viernes, 19 de junio de 2015

Desayuno en azul




Le llamé anoche y no atendió la llamada. Actuó el jodido contestador automático, con el clásico recado pregrabado y tan subliminal, que lleva implícito_ Cada uno se fastidia cuando más prisa lleva_, pensó Troy en el momento que escuchaba la voz de la señorita enlatada dando instrucciones, para que dejara su recado en la nube y se pudiera escuchar para siempre jamás.

Mi preocupación era tan solo para recordarle que el viernes, estábamos citados en la cafetería "Nuovo caffeto coyonutto", para desayunar en compañía y contarnos nuestras aliteraciones poéticas.

¡Imposible la conexión! Nadie atendía el teléfono. Por supuesto Troy dejó su mensaje esculpido en las bases de datos para reproducirlo siempre que convenga, dirigido a Alex, a la vez que desistía de hacer otro intento de llamada.
Sin pensar más en el tema creyendo que en algún momento lo descubriría el interesado.
A la vez Troy, pensaba en su interior, sin pronunciar palabra_: Se que no lo escuchará a tiempo y si lo hace será para anular la cita.

Alexander Lejanía;  es un buen tipo, amable, dicharachero, y locuaz, se hace de querer, lo que significa que no le cuesta ponerse bien para caer de maravilla a cualquier persona que le dé oídos. Aunque sus dificultades personales tan de psicólogo,  le apartan un poco de la normalidad. Usa la excusa de la pena, para llegar al corazón del lugareño relajado que acaba de conocer_ porque a los que son amigos habituales, pues: no sé yo, si eso le funciona, o ya saben de qué pie cojea.

Por tanto además tiene algo que te atrapa y te marca en principio, te brinda el ciento por cien de la ecuación, te recita frases inconexas que no dicen nada pero que suenan muy bien, y muestra ser persona de las que aman todo lo que se zarandea.
Aunque ese apego, esa condición de atento y generoso, dure algo más de media hora. Hasta que le dejas de prestar atención y sin más busca otro foco donde probar regarlo de tristeza y donde pueda declararse en situación de detrito o de calamidad personal.
Siempre lleva una condena en el alma, y aunque digan que_: el alma no punza_. Él lleva, un par de cicatrices que no sanan, que no curan, que no secan, y no dejan  sereno a su olvido y dolor, permaneciendo agrietadas y mandando destellos atormentados al corazón ajeno.

Su penar es de los execrables que existen y de los enredados de entender: su único hijo no le mira a la cara y no lo quiere en su vida.
Ya no voy a entrar en los motivos ni en las razones. Ni siquiera en la incomprensión de la distancia y la consecuente disfunción entre motivos.

Lo peor es que un hijo no te quiera.





1 comentarios:

Esperanza sandoval santander dijo...

Me estoy habituando a leer tus comentarios Emilio, gracias por compartirlos. Me encantan. Un abrazo.

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