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sábado, 22 de octubre de 2011

5º Festival de la Tardor

El día 29 de octubre, día de San Narciso, el Patrón de las moscas, se celebra el  quinto Festival Benéfico de la Tardor (otoño) en el paraninfo del Teatro de Can Masselleras.
Las Actuaciones son variadas y pintorescas por su contenido, otras, las conocidas y divertidas estan al alcance de los que quieren pasarlo genial. 


Aqui dejamos el cartel anunciador con todos los detalles, dia de celebración, hora de comienzo y ¡Atención ! La venta de entradas ya está puesta en las taquillas de la Asociacion Vinyets Moli Vell, en horario de tarde, de 18 a 20 horas de lunes a jueves.

Recordar que es un Festival Benéfico con destino a la Cruz Roja Española

  

Entre el Elenco de Variedades, figuran el Ballet de baile del BAOBABS, Academia de la ciudad, donde estan aprendiendo a bailar centenares de personas. Las cuales vemos en todos los encuentros de música que se celebran. Esos movimientos sexis de cintura que nos regalan, el bolero bailado con esa atención a los pasitos, sin perder ni uno de ellos, fenomenal  tarea la que desarrolla esta academia




El Ballet de Maria Luisa Fernandez, con sus bailes extraordinarios, hace del arte un fluir de sensaciones, que llegan al publico, con músiscas de autores españoles reivindicando la buena música española y el buen momento por el que pasa.




El aforo del Teatro de Can Masselleras, es amplio y moderno, con mas de trescientas cincuenta butacas, comodamente instaladas para que el público se sienta a gusto y en perfecta comunion con los artistas que desde el escenario proclaman su trabajo




El Cantante de Boleros Mario Manuel, residente en Sant Boi, venido de Perú, canta boleros y es muy apreciado y conocido en estos sectores del bajo llobregat. Interpreta sus canciones con ese apasionamiento tan sublime y le pone el acento a sus melodias, haciendolas del todo románticas. ( Fuente Retalls D'Art )



La Poetisa Ana Otero, rapsoda creadora de poemas, ha participado en numerosas revistas de poesias y de arte, es pintora y expone cada primer domingo del mes en las Ramblas de Sant Boi, sus cuadros y creaciones. 




Humor a cargo de Chevalo un ventrilocuo de prestigio que recorre los mejores teatros y escenarios de media España, con sus personajes, creados y dándole vida a pesar que esten hechos en madera. Un humorista acreditado que expone y dramatiza los mejores gags en los personajes del momento. Domina el escenario como pocos y se entrega tanto que el público, le acoge a los segundos de su presentación. Varios personajes son los que lleva en su mochila y a cada cual le sabe dar el temple y la voz necesaria para arrancarnos la risa y entregarle el aplauso fácil y sin complicaciones.









El grupo de rumbas de Free Style llamado Grup la Banddarra Rural también aportará esa luz y ese ritmo tan apreciado por nuestros semejantes, como es la rumba. Ese ímpetu maravilloso que le imprimen a sus canciones, esas guitarras flamencas que se avienen con la esquisitez de la rumba y esas voces entrelazadas que demuestran la categoría del Grup haran que los espectadores de Can Masselleras disfruten de toda magnificencia repartida entre las butacas, haciendo olvidar los problemas más acuciantes y llevandoles a gozar de ese arte que ellos colocan en los auditorios.

Para cerrar el espectáculo, nos tocará la guitarra como él sabe y nos cantará Antonio Morales, el "Chiclanita". Guitarrista consagrado, y cantautor de prestigio. Hombre sereno, sencillo, artista bueno y divinizado, su dominio de la guitarra es palpable y su música es penetrante y perfecta. Lo mismo toca una "soleá" que una "taranta". Es el cantante andaluz, que le hemos escuchado en una composición de Joan Manuel Serrat, cantada en catalan con más aceptación y con más crédito, con su pronunciación del sur y que mejor ha plasmado el sentir de esa preciosa canción. Antonio Morales, no hay que descubrirlo, porque ya se descubrió él solo hace muchos años, ahora nos toca agradecerle su concurso y escucharle, disfrutar de sus arte y de su presencia.

Raimundo Omella  Presidente de Avv Vinyets Moli Vell. foto E.Moreno



Las autoridades de la Cruz Roja locales y Comarcales haran acto de presencia. Así como el Alcalde de la ciudad Don Jaume Bosch. Contamos con el apoyo de todos, queremos veros a todos que atestéis el aforo del teatro para esta buena causa que presenta la Asociacion de Vinyets Molí Vell, que con su junta al completo capitaneada por Raimundo Omella, su presidente, sabe y hace disfrutar a los que le siguen. Por su entrega, por su generosidad y por su dedicación en cuerpo, talento y alma a la causa de la entidad que preside. Si no fuese por estas personas que lo dan todo a cambio de nada, no serían posibles estas representaciones, ni otras muchísimas cosas que estan consiguiendo para la ciudad, para la comarca y para la entidad que gobiernan.

