sábado, 3 de septiembre de 2011

Aquel abrazo del retorno


Un taxi le dejó en la nueva terminal. Tras mucho correr, llegó a validar el pasaje de su vuelo; que salía justo en treinta y seis minutos. Anduvo, hasta la puerta de embarque y allí se percató, por los altavoces de que en el último momento, se retrasaba la salida del JKF216, con destino a la capital.

Tras cruzar los fielatos de seguridad; tomó asiento en una de aquellas filas de sillones de la sala de tránsitos.
Frente a él; en el pasillo, dos personas se abrazaban con tristeza y lamento, sus sonidos sollozantes, le sedujeron y le llevaron muchos años atrás, a unas imágenes que estaban olvidadas.
Aquel hombre, tropezó con unos episodios lejanos que lo trasportaban en el tiempo para soportar de nuevo una pena desgarradora.
Su recuerdo, le asistió en silencio y le trajo a la mente aquellas secuencias vividas en su infancia.

_ Su cabeza le obligó a recordar y entre sí... Susurró _ Ni por asomo, no tienen la misma fuerza los abrazos, ni las ansias que emplean son igual a lo que recuerdo.
No tenía relación con éste episodio. ¿Verdad?, ¿Recuerdas aquel abrazo? Aquel llanto y ese dolor que te quedó impregnado. ¡Lo habías olvidado! …pensaba taciturno, recordando con detalle, las caras de aquellos hermanos, que no se vieron en veinte y tantos años.
Los ojos se le vidriaron y quedó inmerso en sus recuerdos; volviéndose a repetir, aquella vivencia...
... ... .... ... ¿...shiiii...?...




Se escapó con unos parientes liberales que estaban a punto de ser apresados por motivos políticos. Las cosas no deparaban del todo bien. La guerra civil, estaba llegando a su fin.

La ciudad, a punto de ser tomada, las tropas entraban por el norte del barrio del Torrent. Las partidas moriscas arrollaban, se temía por las mujeres y chavalas, el caos era grande y no se sabía, que iba a suceder.

Marcó, el número de teléfono del hospicio, en busca de su hermano, que no tardaron en localizarlo.

_ ¿Palmira? ¿Eres tú? ¡Sucede algo importante!

_ Paquito; ¡me marcho con la familia del Brigadier!

_ ¡Dónde vas! con el follón que hay montado. ¡Estás loca!

_ Creo que nos fugamos a México

_ Pero tú sabes lo que hablas ¡Se lo has dicho a la mama!

_ ¡No! …No me ha dado tiempo.

_Que no te ha dado tiempo, o no tienes “agallas” y te largas así como si nada y a nosotros que nos zurzan ¿verdad?

_ ¡Paco! No tengo tiempo, he de dejarte, Ángel, está contigo ¿No es cierto?  ¡Cuídale!  En cuanto acabe todo esto, volveré.

_ No te vayas ¡joder! ¡Esto lo hemos de pasar juntos! O es que no piensas más que en tí.

_ Si me quedo, al haber estado sirviendo en casa del Comisario, creerán que era otra vividora y me pueden hacer cualquier faena. Cuando solo les he quitado la mierda.

_ ¡Palmira! te digo; que no te vayas, piensa un poco en nosotros y olvídate de pirártelas. Tu madre, está trabajando como una miserable por nosotros y tú, solo piensas en salvar tu culo.

_ Paquito, ¡Os quiero! – Los sollozos al colgar aquel teléfono fueron muy dolientes, ninguno de los dos podía tragar aquella baba que se había vuelto caldo agrio avinagrado. La hermana cortó y siguió con la mirada perdida, agobiada por la huida.

Les esperaba un Citroën negro, conducido por un chofer del partido, que los llevaría al puerto, para embarcar en un navío con destino a México.
No podía dar más rodeos, si quería que la incluyeran, en esa tocata y fuga, para viajar a un paraíso desconocido, en busca de una supervivencia más aliviada, dejando aquí el hambre, el rencor y a su familia.
Con lo puesto y un hatillo con ropa y zapatos, montaron en el vehículo y se dirigieron hasta embarcar en el “Moll de la fusta”, frente a las Atarazanas donde tenían pasaje en el : «Wons Meyer», hasta Marsella.

La Casa de la Misericordia de Alella, albergaba a dos niños de corta edad, Paco de 14 y Ángel de 9, hermanos de Palmira y residentes en ese asilo.
Recluidos en régimen de carentes, intentaban sobrevivir de la mejor manera que, era la de pasar mucha miseria, frío y maltratos. Encerrados desde casi el comienzo de la contienda, pasaban los días sin saber nada de su familia. Su madre, paupérrima, sin posibles, haciendo de tripas corazón y sustentándose del trabajo diario, en el trueque, estraperlo, venta de tabaco y miserias varias por entonces habituales en la clase baja para poder mal vivir.

Esa madrugada emergía con mucho frío, Paco; no encontraba a su hermano y nada hacía pensar que estuviese en lugar seguro, dadas aquellas fechas de deportaciones que se realizaban. Su desazón y angustia era evidente, inquieto y nervioso removió y revisó todas las estancias.
No le localizaba, por ningún lugar de aquel flemático y desaborido orfanato y desde la ventana, divisó un Hispano Suiza, esos camiones grandes; los T66, usados para el movimiento de tropas. Con sigilo recolocaban a los niños por edades, como si tuvieran que marchar de excursión. Sin pensarlo, bajó como un relámpago en busca de lo que resultó un hecho.

