Se había
disfrazado completamente en aquel día de Halloween, para que nadie supiera
quien era y pasar desapercibido. Con ello se mezclaba con la gente que
asiduamente trataba a menudo. De ese modo disimulado, y sin vergüenzas podría
sacar materia sobre lo que pensaban de él, y a su vez el propio espía, conocer
otras opiniones y habladurías de compañeros, amigos y vecinos. De amantes,
novias y demás. averiguando de buena tinta sobre las infidelidades que
sospechaba de su propia compañera, la agraciada y guapa Marisa, con un tal
Conrado, el sub agente del despacho.
Pormenores íntimos
que por ser; o darle la categoría de profundos, a menudo la gente los reserva y
calla. Evita ponerlos en tela de juicio y guarda sin airear, por mantenerlos en
el más estricto secreto. Por ello Conrado trataba de averiguarlos de forma
sencilla, aprovechando los disfraces de esa festividad.
Así todos
los participantes del festejo llegado el instante y estando distendidos y
flojos, con una copa de más y la cara tapada, sueltan sin reprimirse todo el sondeo
al que los someten.
Detalles, incógnitas
y reservas escondidas, tan anónimas como los enigmas mejor guardados son los
secretos que se airean para conocimiento de los afectados.
Que de no
ser acreditados y descubiertos por las casualidades, o con esos principios y
vulgares maneras engañosas, pasarían desapercibidos.
Siendo los afectados
los últimos en enterarse, por lo que ni tan siquiera sufrirían por el adulterio
tolerado.
Cornelio de no preparar este trance, jamás hubiese conocido, ni intuido la promiscuidad de su amiga. Al estar engañado sutilmente por su compañera Marisa, la que lo llevaba muy en secreto, y por una frase dicha en sueños por su galana compañera de vida, se despertó la curiosidad en el colega que dormía a su lado. Preparando un vodevil para levantar la verdad, sin aspavientos.
El atuendo que
llevaría el autor de la trama y pasar desapercibido fue perfecto. Diseñado con
tiempo y glamur y un protocolo secuencial fruto de un verdadero espía. Al que
le fabricaron con telas especiales y a medida de su talla un modelo propio de
los actores más famosos.
Contando con todos los pros y los posibles contras a los que debiera enfrentarse, para no ser sorprendido.
En aquel
día señalado de Halloween, que no es igual que los Carnavales, aunque ambos se involucran
con ocultaciones son similares. Sin embargo El Carnaval es una remembranza de
arranque idólatra y cristiano que se celebra antes de la Cuaresma, distinguida
por el regocijo, el matiz y los tapujos ocurrentes.
Halloween,
con raíces celtíberas, es una ceremonia que inicialmente sellaba el fin de la cosecha,
y el recogido de la siega. Asociándose con credos y lémures.
De ahí su tópico
con el miedo, espectros y aberraciones.
Ahora en el país, ya se contaba con esa solemnidad a pesar de haber sido importada desde fuera de las fronteras, recalando con la misma fuerza que una raíz se aferra al suelo. Calando rotunda dentro de las costumbres de los hispanos. Por lo que el amigo oscurecido aprovechó la fecha para reunir a todos los que creía eran protagonistas.
Cornelio normalmente era bastante actor y sinvergüenza, en su propio devenir. Bromeaba cambiando la voz en llamadas telefónicas y sorprendía al más pintado, con engaños veniales. Imitando el tono y la gravedad de la voz de cuantos se propusiera. Era bastante hábil en los plagios de sonidos y de onda y en no pocas ocasiones se hizo pasar por quien no era.
Excentricidades
que no llegaban a más porque no se lo proponía.
Mutaba
fácilmente con otros personajes y era difícil que se le pudiera descubrir por
el ensayo que les proporcionaba a sus eufemismos.
Jamás se
dejaba sorprender. Mucho menos cuando curioseaban en detalles íntimos y
personales.
Con lo que
sabía de antemano que sus amigos, los que estarían allí, en la fiesta,
tratarían de ser el mejor disfrazado de la noche.
Reunidos en
aquel desmadre, vivirían revueltos, juntos y mezclados con otros invitados que
proporcionaban cada uno de los que asistía.
Facilidad
para practicar la intimación, descubriendo sus recónditos secretos.
Sonsacados
con clase y despegándole la lengua sin zarandajas a los más serios decentes y
cabales.
Aquel
sátrapa estaba dentro de una relación de años con Marisa.
Llevaban una
vida falsa, bastante ordenada para los intereses de la joven, siempre con
excepciones para que cada uno de ellos pudiera disfrutar de otros misterios y
jamás se echaban en cara ningún reproche ni había desdichas entre ellos.