¡Amigos sacad vuestra entrada!  y pasad a recibir un poco de felicidad que repartiremos a granel el próximo dia 29 de Octubre en la sala de Actos de Can Masselleras




martes, 11 de octubre de 2011

Condimento



Cuenta amigo estimado,
hace días que no instigas
con tu canción delicada.
Pareces dolido. ¡Hueles raro!

Algo pasa, no mientas
es anormal tu presencia,
tan triste y desabrida.
Huyes de la apariencia

No percibo. ¡Que te asiste!
Es disgusto, no lo sé
mal estar;  parece ser.
El desconsuelo concurre


Noto y percibo que usted,
tiene las cosas claras,
habla sin tanta algazara
y mira por ende también.

Es un mal.  El que provoca
que lo advierta tan dolido,
amargo muy decidido,
que no alcanzo comprender.

Venía sin cortapisas
a pedir explicaciones,
que me diera las razones
para que pueda entender.


Ese perfume que embriaga
sale de su blanca saya.
Bálsamo de sangre.
Más diría, que es vinagre.

Es mujer, la que le aparta,
del camino del placer,
que le irrita y no pretende
sus amores merecer.

Un poco de humor faltaba,
sin ofensas ni desplantes.
A esas dudas esperadas,
que no supo resolver


Penoso ¡Sí que lo fue!
Estaba tan animada,
diría que ilusionada
y se quedo sin papel.


El motivo suyo es,
que pretendiendo querer,
aliñó albóndigas afectivas
y con vinagre fue a verter.

Incapaces de comer,
los allegados probaron,
por no ser mal educados.
Ante su rara memez


Exquisitos, son bocados.
Extraordinarios y raros,
solo usted puede probarlos.
Se guisaron en su honor.

Por tanto ha de catarlos,
de comerlos, saborearlos
para que aprenda que ingrato,
es probar el desamor

Es vinagre con pan,
eso lleva el canapé.
Pan con vinagre, otra vez.
Que le aproveche a usted.


Agridulce aliño, es.
No quisiera entorpecer,
el engaño era esperado.
Degústelo con placer.

El vinagre es curativo
favores ha de tener.
ahuyenta toda presencia
de un trapacero, como usted.

Ella guapa, delicada,
tan lista y tan preparada,
supo ver que la engañaba.
Destapando la jugada,
mandándole a merecer.


Con un chorrito de vinagre,
y el aliño de su parte,
no pudo más que marcharse,
Patas abajo. ¡Qué Alarde!