_ Ángel, ¡dónde estás!_ Llamó con voz en grito.

_ ¡Aquí Paquito! ¡Estoy aquí! En el altillo detrás del fardo de paja, para que no me vean, me he escondido, sabía que vendrías _ Replicó el chiquitín, con levedad, como si estuvieran jugando al escondite

_ ¡Salta!, corre, que te ayudo.

Se abrazaron como si les fuera la vida, rompiendo a llorar amargamente; los dos recordaron a Palmira y a su madre, que todavía desconocía la tragedia.
Ocultos entre unos fardos de paja, que servía para azuzar el fuego y alimentar alguno de los animales de las cuadras, hasta que pudieron poner distancia; viendo como los demás niños iban subiendo como borreguillos para el degüello. Llorando algunos y otros mudos por el terror a distanciarse de sus padres.

_ En cuanto tengamos lleno el remolque, arrancamos y nos vamos, que el navío Magallanes espera para llevarlos a los puertos de Feodosia y Odessa en Rusia. _ Decía uno de los agentes políticos.

_ ¿No tenían que pasar por Tarragona y Valencia? Cargar más niños de la zona y aprovechar el viaje _ Le preguntaba al brigadier una militante de la CNT, escupiendo groseramente en el suelo.

_No puedo darte esa información, desde Presidencia se ha decidido que sea así, que los niños cuanto antes para Rusia, que los fascistas entran con los batallones Moriscos y según parece arrasan. _Voceó el militarizado uniformado.

En cuanto estuvo completa la carga, comenzaron a contar y faltaban cinco o seis párvulos de las listas que llevaban. Los más atrevidos pudieron escabullirse de entre todo el lío que reinaba, saltando de aquel furgón, que les había de transportar hasta el muelle.
Aquellos milicianos del ejército popular, intentaban hallar junto con los celadores del hospicio, los chiquillos ausentes y comenzaron a buscar y a pasar lista de los inocentes, que ya estaban sentados en aquella gran cesta de mercancías del camión. El tiempo les era valioso, con lo que optaron por sustituir aquellos muchachos por otros niños, elegidos al azar.
Entre tanto miedo desorden y sorpresa, Paquito y Ángel, huyeron de la inclusa, yendo a buscar a su madre que no podía suponer, ni adivinar todas aquellas inconveniencias.


En la Habana esperaron cuatro días, hasta tener los visados de la Embajada y la entrada en franquía, del país al que solicitaban amparo. Fue cuando la Presidencia de la República Mexicana, gobernada por Lázaro Cárdenas, dio el visto bueno para que los refugiados, procedentes de España, auspiciados por Negrin, pudieran acceder al territorio y establecerse entre sus gentes, para comenzar en algunos casos, nueva vida y en otros una esperanza sin temores hasta que la contienda finalizara. Poder volver de nuevo donde les esperaban, sus familias y sus raíces.
Palmira; la linda joven, morena, simpática, supo ganarse el cariño de los que la rodeaban, mezclándose con usanzas, rutinas y costumbres, granjeando todo su cariño a la muchedumbre diversa que con agasajos y simpatías la iban admitiendo a medida que pasaban los meses. Adoptando como suyas las fiestas y tradiciones, hasta tal punto que sin tardar, estaba entre los componentes de asociaciones de baile autóctono poniendo su granito de arena y disfrutando de todo cuanto la vida le regalaba. Llegó a pertenecer en un tiempo record al Orfeó Catalá en el exilio, atenuando de esa forma las posibles carencias y costumbres de su terruño de nacimiento.

Trabajó en lo que pudo, adaptándose a lo que hubiere y sin el más mínimo desprecio, queriendo tanto al país que la acogió como al suyo propio. Oportunidades no le habían de faltar y se acomodó con dulzura y agrado hasta llegar a conseguir un empleo en el entorno textil.
Con los años de estadía, contrajo matrimonio con un apuesto joven. Nieto de españoles, por parte de padres, descendientes de una familia de rancio abolengo asturiano, que fue a hacer las Américas a finales del siglo XIX.
Por parte materna, una familia mexicana, de un linaje francés de la Borgoña. Asentados durante las explotaciones mineras de la península de Baja California y Sonora, estableciéndose con las comunidades francesas en las ciudad de Loreto. Estos llegaron a México después de las guerras napoleónicas y fueron protegidos por el emperador Maximiliano de Habsburgo para que se establecieran sin problemas.

Así pasaron sus mejores años verdes, con la alegría propia de una mujer agradecida y amante de su nueva familia y con la distancia y la ausencia de su tierra sus hermanos y su madre.

Paco; una vez terminada la contienda, hizo de su vida una resignación y el trabajo honesto ocupó su tiempo, pasando de grandes pretensiones y bienestares irreales. Vivieron de las cartillas del racionamiento popular, de las colas para obtener lo esencial, de los mendrugos de pan duro, de la crianza del pollo en una caja de madera en el patio de la casa. Del “ ¡ Sí señor… lo que usted mande !”, de la tutela de Acción Católica, los pantalones remendados y las alpargatas de esparto.
Cumplió con su Servicio Militar, contrajo matrimonio y tuvo sus hijos. Designio de cualquier obrero de la época.

