viernes, 21 de noviembre de 2025

El humorista burlado.

 






Se había disfrazado completamente en aquel día de Halloween, para que nadie supiera quien era y pasar desapercibido. Con ello se mezclaba con la gente que asiduamente trataba a menudo. De ese modo disimulado, y sin vergüenzas podría sacar materia sobre lo que pensaban de él, y a su vez el propio espía, conocer otras opiniones y habladurías de compañeros, amigos y vecinos. De amantes, novias y demás. averiguando de buena tinta sobre las infidelidades que sospechaba de su propia compañera, la agraciada y guapa Marisa, con un tal Conrado, el sub agente del despacho.

Pormenores íntimos que por ser; o darle la categoría de profundos, a menudo la gente los reserva y calla. Evita ponerlos en tela de juicio y guarda sin airear, por mantenerlos en el más estricto secreto. Por ello Conrado trataba de averiguarlos de forma sencilla, aprovechando los disfraces de esa festividad.

Así todos los participantes del festejo llegado el instante y estando distendidos y flojos, con una copa de más y la cara tapada, sueltan sin reprimirse todo el sondeo al que los someten.

Detalles, incógnitas y reservas escondidas, tan anónimas como los enigmas mejor guardados son los secretos que se airean para conocimiento de los afectados.

Que de no ser acreditados y descubiertos por las casualidades, o con esos principios y vulgares maneras engañosas, pasarían desapercibidos.

Siendo los afectados los últimos en enterarse, por lo que ni tan siquiera sufrirían por el adulterio tolerado.

Cornelio de no preparar este trance, jamás hubiese conocido, ni intuido la promiscuidad de su amiga. Al estar engañado sutilmente por su compañera Marisa, la que lo llevaba muy en secreto, y por una frase dicha en sueños por su galana compañera de vida, se despertó la curiosidad en el colega que dormía a su lado. Preparando un vodevil para levantar la verdad, sin aspavientos. 

El atuendo que llevaría el autor de la trama y pasar desapercibido fue perfecto. Diseñado con tiempo y glamur y un protocolo secuencial fruto de un verdadero espía. Al que le fabricaron con telas especiales y a medida de su talla un modelo propio de los actores más famosos.

Contando con todos los pros y los posibles contras a los que debiera enfrentarse, para no ser sorprendido. 

En aquel día señalado de Halloween, que no es igual que los Carnavales, aunque ambos se involucran con ocultaciones son similares. Sin embargo El Carnaval es una remembranza de arranque idólatra y cristiano que se celebra antes de la Cuaresma, distinguida por el regocijo, el matiz y los tapujos ocurrentes.

Halloween, con raíces celtíberas, es una ceremonia que inicialmente sellaba el fin de la cosecha, y el recogido de la siega. Asociándose con credos y lémures.

De ahí su tópico con el miedo, espectros y aberraciones. 

Ahora en el país, ya se contaba con esa solemnidad a pesar de haber sido importada desde fuera de las fronteras, recalando con la misma fuerza que una raíz se aferra al suelo. Calando rotunda dentro de las costumbres de los hispanos. Por lo que el amigo oscurecido aprovechó la fecha para reunir a todos los que creía eran protagonistas. 

Cornelio normalmente era bastante actor y sinvergüenza, en su propio devenir. Bromeaba cambiando la voz en llamadas telefónicas y sorprendía al más pintado, con engaños veniales. Imitando el tono y la gravedad de la voz de cuantos se propusiera. Era bastante hábil en los plagios de sonidos y de onda y en no pocas ocasiones se hizo pasar por quien no era.


Excentricidades que no llegaban a más porque no se lo proponía.

Mutaba fácilmente con otros personajes y era difícil que se le pudiera descubrir por el ensayo que les proporcionaba a sus eufemismos.

Jamás se dejaba sorprender. Mucho menos cuando curioseaban en detalles íntimos y personales.

Con lo que sabía de antemano que sus amigos, los que estarían allí, en la fiesta, tratarían de ser el mejor disfrazado de la noche.

Reunidos en aquel desmadre, vivirían revueltos, juntos y mezclados con otros invitados que proporcionaban cada uno de los que asistía.

Facilidad para practicar la intimación, descubriendo sus recónditos secretos.

Sonsacados con clase y despegándole la lengua sin zarandajas a los más serios decentes y cabales.

Aquel sátrapa estaba dentro de una relación de años con Marisa.