martes, 5 de abril de 2011

Me bajo en Triunfo... Capitulo 10º

Me bajo en Triunfo... Capitulo 10º  lo sucedido

Me bajo en Triunfo


El reloj iba corriendo en su lento pero inagotable compás, haciendo de aquellos instantes una pesadumbre agotadora y añadiendo mas adrenalina negativa en el cuerpo, porque no era posible solucionar aquello en un santiamén. Respiraba profundamente llenando los pulmones de aquel aire rancio y viciado que junto con las succiones de su cigarrillo, debía ensuciarse los pulmones más que si estuviera en el estercolero de la ribera de Chernóbil. Los dos holgazanes que merodeaban hacía poco por el pasillo habían entrado acompañados de sus abogados en la Sala de juicios y parecía que el magistrado les encontraba mucha miga para poder dejarlos libres como pajarillos silvestres.
Sus cataduras personales invitaban a no tener relación con ellos, o cuando menos a no cruzarse en sus escarpados caminos. El rostro es el espejo del alma, esta máxima no siempre cumple, como todas las reglas tienen deficiencias de bulto y no son exactas, pero a menudo se acercan a la veracidad.
Plácido, el guardia Civil que se había retrasado en su llegada, se mostraba inquieto como todos los demás, pronunciado por el cansancio de su último servicio, jugaba con sus gafas de sol, mordiendo una de sus patillas y cambiándolas de bolsillo, en un devenir nervioso y torpecino. Semejaba tener mucha y estrecha relación con su compañero Antonio Carlos, o por lo visto habían tenido muchas vivencias profesionales en común, no parecía en lo absoluto fuera agente de la ley, más bien recordaba a un repartidor de productos de cosmética, a tenor de lo cuidado de su cabello y de sus manos, muy aseadas y diminutas, pulido en su vestido, sencillo pero acompasado con el color y el rasgo de sus facciones, de carácter dúctil y comprometido con sus creencias.
La funcionaria hizo otra aparición en escena, llamando al testigo, que esperaba tranquilo mirando a los agentes, sin prestarles demasiada atención, solo correspondía a sus intereses por educación y corresponsalía, el sujeto no estaba muy distante y utilizó su zancada para presentarse ipso facto al requerimiento, se anunció a la mujer que desde que comenzó a andar ya lo miraba atentamente y esta lo hizo pasar a un reservado previo al lugar donde se iba a celebrar el encuentro con la interrogación. El lugar no era precisamente un paraíso pero tampoco era espeluznante ni horrísono, allí estaban esperando personas todas ellas prestas a intervenciones frente a las tan traídas y llevadas leyes. Acompañados de sus representantes legales de turno, justo a la diestra, unos despachos con los funcionarios del juzgado, encargados de los archivos y pliegos, sus máquinas de escribir funcionando con la quinta marcha, los teléfonos mordiendo el silencio por no ser descolgados, daba sensación de efectividad y de concentración en el trabajo, carpetas de dosieres por todas partes, soportadas por un mobiliario bastante nuevo, en color crema colada.
Al observar aquel movimiento, pronosticó que no se demoraría por más tiempo su comparecencia, la iluminación era más poderosa y efectiva y los detalles quedaban más denunciados. Después de los pasos del hombre que debía atestiguar, la oficiala que con la sombra de su figura delataba su persecución en la corta distancia, no sin antes haber invitado a los agentes a que estuvieran prestos y caminaran hasta donde se encontraba el primer nombrado.
Volvían a permanecer de nuevo juntos, esperando solo penetrar por el umbral de la puerta que cerrada permanecía y que tras de ella, se escuchaba el golpeo de algún cuerpo contundente sobre una base sorda, amén de murmullo de voces y ruidos provocados por la supuesta gente que allí se encontraba en la Sala de Instrucción.
El comentario de los agentes fue que no habían visto al acusado por ningún sitio, que era probable estuviera cumpliendo la sentencia. Allí sólo estaría su abogado. La oficiala, tomando del brazo izquierdo al testigo lo introdujo antes que ella frente a los magistrados.
Estancia grande y perimetralmente cuadrada, iluminada por uno de los ventanales situados a la izquierda dónde penetraba la luz del día, ayudada por los focos potentes que del techo pendían, amueblada con los clásicos pupitres creados por artesanos, con gusto y clase, propios del sitio dónde se hallaban, el estrado en alto y aposento para la estancia de los ayudantes magistrados, adornada la madera con torneados en las patas y dibujos incrustados en los fondos, engalanados y grabados a mano, los típicos de la balanza ponderando la palabra LEX, con sus características grafías en latín. Una decoración portentosa de auténtica valía.