Ángel, siguió un poco siendo el lazarillo de todos ellos, continuando y admitiendo las expectativas, que veía dentro del seno familiar. Arrugado de por vida, por no exteriorizar su carácter y sus realidades perentorias y siempre estando como el mozo de estoques de la gran corrida de toros.

La madre tuvo que reponerse de la ausencia de su hija, de una forma que no llegó jamás a perdonarle, ni a admitir el que se marchara en el momento y en la forma que ella decidió.
Siempre puso en tela de juicio las noticias que le llegaban, sobre el bienestar de su Palmira; sosteniendo una impresión, que su hija en el exilio no era feliz ni estaba contenta como aparentaba. Preguntándose, si lo hubiese sido con ella; a su lado, dónde las cosas no eran celestiales y menos en un tiempo que a las mozas de clase baja no les esperaba más y con suerte; que, encontrar marido para desposarse y ser la madre y la criada de toda la plebe, engordar y obedecer debidamente sin rechistar, ni exigirle más a la vida.

Jamás se volvieron a encontrar, el exilio y la ausencia les ganó y la falta de dinero y el escaso deseo, dilató demasiado la urgencia de volver a reunirse.

Una mañana de lluvia pertinaz, con una tormenta de rayos zigzagueantes y relámpagos con descarga de fusilazos y chispas, donde hasta la luz diurna faltaba y el frío calaba los huesos; sepultaban a la mama.
Dejó de existir. Le daban suelo en la fosa común del cementerio de “Can Túnez”

Murió; sin ruido, sin reclamar nada, sin el roce de su hija, sin participar en sus venturas. Con su pena.
Fue su destino, quien le volvía a dar un zarpazo y, una enfermedad se la llevó con premura. La apartó de la vida, dejándola descansar para los restos.
Víctima de la poca fortuna, de la soledad y quien sabe que otras amarguras.
Al borde de aquella fosa, empapados por un diluvio, estaban; Paco y Ángel, repitiendo aquel abrazo, ese estrujón, agrio, sollozando la pérdida de su madre, sin la presencia de Palmira.
No importaban las desnudas vergüenzas de llorar frente a extraños, porque no sobraban los acompañantes.


Saltaron bastantes inviernos del almanaque, tantos que Ángel, vivía en París, desde hacía años, con su familia y la caterva de hijos que tenía. Buscando trabajo y bienestar, tuvo que ser el segundo en cruzar la frontera para poder comer, realizarse y vivir.

Paco; igual, con más tesón, ganas o astucia, supo abrirse paso en la gran metrópoli y desde haber estado trabajando en la “Lata”; unos talleres metalúrgicos, de la calle Espronceda. Pasar por el empleo de tranviario; ( conductor de tranvías ), llegó a estar empleado como oficial mecánico en una empresa de nombradía semi relevante.

Las posturas políticas en el país estaban más suavizadas, la gente hacia horas extraordinarias a “tuti ple” los obreros querían comprarse con esos dispendios que ganaban en horarios tiranizados, ese terreno en la playa, quizás cerca de la urbanización en la montaña, otros querían llegar a motorizarse y tener aquel seiscientos que tanto “molaba”, o la “guzzi” de 49cc, la del cambio de marchas, de palanquita cerca del manillar y que tantas alegrías consiguió.

El turismo hacia furor en la península ibérica, llegaban gentes de todas las latitudes. España, estaba de moda, a pesar de las estrecheces cerebrales, el miedo al pecado, las represalias y la política  implantada.
Sin embargo, comenzaban a plantearse las bondades del clima, de la cocina admirable, del carácter de los celtíberos, del agrado de sus gentes, de lo bueno y barato que se encontraba todo aquello que hacía feliz a la mayor parte de Europa.
Entonces cuando las aperturas políticas incipientes comenzaban a resurgir, cuando los escenarios de opinión, no eran tan herméticos; es cuando desde América, da señales de retorno Palmira.
Retornaba; pero esta vez, sin escalas en la Habana, ni Marsella, sin temores de nadie, sin ataduras, sin visados ni permisos de adopción, sin aquel hatillo de la ropa precaria y precisa. Sin escapar pitando. Sin miedo.
No había dudas. Vuelve a casa; visitaba a su tierra con pasaje de ida y de vuelta.
Cinco lustros desde que Paco, se enteró que; Palmira se fugaba y salía soplando, prácticamente sin decir adiós. Volvía tras tantas decepciones, soledad y amarguras del pasado. Tantas alegrías, tantos buenos momentos, tanto cariño de su nueva familia, tanto agrado, dejando tantos amigos y sobrada de amor.

Era una mañana de primavera de un día abierto, claro y despejado, en el aeropuerto, 23º grados centígrados, sin nubes; el gentío se aglomeraba tras aquellos cristales desde dónde se divisaban las pistas de aterrizaje.
De nuevo los altavoces, comunicaron la llegada del vuelo procedente de Madrid, que es de donde enlazaban las llegadas transoceánicas y sin demorarse mucho, se observó un Iberia Spantax que tomaba tierra. Un recorrido hasta el final de la pista y quedó anclada una nave majestuosa.