Llevaban una vida falsa, bastante ordenada para los intereses de la joven, siempre con excepciones para que cada uno de ellos pudiera disfrutar de otros misterios y jamás se echaban en cara ningún reproche ni había desdichas entre ellos.

Compartían el pisito de la calle Muntaner y cada cual se mantenía con lo que ganaba. No había bienes gananciales bajo ningún concepto.

No querían hijos para poder disfrutar de su juventud, y si llegado el momento se daba; aquella ilusión repentina y fugaz que suelen tener los padrazos inesperados, ya se lo plantearían sin darse prisas. 

Para evitar que nadie supiera cual era el disfraz con que se vestía cada uno de los asistentes, se llevó mucho tacto. Cada cual se buscaba la vida y ninguno de ellos quedaba en recoger a ningún otro amigo o compañero.  Todos ellos llegarían al festejo solos, y se vestirían privadamente.

Aquellos que vivían en pareja, debían buscarse el modo de hacerlo por separado sin darse pistas ni suposiciones.

Se permitía, si era para engañar, hacerse acompañar de una pareja ajena y postiza.

Siempre forastera y sin ser colateral del protagonista. Que se encontrarían en la sala de los festejos para seguir actuando dentro de su trama. Esta persona, hombre o mujer, sería invitada para aquel efecto y usada para el arte del despiste con cuidado.

Con eso el secreto quedaba instaurado hasta el final del colofón del meneo. El Halloween aguerrido y singular se iniciaba.

Aquel privado aquelarre en el que todos buscaban el premio final de diez mil euros se iniciaba. Dotación que se le concedería al ganador del certamen, por mejor engaño, ingenio y diseño, gracia y donaire.

Festejo que llegado a su fin y una vez concluida la fiesta, todos y cada uno de los participantes se despojaría del engaño y vestimenta en el lugar y mostrarían in situ sus caretos, para aplaudir al vencedor. 

Con mucho tiempo de antelación. Quizás diez meses antes, Cornelio se alejó de la ciudad, para encargar su atuendo. De ese modo nadie, ni por casualidad ni por destino, coincidiría en saber de qué iba a vestirse.

A la par que sucedía todo esto, el amigo iba grabando las voces de sus colegas masculinos y femeninos, para estudiarlas.

Por si sus atavíos disfrazados, no dejaban pistas, y no fuera sencillo descubrir quien se ocultaba en este o aquel ropaje, y ser descubierto por su tono vocal.

No fue demasiado prolijo hallar el modisto que haría su encargo y lo llegaría a bordar por clase, gusto y calidad.

El sastre que le confeccionaba la ropa se quedó un tanto sorprendido, que un hombre tan apuesto, tan cachas encargara un vestido de mujer tan atrevido.

Con unos escotes tan pronunciados y unos flecos tan difíciles de soportar.

En la misma ciudad alejada, encontró una boutique que hacían pelucas a medida y las ajustaban a la cara de cada clienta.

En eso también estuvo dilecto, y Madame Corvosier, tras ser informada del meneo y con la garantía de cobrar el monto del pedido por adelantado aceptó el reto.

Preparó una cabellera rubicunda, un “melenón” fantástico y blondo, largo y rizado, que le hacía parecer una vedete del Moulin Rouge Parisino, al caerle por sus espaldas cuasi robustas.

Los borceguíes semejantes a los “zapatitos de cristal”, del cuento de Charles Perrault. Autor de la Cenicienta, sobresalían a modo de diseño de los pies de Cornelio.

Unos pechos falsos, elaborados con silicona. De Jackes de la Lumiere. Un diseñador de cuerpos femeninos para el modelaje de mucha índole, sería el autor de sus pectorales los que lucirían en su plexo, siendo confundidos por unas ubres auténticas femeninas.

Aunque no existe un único tamaño de senos ideal y universal, generó un pechamen de lujo.

Ya que la belleza es subjetiva y al depender de los factores masculinos de Cornelio, su altura y complexión, le confeccionaron unas cálidas tetas con sus preferencias personales. Bajo los términos de su proporción mamaria. Con un tamaño que se aproximaba en el C y D, que era la dimensión más propicia para lucir aquel varón.

El protagonista de toda aquella convulsión lo había previsto todo. Para que aquella invasión a la felicidad entre amigos fuera gozosa.

El querer descubrir los actos sospechosos e infames de Marisa, y algún que otro asuntillo pendiente que tenía por resolver se recordara para siempre jamás.

La fiesta del Truco o Trato, llegó como llegan las setas a los bosques, con una fecha fija del último día de octubre del año.