Las paredes blancas, estucadas con gotéele grueso pero a tono y deslumbrantes por el lumínico de uno de los focos que la golpeaban con su luz indirecta, haciendo que las sombras no existieran, como imperativo a que prevaleciera únicamente la verdad y la autentica claridad. En el suelo, extendida una gran estora morada, gruesa y molluda, dando un placer regenerador a los pies, que de tanta espera soportando el peso del cuerpo, necesitaban de un relajo confortable. A la izquierda bajo los miradores, un estrado más reducido, dando cabida a la parte defensora, construido en madera de roble con un par de peldaños grabados a la usanza y barnizados en tintes caobas. Frente a esta, otra tribuna de dimensiones y de estructuras exactas, dando ubicación al fiscal. Entre el estrado principal y los dos más reducidos, un área dimensional decorada con balizas de bronce entrelazadas por cordones de blonda a modo de balaustrada. El cuartil central estaba fúlgido, esclarecido desde una imaginativa araña cenital, que con sus hercúleos faroles de luz directa, indicaba el punto dónde debían situarse los exhortados. El techo decorado con adornos de escayola, resurgía y llamaba la atención por el buen gusto. En el suelo otra gran y mullida alfombra bermeja, esperaba inerte recibir las pisadas de cuantos allí testificaban. En los laterales del recinto, con una visión optima, de cuantos allí estuvieren, los asientos en madera lucida, para los asistentes a juicio, permanecían desiertos al ser causas sin magnitud y sin concurrencia.
Presidía la Magistrado oficial, acompañada de dos jueces auxiliares también féminas. La Juez, una mujer oronda, provista de una enjundia personal sobresaliente, entre rubia y pelirroja, con un toque de maquillaje sutil y los labios pintados en color rojizo, los ojos ribeteados por una mano hábil al distribuir el rímel negro, miraban atentamente sin pretender perder detalle y con la seguridad que veían mas allá de las presencias personales de cada cual. Las orejas le quedaban disimuladas por la gran cantidad de cabellera que contorneaban su cara. Nariz egipcia larguideforme, con pabellones respiratorios amplios, un tanto desviados hacia la derecha. Sus manos pequeñas e inquietas, jugueteaban con un lapicero. Ornamentada con aquella toga negra zaino, limpia y planchada, todo lo tenía bajo el control de sus ínfulas. A su diestra, la ayudante con el pliego del juicio, leyéndolo y tomando notas en papel separado, pelo muy corto y grandes hombros. Sus movimientos eran de ser una mujer nerviosa e insegura, trataba de no ser observada ni si quiera descubierta, como si la hubiesen puesto allí como pieza decorativa, para que no pudiese quedar menoscabo. Por su postura debía ser de mediana estatura y pies pequeños, no resaltaba por sus cualidades de belleza, pero tampoco era una calamidad, ni una desilusión. Tímida y cortada, siguió tomando notas sin levantar la cabeza y mirando por el rabillo del ojo. A la izquierda, la ilustrada que restaba; una mujer descarada y por su aspecto simpático, sin demasiados alardes de buena educación, pero directa y eficaz, no cesaba de mirar con fijeza y curiosidad, a cualquier movimiento o a indeterminada persona, que allí permaneciera. Sus ojos pequeños y punzantes lo recorrían todo, grandes orejas, soportaban las patillas de unas gafas ridículas, teñida de una coloración entre violáceo y mostaza, barbilampiña y boquigrande.
En el banco de la defensa esperaba el abogado renqueante, el que defendió en primera instancia al ratero, el día del delito y en el pedestal de inculpación otra mujer; la fiscal. Malcarada, seria y locuaz, con predisposición a pocas bromas y amiga de soluciones rápidas, no muy agraciada en lo físico y feminidad escasa. Todas ellas con su toga negra colocada, con el rebosa mangas blanco y el alzacuellos desabotonado. Al entrar el testigo acompañado de la oficial, lo situó en el cedido central, quedándose ella en el lateral justo tras la puerta. La mirada del testigo chocó con la de la Magistrada principal, la cual observó desde los pies hasta la cabeza, al hombre que en posición cuasi de firmes esperaba el comienzo y sólo miraba a la Presidenta a la cara, el resto de letrados estudiaron visualmente al hombre que fue interpelado por la juez.
_ ¿Sabe usted que no se puede mentir? _Preguntó la juez con rotundidad.

