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domingo, 6 de septiembre de 2026

Quién da más

 


Recalaron casi de sopetón aquella pareja de sobrevivientes en el mundo de la farándula, para poder comer y hacer frente a los gastos diarios. Esos que se dan en todas las familias y no puedes delegar en nadie. Con lo que cada cual, se ha de espabilar sin remedio.

Eran dos avergonzados un tanto asilvestrados. Por lo menos uno de ellos, el venezolano tenía, según refrendaba la carrera de médico de cabecera. En modo alguno ninguno de ellos, nada malhechores. Gente poco plantada en leyes del país, que sin embargo no les escaseaba esa vergüenza aludida.

Con todo y dada la falta de oportunidades laborales convenientes y provechosas para ellos—sacaron su genio afín. Manifestando su rabia los ínclitos Conrado y Saúl.

—Despegamos o nos arrastra la corriente, y creo que debemos luchar por salir adelante—Comentó el más valeroso.

—La forma y manera mejor y más efectiva de doblar el lomo manteniendo vicios, sin engañar a compañeros y patronos, es teniendo curro—explicó Conrado con audacia.

—No nos queda más, que buscar y encontrar un tablón, una brocha, un martillo. Algo que podamos defender y a ser posible duradero.

Precisamente debían cambiar el chip. La falta de oportunidades que se daban en la ciudad, la flojera de mucha gente que no quería trabajar y comer a costa de las subvenciones que ofrecía a cambio de poco o nada, el gobierno actual, no funcionaba. Y menos para aquellos que querían llegar a ser independientes de verdad. Todo giraba, por cierto, como siempre ha sido de modo traicionero. Para que esos políticos de medio pelo, consiguieran votos. Asegurándose la silla durante otro cuatrienio sin favorecer al pueblo.

Sobrevenido por unas decisiones y trazas nada aprovechables para el ciudadano honrado persistían en hallar solución a su economía.

La situación del momento había dejado a según que artesanos sin oficio, y sin la consecución de cualquier trabajo. Sin la ocupación necesaria. Un requisito indiscutible, que fuera honrada y les mantuviera vivos.

Sin lloros. Sin rasgado de vestiduras, y sin sentirse desgraciados Saúl y Conrado se decidieron a explorar lo esencial que sin duda poseían. Algo inherente que guardaban en sus personas, que nunca antes nadie descubrió, al ser llevado de forma privada, y nada más expuesto en espectáculos y reuniones. Cuando celebraban algún festejo, con lo cual y desde entonces trataron de aprovechar y explotar.

—Oye Tío…  —conminó Saúl, dirigiéndose a Conrado, desbordado de risa.

—y sí es factible y es de verdad un puto Sí—continuó diciendo alegre.

—¡Vamos a ver qué pasa! Otros con menos salero que nosotros y sin gracia, actúan y comen, aunque sea poco… pero mastican algo y pueden pagar sus facturas. ¡Quien te dice que pisamos la piel de plátano y nos empachamos! ¡Como no vamos a comer nosotros!

Conrado, gracioso, adujo a su colega no despreciando lo que proponía.

—Me estás diciendo que resbalemos juntos en la misma piel. La nuestra. Nuestra propia epidermis, aunque pongas en el ejemplo la banana resbaladiza. —siguió ilusionado diciendo sin ton ni son frases edificantes.

—¡Que salgamos sin más! A huevo—como vulgarmente dicen—por el mundo del espectáculo y emerjamos en ese cosmos inhóspito a cantar, y hacer el payaso.

Aquellos amigos se compenetraban bien. Con pocas advertencias, sin ambages.

Parece tenían un don artístico que se vieron obligados a descubrir, tan solo por el vicio, y más que vicio por la obligación de poder seguir comiendo.

Los habían despedido de la carpintería donde trabajaban. Porque el dueño, el señor Luján, había llegado a su jubilación y cerraba las puertas del taller, sin herederos, y sin que nadie continuara con el tajo. Otro negocio que se cerraba.

Quedando los cinco empleados en lo que se llama la puñetera calle. En el paro, en la cola de desempleados, con unas edades como para casi ingresar en la residencia de ancianos.

—¡Sí! Es verdad—. dijo Saúl.

—Cobrando el desempleo y la poca indemnización que nos pertenece, caemos de bruces en el pacto del hambre. ¡Y después qué! …Ajo y agua que es lo mismo que <A joderse y aguantarse> … ¡Pues que pena! —. Volvió a gritar Conrado.

—¡Hemos de despertar chico! Que se nos lleva la corriente. Nos arrastra la pena y no valen lamentaciones.

Tras unos meses buscando denodadamente y sin oportunidades disponibles, Saúl le planteó seriamente a Conrado un pensamiento.

—Mira body. Hemos de tener más cara que espalda y atrevernos a probar—. se detuvo muy serio, para explicar con detalle a su colega, que le escuchaba interesado.

—En el garito los Chueles. Ese de la carretera entre Los baños y Lucerna, buscan gente que les entretenga la parroquia, en las noches de mucho tufo. Haciendo el mierda, cantando coplas, tocando música y con diálogos graciosos. Recitando si me apuras al poeta Alberti. Exponiendo chirigotas o imitando rhythm and blues.

—No me estarás proponiendo que nos pongamos delante de un escenario por cutre que sea, a trabajar explicando chorradas y tocando la guitarra y el acordeón mientras cantamos las canciones que interpretamos en los bautizos y bodas. ¡No me jodas!

—Eso es lo que te propongo. ¡Es que no hay otra salida! ¡Qué coño! Tú tienes algo mejor. ¡Hemos de reaccionar y tener los suficientes tacones!  y digo tacones por no blasfemar. ¡Solo quiero intentarlo!