_ ¡Esa es!  La del traje grisáceo, ¡mi hermana! ¡Es Palmira! _ Exclamó Paco, con una risa nerviosa y gotas de llanto visibles en los ojos.

_ ¡Es ella! No hay duda, no ha cambiado nada, está mayor; pero es la mismita. ¡Es ella!

En el hall de llegadas, al acercarse los dos hermanos se habían reconocido y en sus pupilas, se bordaba la humedad que producen las lágrimas.
Tantos reproches que hacerse, tantas alegrías que contarse, tantas penas que tragarse, todos recuerdos imborrables e imperecederos. ¡Tanto tiempo perdido! ¡Cuantas incógnitas indescifrables!  

_ La mama; se quedó con las ganas de verte, antes de morir._ Asintió Paco, en cuanto se le acercó,  recriminándole sin perder tiempo.

_ ¡No pudo ser Paco! Es difícil de explicar, no lo entenderías. ¡Dime! como está Ángel, ¿Tienes contacto con él?_ queriendo cambiar un poco de tema, dijo; la hermana recién llegada.

_ Debe estar bien; hace meses, que no escribe; ya sabes como es. Si no dice nada, es que no nos necesita._ Contestó Paco, queriendo retomar el primer asunto, no dejándolo que se pudriera entre sus rabias contenidas.

_ Sabes lo que hemos tenido que tragar y el hambre, que hemos pasado, ¿Lo imaginas? Además, tú, lejos y con pocas noticias.


_ ¿Si me hubiese quedado, no habríais pasado calamidades? ¿Ni hambre? ¿Soy yo la responsable de tus penas? ¿Has sido desgraciado por mi culpa? Tuve que espabilarme solita, sin ayuda de nadie y nunca me he quejado.
¡Paquito! La vida no es fácil para nadie. ¿Crees que yo no he tenido dificultades? ¿Piensas, que no tengo corazón? Y no he sufrido por aquellos momentos y los que vinieron después._ Matizó Palmira, con resignación y sin esperar que la comprendiera.

_ ¿Qué tal te fue la vida, allá tan lejos? Sin familia, sin amigos, ¡Buscándote una desgracia! _ dijo Paco con disgusto y sin mirarle a los ojos, mientras ella, tranquila le respondía con naturalidad, como si aquella escena la hubiese ensayado mil veces.

_ Me fue, mucho mejor que si me hubiese quedado. Familia no tardé en hallarla, ya sabes que con frecuencia hacen más la buena gente que te rodea, que los que te tocan por sangre. Procuré rodearme siempre de buenas personas, nunca imaginé lo tanto que me han respetado, cosa que si hubiera permanecido aquí, igual no se hubieran cumplido esos privilegios que me otorgaron lejos del lugar donde nací. Cuando es necesario aprietas los dientes y te muerdes los labios, recuerdas las cosas que han ido bien y los que fueron errores. No me arrepiento de lo que hice, lo volvería a repetir si se diera el caso. _ Aclaró tajante Palmira con genio sosegado.

_ ¿Por qué, quisiste escapar? Contigo no iba la cosa, tú; no eras más que una niña._ habló el hermano ya con más pena que exigencia.

_ Era una niña, pero estaba abandonada. Estábamos solos, yo sirviendo en unas condiciones inconcebibles, vosotros en el hospicio dejados de la mano de Dios y mama, sin aparecer en ningún momento. Que podía pensar cuando me ofrecieron la posibilidad de romper con toda esta mierda y marchar a un lugar que además de estar en paz, demostraba que eran civilizados y no se mataban entre hermanos.

_ ¡Tu sitio estaba entre nosotros!

_ ¡No Paco! Aquí, no teníamos sitio nadie, aquí solo había desconcierto y algo más que ya no nombraremos por respeto a los que ya no están ¿Crees que no releía entre líneas? tus cartas y comprendía, que lo estabas pasando peor que mal. ¿Qué hubieras hecho conmigo? Tú que tuviste que cargar con el peso de la situación. Hubiese sido un problema añadido a los que, ya teníais y mientras yo; hubiese acabado en cualquier alcantarilla. ¡Lo sabes bien! Con que ahora no pretendas querer disimular los hechos. Me las he arreglado siempre, he trabajado mucho, sin descanso para tener lo poco que tengo, pero ¡es mío! ¡Me lo he ganado! y estoy orgullosa de haberme dirigido en la forma que siempre lo hice.




El abrazo, fue de los que no pueden explicarse entre renglones de tinta muda, los que consiguen hacer flaquear los amarres de serenidad, los que inducen al auténtico llanto por sentimiento verdadero.









... ... .... ... ¿...shiiii...?...


Al pronto, se escucharon de nuevo los avisos, para pasajeros rezagados.

¡¡ Último aviso a los pasajeros del JKF216 !!

_ ¡Señor; por favor reaccione!  Todos los pasajeros están acomodados para partir. Sólo falta usted ¿Está indispuesto?   ¡Se encuentra bien!
_ ¡Si; por supuesto! Perdona, estaba involucrado en un recuerdo especial, especulando y se me fue el “Santo al cielo”. Tanto que me dormí. ¡Disculpa!