_ ¡Si, lo sé! _Contestó el testigo, mirando fijamente. Ordenando en aquel instante que jurase que sus declaraciones fueran verídicas y que debía ajustarlas a la más estricta realidad, sin mediatizarlo con el ritual de levantar la mano derecha y hacer el juramento sobre una Biblia.
_ ¿Conoce usted al acusado?_ Volvió a inquirir la jueza
_ No le conozco de nada_ Sentenció el hombre, ya un poco más relajado, haciendo un repaso visual sobre la sala, los letrados, ayudantes y como estaban dispuestos los detalles. Era la primera vez que se encontraba en un lugar semejante. No le había pasado jamás por la imaginación, una cosa similar, no estaba contento, pero tampoco apesadumbrado, ni temeroso, se hallaba ágil para responder a las preguntas del interrogatorio, e incluso para analizar la situación si hubiese sido pertinente.
Pudo comprender que aquellas magistradas eran de la misma guisa humana que cualquier otro mortal, de los que trataba en la vida. Intentaban desarrollar su trabajo lo mejor que podían, no sin querer implantar una seriedad al más puro estilo del que se ven en los telecines.
La juez le recordó que estaba bajo juramento y que se atuviera a las preguntas del gabinete fiscal. Girando la cabeza hacia donde se encontraba aquella mujer de mirada aguileña, que en todo el transcurso, desde la aparición del testigo había dejado de observarlo profundamente. El declarante siguiendo las instrucciones recibidas volvió la cabeza a su derecha y allí, sentada, elevada por la altura que tenían los estrados, esperaba que sus miradas se cruzasen.
_ ¿Era usted, propietario del vehículo en cuestión en la fecha de autos? _ Preguntó releyendo en sus registros y anotando mientras esperaba la respuesta a la pregunta que había manifestado
_ Si, lo era y lo soy _Contestó, con voz uniforme, sin titubeos y mostrando seguridad y veracidad.
_ ¿Cuándo denunció la desaparición?_ La fiscal
_No pude denunciar absolutamente nada _El testigo con aplomo.
_ ¿Por qué, no lo hizo? _ Siguió aquella mujer
_No advertí el hecho, hasta que me alertó la Guardia Civil de tráfico _Dijo el hombre sin ambages, queriéndose quedar con todos los detalles y sensaciones del momento
_ ¿Cuándo le alertaron a usted? _ Preguntaba la fiscal, ya mas metida en harina y escuchando con una profunda atención. Había dejado de tomar notas y su mirada estaba fijada en aquella persona que tenía de frente contestando de manera cristalina.
_Serían entre las cuatro y media y las cinco de la madrugada de aquel día, cuando sonó el teléfono y me dieron la noticia_ Asentó, no con un esbozo de sonrisa cáustica, intentando seguir argumentando el hombre en su locución con manifestaciones personales y de quejumbre, cuando la magistrada principal, haciendo uso del mazo, golpeándolo tres veces interrumpió el parloteo del declarante.
_Ajústese a las respuestas sin opiniones personales _La jueza. El hombre quedó mutis y mirando a la magistrada, vio que se le comía con su mirada desorbitada, demostrando no estar dispuesta a dejarse desautorizar por nadie y menos con verbos de lamento que no aclaraban nada.
_Prosiga la fiscal_ La soberana dirigiéndose a la parte acusadora.
_ ¿Usted había prestado el vehículo al encausado? _ Preguntó con guasa la representante del Ministerio Fiscal.
_Oiga, si le hubiera prestado el coche, le hubiera dejado también las llaves, para que no tuviera tanto problema en llevárselo_ Respondió el testigo, con indignación a la pregunta formulada. De nuevo abortó la jueza, con aquel repiqueteo sordo del mazo al estamparse contra el círculo de corcho que servía de paragolpes.
_Limítese a responder, lo que se le pregunta_ Arguyó aquella mujer oronda que trataba de encauzar la declaración sin altercados, atisbando a la fiscal y sin mediar palabra, con la mirada, recriminaba el tipo de preguntas que estaba haciendo.
El testigo, volvió a callar y a esperar nueva pregunta por parte de la fiscal, la que sin menoscabo, se le denotaba una sonrisa de hipocresía.
_ ¿Cuándo vio, el auto por última vez?_ Preguntó
_El sábado, anterior cuando lo estacioné, sobre las tres de la tarde. _Contestó el hombre, llenándose los pulmones de aire.
_ ¿El sábado que usted menciona, era el día anterior al suceso? _La fiscal.
_ Así es, justamente_ Contestó
_ ¿Comprobó al estacionar, que estaba bien cerrado su vehículo? _La fiscal
_Naturalmente, lo hago siempre que estaciono _Respondió el hombre con genio.
_ ¿Dónde dice usted, lo tenía estacionado?_ La fiscal, repitiendo el mismo tipo de preguntas, cansinas que no resolvían nada. _ Frente a mi domicilio habitual_El testigo
_ ¿Cómo encontró el coche?_ La fiscal
_ El coche cuando lo volví a ver, lo habían hallado los agentes de la policía de carreteras y lo tenían en depósito en las dependencias de su acuartelamiento _Contestó con un gesto de pesadumbre y de lamento. A punto de reenviar a cierto lugar a la interrogadora.
_ ¿Tenía desperfectos? _La fiscal
_ Estaba que daba pena, tenía violadas las cerraduras y las puertas, la dirección rota y deterioros y abolladuras en casi todo el chasis_ Contestaba aquel hombre, recordando la imagen de su vehículo, con desilusión, viendo que encima de ser el perjudicado, toda aquella trama de preguntas, iban encaminadas a beneficiar al sinvergüenza y ladrón, para encontrar en todo aquello alguna atenuante a su falta y así no castigarle tanto.
_ ¿Reclama algún detrimento?_ La fiscal
_ No quiero, interponer absolutamente nada. Es así y me han calentado la cabeza, perdiendo tiempo y dinero y….
Fue nuevamente interrumpido por aquel mazo de la jueza, siendo esta vez la sonoridad, más audible.
_Le repito al testigo, que se limite a contestar a las preguntas que la fiscal le hace, sin entrar en valoraciones personales_ La Instructora ya un tanto molesta por los desaires que ofrecía el interrogado. Cerró nuevamente la boca el declarante, con ganas de enviar a sitio célebre a alguien, al tiempo que miraba tras de sí, donde vio a la oficiala muy atenta a lo sucedido.
_ No tengo más preguntas Señoría _Se dirigió la fiscal a la Magistrada, dando por concluida su actuación y perorata de tontas preguntas, pueriles todas ellas y sin transcendencia.
No entendía absolutamente nada, por las referencias que el testigo tenía de lo que era una vista de juicio, o quizás por el cine. Esos famosos juicios, donde se imparte siempre la verdad. El que es inocente sale resarcido y el acusado por culpable paga su delito con equidad. Mirando a la Señora Juez, se diría que el declarante testigo era el infractor del mayor escándalo mundano y el insolente que no había aparecido, era tratado en la distancia como un pobre desvalido, que la sociedad lo ha maltratado, que no trabaja porque nadie le da empleo y por eso se ve obligado a desvalijar y a delinquir.
La Magistrado mirando a su derecha manifestó si había preguntas por parte de la defensa. Alegando el abogado que sí.
_ Por favor, conteste a las preguntas del Defensor_ La togada, dirigiéndose en un tono sosegado al hombre que ya estaba un tanto impaciente e impotente por no haberle dejado expresarse a su forma y así encontrar un desahogo. Con cara de malas pulgas encarnaba su papel. Quien quiera que viere a la tal señora en su cometido de impartir justicia, no podría asociarla jamás a una casera sencilla y humilde mujer.