Con lo que nada iba a modificar el instante.

Nadie conocía cómo, ni de qué manera, iba fulanito ni menganito.

Lo que si flotaba en el ambiente, es que cada uno de ellos tenía una ilusión o un fin que acometer en aquel Halloween del principio del siglo XXI. 

El salón Rosa del Ateneo estaba preparado. La orquesta anunciada era una de las más sobresalientes del momento, las mesas estaban repletas de pastelitos, de entremeses, y chucherías.

El Cava regaba las gargantas de los allí acoplados.

La fiesta comenzó con una música sugerente y los participantes iban entrando a cuál de todos ellos más vistoso.

En veinte minutos todos los invitados estaban en el recinto, con lo cual las puertas del ateneo se atrancaron.

Mas de cien personajes se daban cita en el lugar.

Cornelio pronto desplegó su feminidad falsa para atraer hacia él las miradas de los hombres, que engañados, y creyendo que se trataba de una fémina cachonda, se le acercaban asediándolo.

Pronto descubrió a Marisa, su pareja en la vida real, a la que se acercó y cambiando su voz por la de su hermana, y nombrándola como ella lo hacía en su devenir, le preguntó.

—Me he enterado que tienes un lío de cama, con un tipo conocido. ¿Es quizá una verdad…? Preguntó Cornelio a su pareja, cambiando su voz, y colocando la que pertenecía a la hermana de Marisa. 

Su compañera, reconoció la voz de Mirna, sin llegar a pensar que era falsa. Aun y así quiso certificarlo, ya que la veía más grande de lo normal.

Detalle que pasó por alto al imaginar que sería por el atuendo tan fenomenal que lucía. Lo despampanante que estaba, con aquellos zapatos acristalados de tacón que la embellecía y sus tetas puntiagudas como ella, su hermana, solía mostrar.

—Hermanita te noto rara. —Dijo Marisa, tragándose el engaño y añadiendo a sus casi dudas y confiada prosiguió.

—Pareces más grande. ¡No sé!... Tú eres Mirna. ¡No es cierto…! Eres mi hermana, Verdad. Quiso certificar aquella engañada mujer.

—¡Y quién voy a ser; Si no! ¡No seas tonta! Respondió Cornelio bajo la tonalidad de Mirna. ¡Soy tu hermana, es que lo dudas!... y fingiendo como una zorra le dijo a Marisa, que ya confiando del todo y confundiéndola tras el gran esbozo preparado por Cornelio, y su voz suplantada escuchó el mensaje.

Con lo que Mirna que en realidad era Cornelio siguió interrogando a su mujer con el acento y tono de su hermana. 

—Estás liada, verdad. No me engañes que te conozco kuki, vocablo que tan solo usaba y en ocasiones decisivas la hermana de Marisa hacia ella. Dejándola completamente confundida y creyendo a todo gas que quién llevaba aquel precioso traje era su hermana. Respondiendo con gracia y con un tono bajito.

—Se nota mucho, nena. ¡Me tiene loca! El muy jodido. Me atrae y soy capaz de cometer una locura. Estoy loca por Conrado, no sabes cómo se menea el tipo en la intimidad.

— Ya lo has probado en el catre kuki. Dime la verdad. A mi no puedes engañarme, soy de tu sangre y debo aprender de ti. Interrogó la voz de Mirna

—Sí. El muy truhan me lleva a su casa algún fin de semana cuando puedo despistar a Cornelio y me hace suya.

—Entonces, le dijo la voz de Mirna, a Marisa con descaro concluyente.

—Yo podría seducir a Cornelio, con tu permiso. Sabes que siempre me ha puesto cachondísima tu chico. Si ya no le quieres puedo por lo menos seducirlo y quedarme satisfecha habiendo cumplido un deseo de siempre. Acabó la reseña, la voz que fingía ser Mirna.

—Mujer, —replicó la auténtica Marisa y con preocupación aseveró a su hermana.

—No me hagas esto. Es verdad que te veía encaprichada por él, pero no me jodas. No es cuestión de que yo lo mande a freír espárragos y que lo recojas tu y lo desnudes.

Además te arrepentirías. Acabó la charla Marisa hacia su falsa hermana dejándola de lado y marchando hacia otro lugar.

Posiblemente en busca de su nuevo amor, ya que no daba con el paradero de Cornelio.

Al que dejó completamente informado de las ultimas infidelidades cometidas por ella.








autor: Emilio Moreno.




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