_ ¡No para nada! Por favor, tenga la bondad de darse un poco de prisa, que todos le esperan ya embarcados. ¡Sígame! Yo misma le acomodaré en su asiento.


_ ¡Gracias, es usted muy amable!

martes, 30 de agosto de 2011

Trueques






Muerto de sueño

harto cansado,

noche cabalga en blanco.

Insomne desmayo, desencantado.



Quien me lo quita,

afán azotado.

Serán los presagios

del peor emisario.




¡Dices! …disparates,

todos los días,

desvelos recalcan,

en la noche mía.



Si pudiera olvidar,

bebedizo de borrar,

engrudo y mitigar

retornar hacia atrás.




Podría narrar o recitar,

“Erase una vez”.

“Te voy a contar”.

Prefiero dejarlo en paz.


Maldito cansancio,

no puedo pensar

tan solo me deja,

poder bostezar




No quiero rendirme,

hay tanto que hacer,

lo poco que toque

se puede romper.



Si entorno los ojos,

el duende me gana,

sirviendo en bandeja,

ensueño desgrana.




No duermo en la noche,

me encuentro hastiado

será la conciencia,

estoy atrapado.


Trueco sueño por trabajo,

cambio cansancio por hartazgo.

Quito las penas por llanto,

quiero serenarme un rato.





Invierto deleite caduco,

varío estrechez instintiva,

altero conducta propicia,

canjeo angustias por dicha



Permuto y vedo alegrías

inhibo satisfacciones mías

ambiciono felicidad serena

codicio dormir cada día.




¿Por qué pedir tanto?

Si nadie concede gracias.

Será que confundo

la arena del mar,

con el salitre de playa



Estoy destrozado,

no concilio ni reparo.

Prefiero esta noche

quedarme a tu lado.






¡ Happy... muy happy !







Es costumbre de allegados,

brindar por los cumpleaños.

Con alegría y agrado,

recibir las carantoñas,

con parabienes soñados.



El que celebra, lo espera,

en silencio lo desea.

Aunque nunca exteriorice,

goza de aquella manera

cuando recibe tu brindis.



A quien no le gusta alago,

del amigo fraternal.

Recibirlo en ese día,

sin importar la cuantía

del abrazo personal



En esa fecha deslumbren,

a toda norma perturben

ansiando felicitar.

A ese que cumple otro,

deseando cumplir más.



Recibiendo tú recuerdo

y el de los demás dar tiempo.

Cuantos más, mejor incumbe,

saber que los tengo a pares,

los amigos conocidos y demás



La familia no se olvida,

otros te dejan de lado,

ciertos tampoco llaman.

Siempre hay excusa vana

que evitan ese reclamo.



Los cercanos perpetúan,

dan el roce que motiva,

lo festejan todavía.

No se les pasa por alto

siempre suben la alegría



El no tenerte presente,

en esa fecha bordada,

duele más que una pedrada.

¡Happy… muy happy!

Aunque sea con retraso,

agradeces la llamada








sábado, 27 de agosto de 2011

Diálogos con el Trance



Paseo frente a ti

y, no quieres saludar,

no aspiras galanteos.

Rechazando intimar.



Te haces el despistado,

sin quererte inclinar,

quizás no sea el momento,

ni tampoco el lugar.



No aceptas proposiciones,

nunca deseas pensar,

profundamente prorrogas,

viajar a mi solar.



Vengo sola y sosegada,

de momento tú no has.

No te olvides por si acaso,

he de venirte a encontrar.



Habrás de aguardar tu viaje,

como los hijos de Adán.

Visito más no imaginas,

quien me acompañará.




A la sombra de los arcos,

del Casino Montañés,

en la glorieta y los porches

te veo tomar café.



Tallado perfecto el dintel,

se divisan por doquier,

son del Liceo del Pueblo,

donde vamos a beber



Ya no ciño tan de oscuro,

como antes perpetué.

Cabello pintado de claro,

para poder convencer.



El sol cae al desnudo,

en tu espalda y en tu tez,

quemas como las brasas.

Cetrino de piel y miel.



Hace siglos no me quemo,

debe ser por el estrés.

Dicen del cielo divino,

en el infierno no sé.



Es un terreno silente,

de reposo y oración,

dónde dejan los extintos.

Eso te lo juro, yo.



¿Interrumpo tu descanso?

¡No! ¡Qué dices! ¿Por qué?

Me ha parecido soñabas,

con antaño…. del ayer.



Estaba gastando mi rato,

antes de tu aparecer,

más como llegaste,

veremos amanecer.



Ha; mucho que esperas.

¡Me has venido a buscar!

Para nada, ni te ofendas,

contigo aún no será.



Es encuentro planeado,

será la casualidad.

¡No! He venido sin idea,

por pura curiosidad.



Porque me preguntas eso,

cuando me conoces tan.

A veces quiero engañarme,

a pesar de aquel refrán.



. Fue un placer expulsar,

quitar de tu garganta esa parte,

que atragantaba el gaznate.

Impidiendo respirar.



Di la verdad y no finjas,

que no va con tu entidad.

Si he de morirme ahora,

dilo con tranquilidad.



Cuando venga a recogerte,

vas a querer retrasar,

esa partida que sabes,

algún día ha de llegar.



