Aquel
pájaro vivía a costa de su mujer. Era un vago de conciencia y de esfuerzo.
Siendo poco trabajador y esforzado cuando se vino de su tierra, creyendo que en
el país que lo acogía ataban los perros con morcillas y viviría a costa de
cualquier tonta enamorada.
Recaló sin
oficio ni beneficio en aquel término y cuando era observado por la gente que lo
descalificaba por su ociosidad, se veía en la creencia de mirarlos por encima
del hombro y despreciarlos.
Como si él
fuera el único desgraciado de la tierra y que en esta vida, su diosito lo había
abandonado. Sin darse cuenta de la realidad. Ya que tan solo miraba su ombligo.
Sin percibir que era el tipo más gandul y borracho de la creación.
Lo único
que aportaba era su juventud. Un cabello de león, a lo James Dean. Negro
azabache que enamoraba a las mujeres necesitadas de sexo. Especialmente a las oriundas
del país de llegada, que eran las que notaban más la diferencia con los hombres
del barrio.
Su misión
era conseguir a una guapa señorita, a poder ser con caudales, hija de, o
apadrinada por… enamorarla y vivir de ella hasta que le durara el éxtasis a la
nena y diera fin a una ilusión insostenible. Finalizando el desliz que había
cometido, tras la pasión de un calentamiento sexual.
Desbaratando
aquel fracaso si aún estaba a tiempo y no albergaba la barriga buscada por
Próspero.
En su país
de residencia había dejado a una familia bastante numerosa y desencantada.
Infelices donde los hubiera y sin apenas ganas de alzar la cabeza.
Una mañana
sin dar aviso a nadie, Próspero, más conocido por Pros se montó en un crucero
que además portaba mercancías, con la compañera del momento. La novia de toda
la vida. La educada y obediente vecina, que lo caldeaba cuando era preciso.
Natividad,
a la que llamaban Nati, se aventuró a escaparse con él, sabiendo que aquella
aventura duraría nada y menos pero, de esa forma ella se ausentaba de la
miseria de su familia, de su casa y del distrito.
El costo de
los pasajes fue atendido gracias a un conocido de esta que los embarcó como
tripulación y pudieron viajar sufragándose el trayecto, dentro de ciertas
garantías.
El barco Navarlast,
un buque completo de peregrinos que huían de la miseria y de contenedores llenos
de materias fósiles para el reparto los acogió dentro del personal de limpieza
y control. Poniéndolos a quitar mierda desde la mañana hasta la noche.
Trabajo que
para Pros, era de muy costosa ejecución, por el esfuerzo que debías imprimir
durante doce horas cada día.
De ese modo
pudieron a medias sufragarse los costos del viaje y su manutención, durante los
tres meses que duraba la travesía.
Nati huía
de su pueblo, de su gente y de su novio el flojo de Pros. Al que plantó como
una flor sin excusas y sin remordimientos, saturada del tipejo. Una vez estuvo
segura que nadie la bajaba del barco y que sola se podía arreglar sin los
cuidados del chulito.
El motivo interno,
que alegó la joven muchacha para desterrarlo, fue… que estaba hasta la vulva…
que viviera a su costa. Ese guapete engreído de la pipa dura, cada día molaba
menos.
Buscando una
nueva forma de vida, ganada con el sudor de su frente y no estando a rebufo de
nadie y menos esclavizada a un tipo cabronazo, que no tenía ni oficio ni
beneficio.
Natividad
no era timorata a penas, y su buen ver le permitía miradas de todos los que
iban sobre aquella inmensa balsa de acero sobre el Atlántico, sin darle pábulo
a ninguno de ellos para no tener dificultades en el Navarlast.
Pronto se
granjeó simpatías entre los compañeros, cosa que procuró para garantizarse un
viaje cómodo y sin peleas. Departiendo con todo aquel que lo mereciera, ya
fuera hombre o mujer. Personas que no la quisieran para aprovecharse de su
cuerpo, y sin más la llevaran a una cama, desnudarla y tomar el placer que ella
les pudiera ofrecer.
