jueves, 13 de noviembre de 2025

Muy fácil deshacerse de su vida.

 

Tengo el cuerpo cortado y no me encuentro demasiado bien. Le comentó doliente Frank a su esposa. La que se lo miró con agresividad y sin mediar palabra, siguió poniendo la mantequilla a las tostadas que preparaba para el desayuno.

Deysi a menudo y con bastante frecuencia, sospechaba de Frank, por lo inexacto que normalmente era. Con frecuencia lo había pillado en varias inexactitudes y debido a ese motivo, ponía en cuarentena aquello que le decía el embustero de su esposo.

Deysi hacía un par de semanas, que lo veía desmesurado, sin llegar a averiguar la certeza de lo que le ocurría.

El sonido de las noticias venidas de la radio, la despreocupó por el contenido de lo emitido por la cadena MER, abreviatura de Movimientos Especiales Racionales. Emisiones diarias que le interesaban mucho a la esposa de Frank, por el esoterismo que conculcaban y la de miles de principios que transgredían.

De pronto se escuchó un rumor audible, un quejido que a Deysi le sobrevino súbitamente y quedó sin habla, al presenciar el hundimiento de aquel cuerpo. Se había desplomado el grande de Frank, todo lo largo que era y quedó quieto. Más que estático inmóvil. Sin visos de meneo alguno, lo que hacía sospechar que estaba fuera de conciencia.

Tan solo respiraba con dificultad, levemente y con sonidos guturales anormales. Deysi con mucha calma, sosegada y sin acercarse al cuerpo tendido en el acceso del gran pasillo, y después de pensarlo fríamente reaccionó.

Notando que no le cabía otra opción, ni pudiendo aportar excusa que la librara, llamó a los servicios de urgencia. Marcando los tres dígitos de los auxilios conocidos, y en un santiamén una voz le preguntaba.

—En que puedo ayudarle.

—Hola buenos días, respondió Deysi muy medida y con la serenidad de una actriz.

—Frank se ha quedado medio muerto en el suelo del pasillo y no se que tiene. Mencionó a Frank como si la operadora del servicio lo conociera y sin precisar un sentimiento profundo quedó callada.

La voz de la asistencia le preguntó con mucha amabilidad.

—Como habían ocurrido los acontecimientos, necesitando conocer de qué se trataba aquella indisposición y lo concerniente a la premura.

La mujer tras dos segundos comenzó a relatar lo sucedido.

—Realmente no lo sé, estábamos para desayunar, yo preparaba en la cocina unas rebanadas de pan, y el café.

Estaba de espaldas cuando escuché el ruido al caer en el piso. No se que hacer, por lo que les llamo.

Aquella voz del otro lado solicitó serenidad y manifestó.

—Desde que dirección está notificando. Enseguida le enviamos a nuestro equipo de emergencias. Díganos su nombre y sus señas, el teléfono ya lo hemos rescatado desde el inicio de la comunicación.

—Me llamo Deysi, y vivo en la calle Riscal 2, onceavo piso primera puerta. En esta ciudad. Por favor avíen su socorro todo lo que puedan. Creo que respira con dificultad. No sé decirles más.

Estoy en shock. No esperaba esta situación, y no estoy bien.

Colgó el auricular y quedó sentada en el suelo apartada metro y medio del organismo de aquel hombre que inerte, yacía a punto de perder la salud.

Permaneció allí acurrucada, hasta escuchar el ruido de la cafetera que chillaba anunciando que el café había subido y estaba en el punto para servirlo.

Se incorporó y acudió a la llamada del soplo y el aroma del café. Sirviéndose una tacita con su meticulosidad, sin importarle si Frank seguía respirando, o si necesitaba cualquier otra cosa.

Absorbió desde el cuenco un sorbo de la rezumante cafeína. A la espera de la ambulancia.

Pensando que ella de vez en cuando también mentía.

Le había dicho a la operadora del 112, que aviaran el socorro, cuando en verdad, le importaba una mierda pudiera recuperarse aquel hombre.

Comenzándole a pasar por su recuerdo la historia vivida con Frank, desde sus inicios.

No tardaron más que dieciséis minutos en llegar. Desde el portal, llamaron para la apertura de la puerta y pronto lo embarcaron en la camilla bajándolo por el ascensor hasta la calle.

Apresuradamente la camioneta partió hacia el Hospital.

Después del primer chequeo y análisis lo asistieron reanimándolo, y al poco ya recuperaba los impulsos vitales. Aún y sin conocimiento y tras el ataque de miocardio sufrido, no evitó analizar en la forma que Deysi se había comportado, mientras estaba supino en el suelo de su casa.

Ya en la planta de ingreso. Sin haber salido del peligro y todavía delicado según los médicos, permanecía con sus vías en los brazos y sus conectores inflamando toda la rabia que contenían sus huesos.

Recobrando su impronta a medida que los minutos desfilaban.

 

Cuando pudo ser visitado, la primera persona que lo hizo fue su compañera Deysi, que sin preocupación alguna al llegar, se interesaba y le preguntaba por el estado de su salud, casi lamentando se hubiera salvado.

—¿Te encuentras mejor…? Te lo noto en la cara. Con bastante desilusión al ver que volverían a las andadas en cuanto se recuperara, calló su pensamiento y prosiguió con el teatro que usaba cuando se notaba infeliz. Diciéndole con inacción

—A pesar de pensar que no la contabas y del susto que te has llevado. Tendido boca arriba en el frio pasillo… ¿Verdad?... Mientras, yo avisaba a la asistencia como Dios manda, y desayunaba, esperando te encontraran extinto.

Frank le respondió con pesadez pero con decisión prescindida

—De esta saldré y aun me dará tiempo de ver como pierdes los nervios, la memoria y tu vida.

La mujer lo escuchó sin alarmarse. Era una carrera el poner fin a la existencia de uno de los dos. Trabajo que ella, urdía con paciencia y concentración. Expresando una vez más sus deseos de consumación y ansias hacia Frank, que le decía con una sonrisa criminal.

—Este infarto jodido y venial, casi me hace el trabajo que tenía considerado para ti. Le comunicó Deysi, con descaro portentoso y un desamor desquiciante.

 

El paciente, sin apego manifestó a su esposa sin miramientos. Un deseo que ella cumplió de inmediato.

—Preferiría te marcharas a casa, y me olvidaras. No me haces bien el que permanezcas a mi lado, como ferviente cónyuge. Cuando eres todo lo contrario.

La mujer sin más preámbulo se levantó y tomó la puerta de salida perdiéndose de la vista del recién infartado.

 

Aquella noche, Frank, con las pocas fuerzas que tenía, se quitó las vías arteriales y los apósitos de su pecho.

Se vistió con la ropa que el compañero guardaba en la taquilla de su set de estancia, para disimular caso de ser sorprendido, y con el dinero y las llaves que portaba en sus propios pantalones, en el momento del ingreso salió del hospital sin ser visto.

Le fue fácil sortear la ínfima vigilancia de aquel centro sanitario, llegando con un taxi a la puerta de su casa.

Sigiloso subió a la planta decimoprimera y con sus propias llaves abrió la puerta de su apartamento.

Deysi dormía plácida con lo que le fue muy fácil deshacerse de su vida.

Volviendo por donde había llegado al hospital, y con la misma maña de despiste se metió en la camilla, llamando a la enfermera, para que le conectara de nuevo las vías tras decirle que durmiendo se las había arrancado.

Al cabo de los dos días de estancia y recuperación en el Hospital, le dieron la noticia, del suicidio de su esposa.

Reseña que le afectó mucho en el recobro de su salud.

 

autor: Emilio Moreno.





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