Por el momento existe,

disfruta y no pienses más.

Los días de festejo acaban,

los ruines ya vendrán.



Sin falta apareceré,

redundante sin avisar.

Luciendo invisible rastro,

para llevarte sin más.



Tumba silente, catacumba fría,

no se percibe ni la brisa.

¿Es tan serio, estar muerto?

Nadie habla, eso es cierto.



Ese itinerario que llamas trayecto,

¿Es un paseo? ¿Quizás es proyecto?

Viniste a por mí, dejando prospecto,

te pareció pronto, quedó en suspenso.



Cuando venga a invitarte,

vas a intentar prorrogar,

el periodo de caduco,

sin poderlo reclamar.



Soy la de siempre. Expiración,

aunque vaya acicalada,

con perfumes y loción.

Siempre llego a deshoras,

por ser la defunción.





jueves, 25 de agosto de 2011

Sexy sin password



En este departamento de Seguridad para la Información de la empresa, trabajan cientos de empleados, entre ellos está Manolo, atendiendo su computadora. La versión actualizada del antivirus, las posibles amenazas a ficheros del complejo, los correos de clientes. Las aclaraciones y dudas informáticas del centro y como no; la atención a los usuarios de la propia compañía. El jefe desde su despacho, coordina a todos los allí inmersos. Ahora con las cámaras de seguridad, el tío, vive como Dios. Nadie le pillará infraganti y él, además controla a placer desde su poltrona comodísima y testada para su espalda, mientras observa casi todo el día el recinto de los servicios que tiene a su cargo.


De pronto Manolo: elucubraba a solas y le contestaba a Manuel, (su otro yo, desde la azotea de su cabeza). Manuel es, ese contestatario que cada cual lleva dentro. Haciendo reproches y consensuando posiciones y puntos de vista, ese que no es otro que la cognición y conciencia de cada cual.

_ Las butacas son cómodas y apaisadas, si te dejas ir hacia atrás con la boca abierta, puedes enseñar hasta el estrecho de Bering. _ Manifestaba Manolo a su conciencia, iniciando una charla virtual e imaginaria._ Que comodidad, tenemos los trabajadores de la empresa. _ Asentó Manolo, esperando una rápida respuesta de Manuel.



_ Las mesas de trabajo, amplias, sin esquinas laterales, esas que al golpearte, siempre te das en el mismo lugar. _ Insinuó Manuel, con gracejo.

_ Sálvese la parte y como ese trozo queda por debajo del estómago y por encima del muslo, pues ya ves dónde te pegas de lleno.

_ De ahí el nombre de ¡está roto! El escroto. _ Repuso Manuel, desde la conciencia.

_ Han de llevar cuidadito las señoras y estar alerta; con según que ropas carguen, si lucen vestido o falda. _ Siguió mandándole Manolo datos a su cognición._ Enseñan más arriba de las rodillas y el muslamen. Con tanta libertad ya nada está mal visto y hasta lo hacen tan divertido que, no creo que nadie se lleve sofocones.

_ Ya veremos. Aquí en la oficina, los hay de todas las madres._ Imaginó Manuel, soltando una sonrisa tácita y alegando._ Bueno; realmente, en este departamento estamos: ¡Estás tú! que soy yo, Manolo y Manuel. _ Benito, _José Carlos a la izquierda y de frente tenemos a _Conchi y a Cheli que aparte de ser dos monadas, son bastante descaradas. _ Objetaba el otro yo de Manolo



_ No creo, que se quejen, la vista está para usarla. _ Musitó Manolo, inspirando aire para sí.

_ Desde luego ellas, cuando llevas la corbata torcida procuran colocarla bien._ Replico Manuel, con esa retentiva que tienen las conciencias austeras.

_ ¡Qué me dices!

_ No seas proceloso Manolo. Sabes bien a lo que me refiero. Se acercan, te dicen oye nene, voy a instalarte bien el nudo de tu corbata, que lo llevas muy encorvado. Se aproximan, la palpan y aprietan. ¡Claro al nudo me refiero!



En la primera fila de mesas de la gran sala, justo de frente, a pocos metros Conchi, sentada con su minifalda blanca, sus zapatos de verano con los pies descubiertos y sin medias, al principio las dos piernas, las tenias recogidas muy juntitas y en genuflexión dirección de derecha a izquierda. En zigzag. Como queriendo que entre aquellas dos extremidades tan afeitadas no se dibujase nada que hiciera saltar los enfoques de las lentes graduadas de los allí presentes.

_ No lo sé, pero desde luego, estas extremidades así como las enseña Conchi, están expuestas a cualquier interpretación._ Sentenció Manuel, la consciencia de Manolo.

Es una mujer equilibrada, solo bebe agua mineral con barritas de ese choco chas; que no es ni cacao ni leches, solo sabe comprobar las calorías y eso sí, el agua fresca la bebe a litros, se debe llenar el estómago y cuando va al excusado todo lo que engorda lo pierde en el regadito._ Manolo informó cerrando sus ojos y secándose la frente.

_ Es una morena de tomo y lomo, que acredita tener treinta años._ Anunció Manuel, siguiendo con su tesis. _ Yo le echo algo más, pero qué… en lo visual no caben cifras, o estás cañón o eres sebo para gatos.



