—Tengo el cuerpo cortado y no
me encuentro demasiado bien. Le comentó doliente Frank a su esposa. La que se
lo miró con agresividad y sin mediar palabra, siguió poniendo la mantequilla a las
tostadas que preparaba para el desayuno.
Deysi a
menudo y con bastante frecuencia, sospechaba de Frank, por lo inexacto que
normalmente era. Con frecuencia lo había pillado en varias inexactitudes y debido
a ese motivo, ponía en cuarentena aquello que le decía el embustero de su esposo.
Deysi hacía
un par de semanas, que lo veía desmesurado, sin llegar a averiguar la certeza
de lo que le ocurría.
El sonido
de las noticias venidas de la radio, la despreocupó por el contenido de lo
emitido por la cadena MER, abreviatura de Movimientos Especiales Racionales. Emisiones
diarias que le interesaban mucho a la esposa de Frank, por el esoterismo que
conculcaban y la de miles de principios que transgredían.
De pronto se
escuchó un rumor audible, un quejido que a Deysi le sobrevino súbitamente y
quedó sin habla, al presenciar el hundimiento de aquel cuerpo. Se había
desplomado el grande de Frank, todo lo largo que era y quedó quieto. Más que estático
inmóvil. Sin visos de meneo alguno, lo que hacía sospechar que estaba fuera de
conciencia.
Tan solo
respiraba con dificultad, levemente y con sonidos guturales anormales. Deysi con
mucha calma, sosegada y sin acercarse al cuerpo tendido en el acceso del gran pasillo,
y después de pensarlo fríamente reaccionó.
Notando que
no le cabía otra opción, ni pudiendo aportar excusa que la librara, llamó a los
servicios de urgencia. Marcando los tres dígitos de los auxilios conocidos, y en
un santiamén una voz le preguntaba.
—En que
puedo ayudarle.
—Hola
buenos días, respondió Deysi muy medida y con la serenidad de una actriz.
—Frank se
ha quedado medio muerto en el suelo del pasillo y no se que tiene. Mencionó a Frank
como si la operadora del servicio lo conociera y sin precisar un sentimiento
profundo quedó callada.
La voz de la
asistencia le preguntó con mucha amabilidad.
—Como habían
ocurrido los acontecimientos, necesitando conocer de qué se trataba aquella indisposición
y lo concerniente a la premura.
La mujer
tras dos segundos comenzó a relatar lo sucedido.
—Realmente
no lo sé, estábamos para desayunar, yo preparaba en la cocina unas rebanadas de
pan, y el café.
Estaba de
espaldas cuando escuché el ruido al caer en el piso. No se que hacer, por lo
que les llamo.
Aquella voz
del otro lado solicitó serenidad y manifestó.
—Desde que dirección
está notificando. Enseguida le enviamos a nuestro equipo de emergencias. Díganos
su nombre y sus señas, el teléfono ya lo hemos rescatado desde el inicio de la
comunicación.
—Me llamo
Deysi, y vivo en la calle Riscal 2, onceavo piso primera puerta. En esta ciudad.
Por favor avíen su socorro todo lo que puedan. Creo que respira con dificultad.
No sé decirles más.
Estoy en
shock. No esperaba esta situación, y no estoy bien.
Colgó el
auricular y quedó sentada en el suelo apartada metro y medio del organismo de
aquel hombre que inerte, yacía a punto de perder la salud.
Permaneció
allí acurrucada, hasta escuchar el ruido de la cafetera que chillaba anunciando
que el café había subido y estaba en el punto para servirlo.
Se incorporó
y acudió a la llamada del soplo y el aroma del café. Sirviéndose una tacita con
su meticulosidad, sin importarle si Frank seguía respirando, o si necesitaba cualquier
otra cosa.
Absorbió desde
el cuenco un sorbo de la rezumante cafeína. A la espera de la ambulancia.
Pensando que
ella de vez en cuando también mentía.
