Una casona de payeses, situada en la calle de Sant Pere, frente a la famosa y popular fuente de agua potable. Esquina con otra casona de una potentadas y gran familia. La reconocida y denominada de Cal Caragolí, que por una de sus paredes laterales se ascendía a la parte abrupta de la también típica calle Alta de Sant Pere, _ carrer de Sant Pere mes alt _, donde había unas viviendas colgadas en un nivel muy diferente al que plantearon los expertos arquitectos, y aparejadores, diseñadores de aquel tiempo. La butiga de colonials_ tienda de coloniales, regentada por la señora Carmen y Paco, vecinos de los Marín Fernandez y los Conesa, la Nati y el Quimet.
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Nada que ver con lo que pervive en la actualidad. Nada de la nada. Entonces daba gozo ver y comprar en la butigueta dels queviures” (Tienda de coloniales), de la Teresina, y la de “les Noies”. Tienda minúscula de dos hermanas, muy vinculadas a esa calle Sant Pere.
Negocio familiar desaparecido a finales de los setenta, que tuvo su origen en la encrucijada de la glorieta de la fuente y la ascensión a la desnivelada calle de "Sant Pere mes alt". Fuente, que suministraba el preciado líquido a tantas y tantas viviendas del contorno que no tenían servicio de agua corriente y además potable.
Sin olvidarnos de la carbonería de la esquina, y de la casa que hoy nos cobijaba para proyectar el ensayo. Llamada entonces Cal Germés.
Un poco más hacia la zona de la iglesia, estaba
la vivienda del Doctor Llenas el veterinario del pueblo. La peluquería de la
Pepita y mucho más hacia la plaza de la parroquia Sant Baldiri, la Barbería del tío Patiño, casi al lado de la
casa de la familia Ortega, el que después don Luis, sería fundador de la Agrupación de la
barriada Antics
veins del carrer Sant Pere.
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