Capitulo 10º de la novela Me bajo en Triunfo
Todos los personajes, escenas y comentarios, corresponden a la ficción
cualquier semejanza a los hechos, personas y entidades, seran fruto de la coincidencia
...Continuará

domingo, 27 de marzo de 2011

Me bajo en Triunfo... Capitulo 5º Descripción del juicio

Capitulo 5º Descripción del Juicio

Me bajo en Triunfo

Habían pasado cuatro largos meses, el asunto cuasi estaba olvidado, los recuerdos ingratos habían sido substituidos por la reciente Navidad y el comienzo del año Nuevo, que hacía pocas semanas se había inaugurado. Las noticias económicas prometían y hacían albergar grandes esperanzas en cuanto a la reactivación del país, los políticos empecinados en sus representaciones nefastas y absurdas, negando la evidencia en temas claros, llevando a la gente por los derroteros que a ellos convenía y distrayendo con grandes aspavientos de los asuntos verdaderos y de relevancia.
A los de a pié; las cosas no les sobrevienen por milagro ni por regalo y aún queda gente que está sin trabajoy lo necesita. Claro qué; si se observan las estadísticas, todas van a favor de corriente y los datosestán tomados de forma que benefician al que las promulga.
Una mañana fría del mes de febrero otra citación recibida por correo certificado, le llegaba a aquel hombre, que después de olvidar aquella odisea y dar por zanjada la vivencia, sólo pensaba en aquel desagradable asunto, cuando leía el periódico y traía noticias relativas a temas de litigios. En esas divulgaciones que abundan, dando situaciones miserables de enredos, engaños que tanto gustan a buena parte del pueblo. Fue en aquel tiempo y con aquellas circunstancias cuando quiso conocer más en profusión, aquel mundo tan soporífero que nunca había atraído su interés.
La cita daba instrucciones para presentarse de nuevo a vivir otro sueño imborrable, entre gente marginada. Lo oficial presuponía que se daba por enterado pero para más inri le obligaba a presentarse mucho tiempo antes de la vista para tomarle de nuevo los datos y que certificara su conformidad de presencia el día de autos.
De nuevo viajaron los pensamientos, elucubraciones y fantasías, por un hecho del que le producía fastidio. Era la invitación obligada a presenciar toda aquella farándula irritante, con la más genuina insatisfacción, desencanto y miseria
Aquel hombre imaginó al ladrón, que en primera instancia no se presentó y ahora, estaría detenido por alguna fechoría cometida y aprovechando su encarcelamiento le sometieran a una de las causas que tenía pendientes.
Vagamente recordaba su cara y tampoco hacía esfuerzos, ni tenía deseo de hacerlo. Daba el asunto por resuelto, le había contraído muchas molestias, para guardar sensaciones dignas. El paso del tiempo sustrae interés a lo negativoLa semana Santa de aquel año se presentaba bastante antes en el calendario que otras, el almanaque indicaba finales de marzo, aún no podía beneficiarse del buen tiempo, todavía refrescaba por las noches y las madrugadas, pero si podía acogerse al descanso y al recogimiento. No pretendía pensar en el juicio sin embargo, un mimetismo especial, como atraído por un poderoso imán, fue arrastrado a soñar de nuevo con aquel latrocinio.
Faltaba mucho trecho, dos meses, sin pretensión se abrió de nuevo en su psiquis aquella película, que tal vez entre pesadillas y a duermevela hubiere protagonizado con alguno de los actores más afamados de la cartelera actual. En pocos días nuevo comunicado de la ley, esta vez lo requería en forma de telegrama, la vista era para otra fecha completamente diferente, no coincidían ambas citaciones, pero tuvo que personarse en el ínterin a dar fe del enterado. No estaba definido el motivo, realmente se le convocaba dos veces, en fechas distintas y en juzgados opuestos. Pretendió satisfacer su curiosidad y al oficial de sala le mostró las dos cédulas requisitorias con una diferencia de fechas muy notable, después de comprobarlo le informaron que el delito se había disgregado en dos orígenes, dos causas orales diferentes y que se debían celebrar sendos juicios, ya que así lo tipificaba la ley de enjuiciamiento criminal.
No hubo más que volver a aceptar lo insostenible, no sin menoscabo y reproche por parte del hombre del traje dril, que intuía que el asunto iba a ser luengo y prolijo.
La Pascua había sido aprovechada para desconectar de las presiones, dar un descanso al cuerpo y un sosiego a modo de pausa, durante los días Santos, prescritos por el calendario y ayudado por las representaciones del pueblo, con sus procesiones religiosas, obligaban a no mantener más preocupaciones absurdas en la cabeza. El tiempo acompañó con su bonanza al recreo, a la tertulia, al contagio de buenas vibraciones, a las reuniones con amistades, a la buena mesa, un lujo incomparable.