Próspero,
acababa la jornada sin fe y bastante muerto de cansancio y de futuro, al no
estar acostumbrado a doblar la bisagra por el eje, y ver que ninguna muchacha
del barco después de la ruptura con Nati, se le acercara a su bragueta.
El control
de los tragos fuertes que estaba acostumbrado a meterse entre pecho y espalda,
y dormir las borracheras a la luz de la luna sin que nadie le molestara, le había
cambiado la existencia y no le agradaba.
Su nombre el
de Próspero… no correspondía a un individuo que buscaba prosperidad, que se
amoldara al momento vivido, saber sufrir cuando tocaba y solucionar con
esfuerzo las dificultades presentadas.
Era un tipo
que no le habían dado educación desde la barraca donde se crio con sus abuelos.
Un tipejo flojo y débil dado a lo fácil con lo que intentaba conseguir un
chollo en el buque donde navegaba.
Reuniones
clandestinas con alcohol, fumaditas de cannabis, y pinchacitos de coca, es lo
que le procuraban la dicha si lo conseguía.
En el
primer puerto donde recababa el buque previsto en las costas de Chile, fue en
la famosa Tierra de Fuego, intentando una vez realizado el desembarco de
mercancías, darle la vuelta a la famosa América del sur y desde el cabo de
Hornos, subir por el Atlántico hasta llegar a la segunda escala, Montevideo.
Desde donde
irían una vez descendido el pasaje y cargado el nuevo material seguir hasta Brasil.
Donde debían trasladar el cargamento de frutas y verduras y además llevar al
zoológico de Rio de Janeiro toda la fauna salvaje que esperaba procedente de
las selvas amazónicas.
Una vez
realizadas las tareas en la capital brasileña seguir hasta la zona europea y
acabar la senda de aquel trayecto.
Al cabo de
las semanas de ruta el navío llegó a Lisboa donde se quedaron la totalidad del
pasaje y de la carga, como fin de trayecto que era. Donde recalaron entre los
marinos y viajeros, Nati y Pros. Cada uno por su parte.
Buscando
una ciudad abierta donde pudieran establecerse y ser felices.
Habían
pasado dos meses de estancia en la capital portuguesa y Pros, aun no se había
preocupado en buscar ocupación, y con ello conseguir documentos que lo
acreditaran como habitante lusitano. Intentando volver al refugio de su
exnovia.
En un
arranque de ira Natividad discutió con su ya expareja de forma acalorada. Ella
estaba hasta las narices del tipejo. Poco trabajo, menos esfuerzo, mucho
alcohol, demasiados engaños. Un asco tener que compartir con Pros, sus vicios
asquerosos e improductivos. Así que lo botó.
La poca
imaginación del tipo, al principio ni echó en conciencia lo que le sucedía y lo
que le iba a echar en menos.
Nati lo había
apartado de sus faldas y de alimentarlo desde que comenzaron a travesía.
Siguiendo su
vida sin el concurso de Próspero, que claudicaba volver a su vida como la
canción mexicana de … y volver, volver…
Llegando a
separarse de forma evidente. Cada cual hizo su vida, ella en Portugal y él, ni
se sabía.
Habían
pasado la friolera de una década, diez años.
Nati había
conseguido estabilidad, un amor y dos niñas al lado de un extremeño radicado
donde ella frecuentaba, en la ciudad de Braga.
Pros, había
tenido en Portugal tres relaciones fracasadas, todas con un fin repetitivo.
Seguía buscando una tonta que lo alimentara, y no daba con la tecla.
Un año de
principios de siglo XXI, para navidades Nati volvía con su familia a su
terruño. A saludar a los pocos familiares que quedaban, hermanas casadas y
sobrinos, primas y demás, alojándose en un hotelito de la ciudad.
El día de
la Natividad, precisamente en el santoral de la mujer, tropezaron Pros y Nati,
en la calle donde habían pasado su infancia.
No se
saludaron siquiera. Pasaron justo al lado sin decirse ni una palabra.
Ella
preciosa con su vida encauzada, sus dos niñas de ocho y seis añitos y su
esposo. Pros, viejo arrugado y bastante enfermo. Alcoholizado y viviendo de la
caridad.
autor: Emilio Moreno


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