domingo, 21 de junio de 2026

El Edén de Tilín -parte uno-

 


Hacía meses que desaparecían niñas muy jóvenes de aquel barrio de la Metrópoli de las culturas. No había explicación a lo que venía sucediendo desde hacía tres o cuatro meses. La policía local, no daba con la solución y la necesidad obligaba a pasar las investigaciones a los especialistas en secuestros, violaciones y trata de blancas.

Científicos especialistas y sabuesos de la nación deberían acoger a trámite aquella incertidumbre que le estaba socavando la tranquilidad al barrio.

Dado que los que iniciaron la causa, no adelantaban en sus pesquisas.

Tan solo tenían un hilo conductor, una rutina que sin duda habían descubierto: y era que las chavalas, estaban entre los dieciséis y los diecisiete años.

Morenas, altas, y distraídas por las ilusiones del placer. Sin atisbos de miedos y sin resguardar su cuerpo frente a las adversidades de los criminales.

Casi todas las eclipsadas dejaban de dar señales de existencia y sus tarjetas de crédito quedaban sin servicio ni actividad. Sus teléfonos móviles recibían las muchas fotos, selfis y comentarios de las amistades y familia, sin el más mínimo resultado de respuesta.

Además de haber descubierto que su último lugar de aposento, era la discoteca del Péndulo. Famosa y organizada, en festivales y conciertos. Con absolutamente todas las autorizaciones y permisos habidos y por haber en regla, y que para mayor inri; constaba del más completo registro de entradas y salidas.

Examinados y acaparados por cámaras en todo el recinto. Con lo que sin dudar esas filmaciones de registro quedaban precavidas en cuanto aparecían los clientes por las puertas de acceso y despedida. Asimismo de cuantas habían desperdigadas por las instalaciones de la discoteca.

Sobre todo y muy disimuladas a los ojos de los mirones, se había instalado una batería de objetivos por si hubiere necesidad de echar mano de ellos, instalados a lo largo del prolongado pasillo de la salida del espectáculo.

Quedando patentadas imágenes con diversos recovecos de toma, añadiendo detalles entre ellos la hora y pormenores que consiguieran ser constatados por la seguridad del centro o a petición de autoridades locales. Caso de averiguación de infracciones habidas sin haber sido notadas.

Equipos de infrarrojos de calidad y de grabación natural, daban buena cuenta en la hora que dejaban aquel recinto musical, tanto grupos de individuos, catervas de amigos enlazados, como personajes solitarios.

Aquella institución de divertimento, era una sala de baile muy atractiva que llevaba años dando alegría a la mocedad, a la juventud y cómo no, a todos los maduros y carrocillas que solían ir al local. En pro de escuchar música, tomar algún que otro cubata o porque no, socializar y a la vez intentar “rozar el apio” … Si fuera posible, con alguna atrevida y sueltecilla jabata, que quisiera ligar y permitiese el roce corpóreo entre humanos.

Sin despreciar la posibilidad de intercambiar con algún alma de las tantas que bailaban en aquella pista redonda tan iluminada y con aquellos destellos de flash que existe en el púlpito cenital del escenario.

De un escenario portentoso que concurre en aquella zona de fiesta. Salón denominado con alardes grandilocuentes como La “Cúspide”

Si las condiciones se daban positivas y alguna valiente dejaba que brotara el frenesí de la lívido con alguien que las enamoraba, pasaban al salón más oscuro y sombrío, para empaparse del efluvio del amor súbito, pero controlado.

Decía el cartel de forma irreverente: Reservado el derecho de admisión

Aquel aposento con sofás de fieltro marino y una discreta barra de bar en la cúspide del córner izquierdo, esperando las consumiciones y los tragos que se sucedían uno tras de otro, controlado por un showman. Evitaban las posibles escenas punibles.

La barrita de tragos situada en un ángulo, servía y refractaba las gargantas según necesidades.

Aquella impar zonita la denominaban con la referencia del “Edén del tilín”, donde todos gozaban, todos retozaban y casi todos se excedían, sin saber que disimulada una cámara les grababa de manera ilegal. 

Según el parte de desapariciones del tribunal, denunciadas con más de veinticuatro horas de ausencia, correspondían a cinco hembras menores de edad, entre los quince y los diecisiete años.

Morenas, con una estatura que pasaba el metro setenta, con estudios casi acabados o en el último curso. Bien relacionadas y de familias encumbradas y con cuentas corrientes relativamente substanciosas, eran las escogidas.

Todas, hijas de pudientes personajes de la zona, que de forma clara podían si cupiese enfrentarse a cualquiera de los abusos que se conocían. Incluso el rapto.

Ninguna de las desaparecidas tenía amistad entre sí, ni tampoco residían en la misma franja.

Lo que les asemejaba era el color de su cabello, su piel y la estatura apreciable. Parecía habían sido escogidas además por los caudales de las familias todas religiosas y sin dudarlo por su incipiente belleza.

El quinteto de jovencitas desaparecido, gracias a las grabaciones de salida, atestiguaron que iban acompañadas de un rubio galán muy apuesto, con tipo de embaucador amoroso. Entrenador personal o deportista de artes marciales, que a todas las acompañó en su última despedida de la discoteca Péndulo.

Detalles que no pasaron por alto los investigadores en cuanto tuvieron al abasto toda la información por parte de las familias, como por los dueños de aquel centro de diversión musical.

El tiempo corría en contra de hallarlas en buen estado, que no las hubieran llevado fuera de las fronteras para prostituirlas, o fuese el guaperas un asesino en serie que las raptaba para destrozarlas.

A esa conclusión habían llegado los agentes de la gendarmería, ya que desde la desaparición de la primera a la última había transcurrido mes y medio de paso. Con lo que se montó una estrategia adecuada para cazarlo en cuanto fuera posible.

 

La criminóloga Susanna Slim, fue la escogida para por sus condiciones corporales, su físico y su edad, la más aproximada a la de las desaparecidas, y pudiera entrar quizás en los gustos del posible inductor del delito.

La experta y versada Susanna, además de cerebro joven del cuerpo del ADF: Anti Delitos Femeninos.

Era una preciosa mujer, que no sobrepasaba los veinte años y bien pudiera ser con algunos retoques físicos, confundida con una menor de edad. Valiente y arrojada, no dudó en admitir su rol en la aquella busca y se sumió en el trámite de la maniobra policial.

 

La identidad del rubio atractivo, era de un combatiente retirado del ejército por demencia y el intento de agresión sexual a su jefa.

La capitana coronela en las fuerzas del A.V. I, en el cuarto batallón, del denominado: Aspas Voladoras Indesmayables del cuerpo de paracaidistas del aire, destinado en Bosnia.

Hippolyte Insane, que a su vez pertenecía a una clandestina congregación de guerreros de la fe, los que estaban siendo investigados en varios países europeos. Gente que se dedicaban al sacrificio de seres humanos como ofrenda a un Dios emergente del inexplorado espacio.

 


Seguirá…

To be continued…

 

 




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