.

—Y a la gente de mi gabinete de abogados, que he tenido gemelas y son morenitas…. De verdad ¡pero morenas! ¿Morenas!

 

Aun siguen discutiendo de la forma que se enfrentarán al mundo. Imagino que alguien les habrá dado los biberones a las dos gemelas, a las que seguramente registrarán como: Atenea y Artemisa.


autor: Emilio Moreno




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