Compartían
el pisito de la calle Muntaner y cada cual se mantenía con lo que ganaba. No había
bienes gananciales bajo ningún concepto.
No querían hijos para poder disfrutar de su juventud, y si llegado el momento se daba; aquella ilusión repentina y fugaz que suelen tener los padrazos inesperados, ya se lo plantearían sin darse prisas.
Para evitar
que nadie supiera cual era el disfraz con que se vestía cada uno de los asistentes,
se llevó mucho tacto. Cada cual se buscaba la vida y ninguno de ellos quedaba
en recoger a ningún otro amigo o compañero. Todos ellos llegarían al festejo solos, y se
vestirían privadamente.
Aquellos
que vivían en pareja, debían buscarse el modo de hacerlo por separado sin darse
pistas ni suposiciones.
Se
permitía, si era para engañar, hacerse acompañar de una pareja ajena y postiza.
Siempre forastera
y sin ser colateral del protagonista. Que se encontrarían en la sala de los
festejos para seguir actuando dentro de su trama. Esta persona, hombre o mujer,
sería invitada para aquel efecto y usada para el arte del despiste con cuidado.
Con eso el
secreto quedaba instaurado hasta el final del colofón del meneo. El Halloween aguerrido
y singular se iniciaba.
Aquel
privado aquelarre en el que todos buscaban el premio final de diez mil euros se
iniciaba. Dotación que se le concedería al ganador del certamen, por mejor
engaño, ingenio y diseño, gracia y donaire.
Festejo que llegado a su fin y una vez concluida la fiesta, todos y cada uno de los participantes se despojaría del engaño y vestimenta en el lugar y mostrarían in situ sus caretos, para aplaudir al vencedor.
Con mucho
tiempo de antelación. Quizás diez meses antes, Cornelio se alejó de la ciudad,
para encargar su atuendo. De ese modo nadie, ni por casualidad ni por destino,
coincidiría en saber de qué iba a vestirse.
A la par
que sucedía todo esto, el amigo iba grabando las voces de sus colegas
masculinos y femeninos, para estudiarlas.
Por si sus
atavíos disfrazados, no dejaban pistas, y no fuera sencillo descubrir quien se
ocultaba en este o aquel ropaje, y ser descubierto por su tono vocal.
No fue
demasiado prolijo hallar el modisto que haría su encargo y lo llegaría a bordar
por clase, gusto y calidad.
El sastre
que le confeccionaba la ropa se quedó un tanto sorprendido, que un hombre tan
apuesto, tan cachas encargara un vestido de mujer tan atrevido.
Con unos
escotes tan pronunciados y unos flecos tan difíciles de soportar.
En la misma
ciudad alejada, encontró una boutique que hacían pelucas a medida y las
ajustaban a la cara de cada clienta.
En eso
también estuvo dilecto, y Madame Corvosier, tras ser informada del meneo y con
la garantía de cobrar el monto del pedido por adelantado aceptó el reto.
Preparó una
cabellera rubicunda, un “melenón” fantástico y blondo, largo y rizado, que le hacía
parecer una vedete del Moulin Rouge Parisino, al caerle por sus espaldas cuasi
robustas.
Los
borceguíes semejantes a los “zapatitos de cristal”, del cuento de Charles
Perrault. Autor de la Cenicienta, sobresalían a modo de diseño de los pies de
Cornelio.
Unos pechos
falsos, elaborados con silicona. De Jackes de la Lumiere. Un diseñador de cuerpos
femeninos para el modelaje de mucha índole, sería el autor de sus pectorales
los que lucirían en su plexo, siendo confundidos por unas ubres auténticas
femeninas.
Aunque no existe
un único tamaño de senos ideal y universal, generó un pechamen de lujo.
Ya que la
belleza es subjetiva y al depender de los factores masculinos de Cornelio, su altura
y complexión, le confeccionaron unas cálidas tetas con sus preferencias personales. Bajo
los términos de su proporción mamaria. Con un tamaño que se aproximaba en el C
y D, que era la dimensión más propicia para lucir aquel varón.
El
protagonista de toda aquella convulsión lo había previsto todo. Para que
aquella invasión a la felicidad entre amigos fuera gozosa.
El querer
descubrir los actos sospechosos e infames de Marisa, y algún que otro asuntillo
pendiente que tenía por resolver se recordara para siempre jamás.
La fiesta
del Truco o Trato, llegó como llegan las setas a los bosques, con una fecha
fija del último día de octubre del año.