Aunando en el aspecto cotidiano, oía con avidez noticias que reflejaba la política actual, con penosos hechos acontecidos y propiciados por banqueros del primer ranking nacional, que de hecho estaban siendo juzgados por malversación de fondos, y por asuntos turbulentos de escarnio y de estafa, que no hacían más que poner en alerta y necesariamente verse obligado a informarse sobre temas tan cercanos por su índole de semejanza. La política comenzaba a menear feos asuntos entre terroristas, acusándose entre diputados de graves delitos, con sangre de por medio. Por otra parte, esencial para ganar votos y simpatizantes, aunque para ello utilicen el desprestigio más vulgar y mezquino.
No es de extrañar haya tanta corrupción y desazón, carnaza para los descuideros que los hay y en gran número. Falta de previsión en asuntos tan sensibles como la inmigración descontrolada, las drogas que infectan a la sociedad y que no somos capaces de poner fin a tanta congoja
Pasaron lentamente los días y de nuevo se encontraba como al principio, en el andén del metropolitano, presto a recorrer la distancia y concurrir con su cita. La experiencia ya no era nueva y con mucho temple y claridad distinguía el papel que le correspondía en aquella historia, los movimientos ya no eran imprecisos, ni torpes, todo más o menos estaba ensayado, quizás fuese repetir el libreto con otros actuantes y otras excusas. A lo peor hasta conocía al huidizo ratero; aquel que en una ocasión le destrozó el coche y que ya creía no bifurcarían sus destinos de nuevo.
Con mucho tiempo de antelación se había puesto en marcha, no tenía ninguna premura en llegar, pero tampoco era de los que se retrasaba a sus citas. Se percataba de cualquier detalle por ínfimo que fuera, a parte; ya tenía en su propia condición, costumbre de practicarlo en su vida y no le ocasionaba distorsión.
Ascendió en el vagón de cola y pudo sentarse al ser principio de trayecto, habían plazas suficientes como para elegir sitio, las puertas se cerraron y comenzó la aventura. Un hombre tomó asiento a su izquierda con el periódico abierto dónde se leían con letras de portada el juicio y la fianza que habían solicitado para una celebridad; que había adquirido una popularidad amplia y extensa a causa de la prensa escrita y las cadenas estatales de televisión, por sus cuitas con enredos de bancos, de comisiones y de asuntos aún no esclarecidos. Familiarmente se le distinguía por su elegancia manifiesta, con trajes carísimos firmados por grandes diseñadores y pelo fijado con brillantina luminiscente. Hasta hacía poco fue presidente de uno de los mayores bancos de su país. Ciertamente este sujeto, si había ventilado cantidad de publicidad por tratarse de persona pública y notoria. Se había escrito ríos de tinta con sus miserias, todas nefastas, ahora iba a contracorriente.
La gente iba bajando y subiendo al transporte, unos al trabajo, otros a la universidad, cada cual concentrado en su propia problemática. De reojo iba leyendo la pancarta de las estaciones a medida que iban llegando.
Estaba en las escaleras mecánicas para efectuar el transbordo, la multitud bulliciosa con prisa le iba adelantando en su caminar, paulatinamente se acercaba al nuevo anden observando que las paredes estaban rebozadas de publicidad, invitando al consumo desmesurado.
Tranquilo sosegado y en perfecta disposición, se había apeado y se dirigía hacia la boca de salida que arrojaba a la calle. Día fascinante y luminoso, llegó a pensar que disfrutaría del camino, aprovechando la ocasión al no tener costumbre de pasear por allí, ni por asiduidad ni a las horas que entonces marcaba su reloj.
Encontraba diferente todo el espacio, los pasos directos y firmes le arrastraban sutilmente por aquella gran avenida, que desde la última vez que la empleó deambulando, la habían adornado con unas farolas excelsas con aire colonial, que todavía no estaban instaladas totalmente y que pertenecían a la nueva generación de artistas neo modernos. Mucha enjundia, más dominio ocupado y bombillas proporcionalmente chiquitas para lo que debían iluminar.
La brisa de la mañana golpeaba en su rostro, aspirando profundamente aquel aire nítido y marino, que proporcionaba la naturaleza, rodeado de los grandes árboles centenarios que adornan y dibujan un panorama delicioso, embelleciendo al Gran Arco del Triunfo, ya a sus espaldas y al parque de la Ciudadela de frente. Los barrenderos se aplicaban a desescombrar los alcorques de las aceras, de toda la hojarasca caída de los arbóreos y como no, de la cantidad de deshechos que propina la gran ciudad.