Le había dicho
a la operadora del 112, que aviaran el socorro, cuando en verdad, le importaba
una mierda pudiera recuperarse aquel hombre.
Comenzándole
a pasar por su recuerdo la historia vivida con Frank, desde sus inicios.
No tardaron
más que dieciséis minutos en llegar. Desde el portal, llamaron para la apertura
de la puerta y pronto lo embarcaron en la camilla bajándolo por el ascensor
hasta la calle.
Apresuradamente
la camioneta partió hacia el Hospital.
Después del
primer chequeo y análisis lo asistieron reanimándolo, y al poco ya recuperaba los
impulsos vitales. Aún y sin conocimiento y tras el ataque de miocardio sufrido,
no evitó analizar en la forma que Deysi se había comportado, mientras estaba supino
en el suelo de su casa.
Ya en la planta
de ingreso. Sin haber salido del peligro y todavía delicado según los médicos,
permanecía con sus vías en los brazos y sus conectores inflamando toda la rabia
que contenían sus huesos.
Recobrando
su impronta a medida que los minutos desfilaban.
Cuando pudo
ser visitado, la primera persona que lo hizo fue su compañera Deysi, que sin
preocupación alguna al llegar, se interesaba y le preguntaba por el estado de
su salud, casi lamentando se hubiera salvado.
—¿Te
encuentras mejor…? Te lo noto en la cara. Con bastante desilusión al ver que
volverían a las andadas en cuanto se recuperara, calló su pensamiento y
prosiguió con el teatro que usaba cuando se notaba infeliz. Diciéndole con inacción
—A pesar de
pensar que no la contabas y del susto que te has llevado. Tendido boca arriba
en el frio pasillo… ¿Verdad?... Mientras, yo avisaba a la asistencia como Dios manda,
y desayunaba, esperando te encontraran extinto.
Frank le
respondió con pesadez pero con decisión prescindida
—De esta
saldré y aun me dará tiempo de ver como pierdes los nervios, la memoria y tu vida.
La mujer lo
escuchó sin alarmarse. Era una carrera el poner fin a la existencia de uno de
los dos. Trabajo que ella, urdía con paciencia y concentración. Expresando una
vez más sus deseos de consumación y ansias hacia Frank, que le decía con una
sonrisa criminal.
—Este infarto
jodido y venial, casi me hace el trabajo que tenía considerado para ti. Le comunicó
Deysi, con descaro portentoso y un desamor desquiciante.
El paciente,
sin apego manifestó a su esposa sin miramientos. Un deseo que ella cumplió de
inmediato.
—Preferiría
te marcharas a casa, y me olvidaras. No me haces bien el que permanezcas a mi
lado, como ferviente cónyuge. Cuando eres todo lo contrario.
La mujer
sin más preámbulo se levantó y tomó la puerta de salida perdiéndose de la vista
del recién infartado.
Aquella noche,
Frank, con las pocas fuerzas que tenía, se quitó las vías arteriales y los apósitos
de su pecho.
Se vistió
con la ropa que el compañero guardaba en la taquilla de su set de estancia, para
disimular caso de ser sorprendido, y con el dinero y las llaves que portaba en
sus propios pantalones, en el momento del ingreso salió del hospital sin ser
visto.
Le fue
fácil sortear la ínfima vigilancia de aquel centro sanitario, llegando con un
taxi a la puerta de su casa.
Sigiloso subió
a la planta decimoprimera y con sus propias llaves abrió la puerta de su
apartamento.
Deysi
dormía plácida con lo que le fue muy fácil deshacerse de su vida.
Volviendo por
donde había llegado al hospital, y con la misma maña de despiste se metió en la
camilla, llamando a la enfermera, para que le conectara de nuevo las vías tras
decirle que durmiendo se las había arrancado.
Al cabo de
los dos días de estancia y recuperación en el Hospital, le dieron la noticia,
del suicidio de su esposa.
Reseña que
le afectó mucho en el recobro de su salud.
autor: Emilio Moreno.


0 comentarios:
Publicar un comentario