—Debes estar loco, le anunció Conrado a Saúl, descojonándose y siguió.

—Tú te crees; porque hace mil años, ganamos por <chorra> el concurso en la tele de la parroquia. Imitando al gran Sinatra, y Dean Mártin, nos van a valorar este atajo de mierdosos. Te crees que podemos superar semejante situación. ¡Lo crees de verdad! Te veo convencido.

Y con un par de <Copones de Texas> …como anunciaba aquel en su cháchara, se atrevieron. Sin afiliación a la Seguridad Social, sin nómina fija, sin horarios. ¡Eso sí! Sin responsabilidad, sin preocupaciones, sin vergüenza.

Tomaron su decisión, y fueron al tugurio de los Chueles, aquella misma tarde. Agarraron la guitarra y el acordeón, se tomaron un the con miel y limón y fueron por la Avenida de Pearson. Se presentaron, sin más, frente al tipo que hacía las contrataciones y este, les puso un micro en las manos.

Actuaron aquella misma noche, con el blues, el flamenco, las bachatas y los boleros, encantando a la plebe con sus voces y su música. Así estuvieron durante más de seis meses hasta que…

Un intermediario artístico mexicano, que estaba con su querindanga tomando unos tragos, los escuchó y los citó para hacerles unas pruebas por si podía extenderles un contrato para actuaciones regladas en orden y con sus respectivos seguros, más allá del charco.

 

Los sigo tratando en la distancia y cuando aparecen por los Chueles, no han cambiado nada. Son unos tíos fenomenales, gracioso y amables. No se les ha subido el papo a la cabeza, a pesar de tener una fama indiscutible.

Cuando me ven se emocionan, nos tenemos afecto y siempre que pueden me dedican aquella balada cantada por José Feliciano. La que habla de su pueblo, que sigue dormido en la colina.



autor: Emilio Moreno



 


lunes, 29 de agosto de 2022

entre la nada y la ausencia.

 




 

 






Sería el lugar, tan precioso,

muy conocido por todos

con gloria, muy pretencioso,

y lindo, de todos modos,

que no supo ser grandioso.

 

Ni con la gente, armonioso

sin presumir de recodos,

lugar que fue luminoso,

y por culpa de estos godos,

¡Ya es poblado perezoso!

 

Lo volvieron ambicioso,

profundo, sin acomodos,

en un mundo codicioso.

hartándose con sus lodos

muere y yace victorioso.

 

Consenso tan espantoso,  

Lo rigen los abobados,

en silencio sedicioso

por su tribu de engañados,

y las normas del miedoso.

 

Enchufados, perezosos

ocupan repantigados,

las poltronas, vanidosos

y siempre recomendados

por concejales gloriosos.

 

Por motivo misterioso

y una vez se fueron todos,

quiso enmendar al coloso,

con fuerza bruta y sus codos.

No siendo maravilloso.

 

Lo han dejado gangrenoso

Falleciendo por sus nodos

gracias al escandaloso

que publicita en periodos

con atraco generoso



agosto, 29 año 2022

 







lunes, 14 de marzo de 2022

En la noche mi eco, sonará

 




 










Es regodeo, de ricos y pobres,

fausto considerado y recompense,

en los ojos placer, que se condense.

Mi ilusión desmedida, con asombres.

 

Pueblo mío, que aguardas, en tus mimbres

con censos de vigor, y sin dispense

la magnitud con “gen” Valderrobrense,  

y disfrutar de fiestas y costumbres.

 

Ahí en altozano, me iluminas,

viéndome gozar con todos mis nombres

tiznando con abrazos y adivinas,

 

el sueño oculto por bajos y sobres,

repechos y pasajes. Mis esquinas,

que guardan mi sabor con Valderrobres.






lunes, 29 de marzo de 2021

Dulcemente sonará.


El título de aquella canción, que marcó mi adolescencia y mis pretensiones ilusionadas era la que ahora vuelve a deleitarme: “
Sentado en el muelle de la bahía”. Que la estoy percibiendo mientras vuelan mis pecados alrededor de mí.

En este instante ¡Ahora!, precisamente ya, sosegado después de la rabieta que embargó mi cuerpo por no dejarme volver a pasar mis días de Pascua en el lugar de mis preferencias, finaliza esa melodía y mientras comienza otra.

Puedo descubrir, mi necesidad por retornar a Valderrobres, ese lugar que ya lo hago mío, por tantas y tantas pujantes ilusiones, que suelo atesorar. Otra frase escrita en otra canción de mis preferencias, El arroyo de la sierra me complace más que el mar” (Guantanamera)




Son ya dos años, que por un motivo u otro me impiden viajar en Semana Santa, al lugar donde deseo, y con emoción dejarme disfrutar de todo lo que allí me rodea. “Y por tanto yo no; te dejaré de amar. Cuando no puedas yo te daré calor” La letra de la canción: “C’est pourquoi”, del inolvidable Charles Aznavour.

 

Quizás tú te preguntarás, sin poder hilar mis motivos ¿Quién me impide volver?, ¿No estamos en una democracia? ¡Eso dicen!, pero anteponen una excusa que denominan “Pandemia” y que no han sabido dirigir ni contrarrestar.

 

Sereno me despido con otra letra de mi concertista predilecto, José Feliciano, y no es otra que comparto con vosotros a continuación: “pueblo mío que estás en la colina.





¡Ya mis amigos, se fueron casi todos!

¡Qué será!






¡Qué será de mi vida que será!






¡Qué será de mi vida que será!