Los comercios estaban abiertos reclamando a los clientes madrugadores con ofertas llamativas, los tenderos y dependientes reflejaban en sus caras los restos de somnolencias y sus movimientos torpes y lentinos, con la mirada perdida, esperaban que el paso de los minutos les hiciera tomar el rodaje habitual para el desempeño de sus quehaceres. La retención de los vehículos ya se estaba formando en aquel sector, taxistas, madres con sus hijos camino del colegio, viandantes cruzando por doquier, abuelos tomando la brisa de la mañana, sin la menor urgencia, observando con detenimiento hacia el cielo y hacia el suelo, como implorando al Hacedor, con sus historias a las espaldas. Chiquillería revoltosa con sus carteras en el espinazo, portando sus propias dificultades de un sitio a otro. Indigentes famélicos y abandonados por la higiene, recogiendo restos de basura de las papeleras y los contenedores. Los quioscos pavoneaban las revistas y los diarios a la vista del gran público, para ser conquistados. _ La ciudad está viva. _. Pensó justo cuando subía por las escaleras del Gran Palacio de Justicia. Depuso atrás las camionetas celulares, portando reos con veredicto pendiente, que custodiados por los agentes de la guardia civil esperaban la hora de presentación.
En la entrada dos policías le hicieron desocupar los bolsillos y pasar entre el detector de metales, mientras otro en un rincón sentado frente a una cámara de rayos ultravioleta veía claramente lo que se depositaba en la cinta mecánica que lo transportaba al otro lado del fielazgo, dónde cada cual recogía sus pertenencias, allí había suficientes ojos como para ver detalles que sin dudar a cualquier mortal le pasaba desapercibido. No reparaba en nada más que en cruzar aquella barrera sin dilación y con la pretensión de que ninguna alarma alertara al personal.
Recogió lo que había depositado en la trenza transportadora, las llaves el teléfono móvil y su agenda, leyó en los carteles orientadores para saber exactamente a la planta que debía ascender, miró alrededor aspirando profundamente con resignación y contempló en décimas de segundo que no había cambiado nada.
Por la escalinata, en estado penoso, exacto a la última vez que merodeó, con la estricta iluminación, raquítica y difusa, con menos limpieza que en un muladar. Comenzó a subir peldaños, la gente estaba despreocupada haciendo conciliábulo de charlas personales, en los propios escalones haciendo tiempo o devanando sueños, otros bajaban precipitadamente sin freno y a lo loco, los ceniceros vacíos y los pretorios cubiertos de restos de colillas pisoteadas, los descansillos repletos de inmundicias, las paredes a lo largo y a lo ancho excretas, marcadas con grotesca guasa, esperaban inertes que cuando el presupuesto lo permitiera darles un rebozo de pintura.
Llegado a la planta donde está ubicada la Sala Cuarta de lo Penal, que lo recibió con idéntica postal, aglomeración de un lado a otro, voces altisonantes, humo de cigarrillos, recordó vagamente su anterior estancia y repasó mentalmente si había algún cambio en aquella gran cámara. Al igual que en la escalinata, la tilde de las paredes estaba hermanada en la indiferencia y en el desencanto, los cebadores de los fluorescentes cuasi agotados parpadeaban con cadencia de cojitrancos, los techos desnudos en la parte central, dejando ver las vísceras de las canalillas y los sostenes de la vieja instalación del aire acondicionado, que por lo visto no funcionaba, a tenor de lo que se estaba respirando.
Todo era idéntico, estricto, permaneciendo impertérrito a los sucesos. Los bancos de madera ya estaban ocupados en su totalidad por humanos que reclinaban sus espaldas en ellos, abandonando su cuerpo en espera de ser atendidos, no había novedades en cuanto al aspecto de la gran estancia, abarrotada de gente que balbuceaba como si estuvieran en la subasta regional.
Se aproximó enérgico a leer el tablón de anuncios, no estaban anunciadas las que se iban a celebrar. Se arrinconó en un recodo y aguardó, fisgoneando detenidamente a las personas que esperaban. Verificando con su avizorar quien podía ser éste o aquel, el papel desempeñado por uno u otro, el motivo de la cita y la causa. Miró su reloj y había llegado con una hora de antelación, de ahí que en la puerta de acceso al corredor, que justo linda con la Sala de Vistas, no estuvieran depositadas las listas con las razones pendientes.

Fin de la Segunda Parte " Me bajo en Triunfo"
novela narrativa de suspense: escrita por E.Moreno
Los nombres de los personajes, los datos de expedientes, los lugares citados no
se ajustan ni corresponden a la realidad. Cualquier parecido con los personajes, situaciones
o datos, es pura coincidencia.
Otro capítulo publicado de la novela, sucesivamente se iran editanto hasta completar.
Reservado los derechos de autor.
En breves días. (Continuará…)