Cuerpo de Escipión, cabello corto, y recogido, ojos de pantera y cutis de gacela, viste y calza a la moda de la minúscula tela, o la llamada mini falda y cuasi jersey, sujetadores de cuenca de concha marina y tensores trasparentes para alzar el escrúpulo del sentido pectoral. Medias de caña alta, veraniegas para aumentar el perfilado de los muslos y redondeces de la pierna. Liguero de cabaretera, con flores y dibujos frescos. Se toca los pies con unas sandalias parecidas a las que le regaló Sansón a Dalila y nos contaron los escribanos de las Sagradas Escrituras. Su blusa transparente de lino blanco, calca al trasluz el fondo que tiene con medidas exactas, a poco que parpadees, la imaginas al detalle y titilas al avivarte. Escote “palabra de honor”, así le llaman, pero más bien parece, “peligro de alta tensión”, dejan traslucir el encanto en vatios de la sonata de Wagner con melodía de Harry Bellafonte. En el cuello pende una medalla de la Virgen del Rocío, que le queda entre la canalilla de los pechos en perpendicular al vacío entre dos depresiones o vertientes, asida con la cadenita que trenzada de oro juguetea y chisporrotea cada vez que el ardor la expulsa en su ardid de caminar.



Por qué será que los ojos siempre van a posarse donde está lo más encantador y lo bien bonito. _ Pensaron en este caso Manolo y Manuel, que son la misma entidad, solo que uno hace el papel en persona y el otro es el ente más puro del “otro yo”, escondido en cada cual.



En la mesa de al lado, se ubica Cheli, una rubita natural de estatura alta, con unos zapatos de tacón que mete miedo. Si se cae de ahí encima puede desatar la trigésima estratagema ecuménica. Cabello natural caído en la espalda, liso fino y unos ojos que no miran. Solo ven, parecen los semáforos de la Angelical, solo parpadean cuando sienten frío. Descote a la irlandesa, camisa sin mangas, sin espaldera y solo con dos sonrisas, aguanta el cuenco del sostén sujetador de las sobresalientes tetas. Femenino cien por cien, modelito espasmódico, no apto para los que padecen asma, ataques al núcleo del esfuerzo principal y los que están afectados de cataratas. Del cogote, se inclina una medalla de San Jonás, que debe estar más a disgusto que un condenado a galeras. “Mirarás pero no tocarás San Jonás”. Este Jonás, fue un profeta del antiguo testamento, dice la leyenda que sobrevivió varios días en la barriga de una ballena. Por eso el mencionado medallón, no hace más que saltar entre pecho y pecho y para descansar queda asido en la cuneta zanja, en la acequia de separación de las mamarias.

Su faldita roja es ancha como la bufanda que regaló la yaya de caperucita, a su nieta por navidad. De color y de diseño, la talla creo que es bastante más pequeña. Es como una solapa batiente, que intenta tapar algo, pero que no lo consigue, ya que siempre sabemos el color de sus prendas íntimas, lo que vulgarmente denominamos shorts.



_ Cada vez cuesta más mirarles a los ojos. No digamos por encima del estómago y en el escote de la blusa. Dudamos en colocar los ojos._ dijo Manolo a su cognitivo Manuel.

_ Hace poco decíamos, que los ojos iban a posarse en lo más atrayente. ¿Lo dices, por los escotes, que gastan?_ alegó Manuel.

_ Lo digo por las estampas y audacias abultadas que enseñan. ¿No saben que aquí se intenta trabajar algo?_ Arguyó Manolo y haciendo un gesto a su conciencia, le alertó para que prestara aún más escucha._ Observa; ahora llamará Don Matías a Conchi. Verás cómo actúa. Cada vez que suena el timbre del despacho del jefe, se levantan, se miran la barriguita, se tocan el flequillo, se abren un poco el escote y adentro caminando en balan sé.



_ ¿Se puede Don Matías? _ cantó Conchi, con agrado y sonriente a la vez que camina con ese salero tan gracioso. Zambombazo de caderas y pasitos ensayados.

_ Pase…pase Conchi, que voy a redactarle una carta._ Cerrándose la puerta tras de sus espaldas, _ mientras Cheli, atenta repasa la copia de seguridad diaria de los clientes. Sentada de frente a los demás técnicos del Departamento.

_ ¡Bueno, volvamos a la realidad! y trabajemos algo, que después, gritamos con gracia ¡A correr Nancy! No acabamos la labor en el horario de trabajo._ Manolo le dijo a Manuel, hasta luego, _ de forma subliminal y quedó en su mesa de despacho intentado aplicarse.



Las dos secretarias, salieron del despacho, muy simpáticas y agradables, ¿otro aumento? ¿Habrán conseguido objetivos del año y don Matías…? _ pensaron cada uno de los compañeros sin mediar palabra._ Las dos ayudantes charlaban entre ellas muy amigables, cuando en realidad no se pueden ver. ¡Se odian a muerte!



La sensación que dieron ayer mañana en la zona de descanso fue de tenerse mucha rabia y envidia contenida. Conchi, se había puesto una marinera del mismo color que Cheli y mucho más insinuante que su compañera. Ese detalle tan simple de coincidir en el color de la sayuela les hizo montar la trementina y la tuvieron cojonuda. Se dijeron de todo menos bonica.