Con lo que
nada iba a modificar el instante.
Nadie
conocía cómo, ni de qué manera, iba fulanito ni menganito.
Lo que si flotaba en el ambiente, es que cada uno de ellos tenía una ilusión o un fin que acometer en aquel Halloween del principio del siglo XXI.
El salón
Rosa del Ateneo estaba preparado. La orquesta anunciada era una de las más
sobresalientes del momento, las mesas estaban repletas de pastelitos, de
entremeses, y chucherías.
El Cava
regaba las gargantas de los allí acoplados.
La fiesta
comenzó con una música sugerente y los participantes iban entrando a cuál de todos
ellos más vistoso.
En veinte
minutos todos los invitados estaban en el recinto, con lo cual las puertas del
ateneo se atrancaron.
Mas de cien
personajes se daban cita en el lugar.
Cornelio
pronto desplegó su feminidad falsa para atraer hacia él las miradas de los
hombres, que engañados, y creyendo que se trataba de una fémina cachonda, se le
acercaban asediándolo.
Pronto
descubrió a Marisa, su pareja en la vida real, a la que se acercó y cambiando
su voz por la de su hermana, y nombrándola como ella lo hacía en su devenir, le
preguntó.
—Me he enterado que tienes un lío de cama, con un tipo conocido. ¿Es quizá una verdad…? Preguntó Cornelio a su pareja, cambiando su voz, y colocando la que pertenecía a la hermana de Marisa.
Su compañera,
reconoció la voz de Mirna, sin llegar a pensar que era falsa. Aun y así quiso certificarlo,
ya que la veía más grande de lo normal.
Detalle que
pasó por alto al imaginar que sería por el atuendo tan fenomenal que lucía. Lo despampanante
que estaba, con aquellos zapatos acristalados de tacón que la embellecía y sus
tetas puntiagudas como ella, su hermana, solía mostrar.
—Hermanita
te noto rara. —Dijo Marisa, tragándose el engaño y añadiendo a sus casi dudas y
confiada prosiguió.
—Pareces más
grande. ¡No sé!... Tú eres Mirna. ¡No es cierto…! Eres mi hermana, Verdad. Quiso
certificar aquella engañada mujer.
—¡Y quién
voy a ser; Si no! ¡No seas tonta! Respondió Cornelio bajo la tonalidad de Mirna.
¡Soy tu hermana, es que lo dudas!... y fingiendo como una zorra le dijo a Marisa,
que ya confiando del todo y confundiéndola tras el gran esbozo preparado por
Cornelio, y su voz suplantada escuchó el mensaje.
Con lo que Mirna que en realidad era Cornelio siguió interrogando a su mujer con el acento y tono de su hermana.
—Estás
liada, verdad. No me engañes que te conozco kuki, vocablo que tan solo usaba y
en ocasiones decisivas la hermana de Marisa hacia ella. Dejándola completamente
confundida y creyendo a todo gas que quién llevaba aquel precioso traje era su
hermana. Respondiendo con gracia y con un tono bajito.
—Se nota
mucho, nena. ¡Me tiene loca! El muy jodido. Me atrae y soy capaz de cometer una
locura. Estoy loca por Conrado, no sabes cómo se menea el tipo en la intimidad.
— Ya lo has
probado en el catre kuki. Dime la verdad. A mi no puedes engañarme, soy de tu
sangre y debo aprender de ti. Interrogó la voz de Mirna
—Sí. El muy
truhan me lleva a su casa algún fin de semana cuando puedo despistar a Cornelio
y me hace suya.
—Entonces, le
dijo la voz de Mirna, a Marisa con descaro concluyente.
—Yo podría
seducir a Cornelio, con tu permiso. Sabes que siempre me ha puesto cachondísima
tu chico. Si ya no le quieres puedo por lo menos seducirlo y quedarme
satisfecha habiendo cumplido un deseo de siempre. Acabó la reseña, la voz que fingía
ser Mirna.
—Mujer, —replicó
la auténtica Marisa y con preocupación aseveró a su hermana.
—No me
hagas esto. Es verdad que te veía encaprichada por él, pero no me jodas. No es cuestión
de que yo lo mande a freír espárragos y que lo recojas tu y lo desnudes.
Además te
arrepentirías. Acabó la charla Marisa hacia su falsa hermana dejándola de lado
y marchando hacia otro lugar.
Posiblemente
en busca de su nuevo amor, ya que no daba con el paradero de Cornelio.
Al que dejó
completamente informado de las ultimas infidelidades cometidas por ella.
autor: Emilio Moreno.



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