¡Eso si lo tienen! No son nada rencorosas tocante a según qué temas, disimulan bien. A los pocos días; como si no hubiere pasado nada. Regresan a quererse hasta la muerte.

Apuntan al nombre de la perra, se acuerdan de quien las parió, pero al rato, se llaman cariño …amor, cielo y, se hacen jeribeques y cositas. ¡Estas trepas! No hay quien las entienda.

Se han sentado ambas en sus bufetes y se observan de reojo, están descuidadas y con ganas de pelear, veremos en qué queda y que festival celebramos hoy, el de “Europa sin son” o el de “Estriptis en el Data Center”.

Conchi ha bajado la guardia, separa y agrieta las piernas más allá de lo normal.

_ Esto es la ostia, vamos a ver Quo Vadis, como siga así. _ Pensó Manuel, que de pronto, le habló incumpliendo lo pactado a su análogo yo.

Manolo, no puede con las gafas, se las ajusta, está viendo el túnel del Cadí en formato 3D, es un film de Hitchcock de la ferretería de doña Gertrudis.

Benito, relame sus hocicos y codicia la melodía de los de Nicaragüenses Carlos Mejía Godoy y los de Palacaguina. El sulivello, son tus perfúmenles mujer

Que espectáculo ¡Dios! Se les dibuja el Collado de Toses, se ve hasta la garganta profunda del triángulo de Bermudas.

José Carlos, está tosiendo del apuro, sin apartar su mirada afilada, las damas, ambas consentidas y bregadas en labores de enseñanza de geografía corporal, les están viendo y, pensando que tontos son estos tíos. Que calientes están, como les dominamos, con tan solo este gesto de visto y no visto. Me abro y me cierro. Enciendo y apago. Un movimiento sexy de los del bayón del gato. ¡Cómo queramos! Piensan las dos con esa suficiencia que les da su postura y posición en el departamento. ¡Es verdad! ríen y gozan a la par que ellas mismas disfrutan del gran espectáculo.

Al pronto pillan a Manolo, que está comiéndosela con la vista muy descarado y Conchi pregunta mirándole a los ojos: _ ¡Manolo y tú que miras!, _ interpela con énfasis sin dejar de observar a su compañera por el rabillo del ojo.



_ Que deseas saber doña Conchi. ¡Exactamente! _ repuso con sosiego y sin apartar los ojos de aquel triángulo semi equilátero panorámico, que mostraba el dibujo de una fábrica de ambiciones y las mentiras de ciertas exageraciones que suele dar la elucubración desmedida._ Mientras su compañera Cheli, se desmelenaba en su pose y descontrola sus piernas, apartándolas para que el aire acondicionado lubrique la zona cero y la vista de los compañeros tropiece en el conjunto intimísimo del meridiano del Center.

_ Te pregunto Manolo, que estás mirando. ¡Tan descarado!

Manuel, el escondido, el otro yo, el imaginario, le aportó fuerzas y talento, para que el tan sumiso Manolo, el de carne y hueso, pudiese descararse con semejante pimpollo, pudiendo tener su minuto de gloria en aquel departamento de la seguridad de la información de aquella remilgada empresa, que para todo tenia protocolos y procedimientos, menos para el control sexy de sus empleadas.

_ Pues miro, ¡lo que enseñas! ¡Así de claro! Lo que tú quieres que te veamos. ¡Te miro el culito lindo! _ Repuso sin cortapisas y con impudicia varonil, manteniendo la vista bajo aquellos bufetes que mostraban aquellas ficciones hollywoodienses y que las dos señoras pretendían quedaran todos muertos del impacto, de asosiego, durante los largos instantes que duró la escena.

José Carlos había dejado de toser y entonces, le caía la baba, cual párvulo travieso al degustar por primera vez una porción de chocolate de almendras.

Benito que se había cambiado los anteojos de lejano por las de próximo, para no perder hilo en aquella refrescante situación, no se aturdió con las estampas extrasensoriales. Aunque hubiesen durado media hora, él, sin prisa y sin pausa hubiere seguido disfrutando de las escenas. Mejores en calidad y proximidad a las de la película de Instinto Básico.



_ Menos mal, señor Manolo, que eres sincero y no te cortas._ Adujo Cheli sonriente y complacida que estuviéramos viendo la entrepierna que ella mostraba, sin el mínimo pudor.

Tomó la palabra de nuevo Conchi y dijo muy graciosa_ Pensaba que ibas a negar que mirabas. No te pase como a Benito, que cada día se le cae el lápiz debajo de la mesa y se tira media hora buscándolo y mirándome los bajos y las piernas.

En aquel santiamén se abrió la puerta y salió enfurecido Don Matías ¡GRITANDO! como un desquiciado._ ¡Coño señoras! está bien que enseñen carne fresca en el despacho, pero tengan cuidado que a estos chicos les crece el balance, se les cuelan los virus, se les hincha la carótida, les cae el servidor Mainframe y se les olvida el Computar. Estamos en un departamento de seguridad, y ustedes siempre llevan el culo al aire. ¡Tápense ya! Y pónganle nuevas palabras claves a sus interioridades.