Nadie
comprendía como Gabriel era tan torpe en su día a día. No daba pie con bola en
ninguna de las ocasiones que se le necesitaba y siempre lo excusaban como si fuera
“lelo”. Distante y despistado cuando le interesaba, o estuviera entumecido por
alguna causa desconocida, que físicamente le impidiera realizar lo necesario en
su momento.
Nadie le invitaba
ni forzaba a hacer absolutamente nada.
Era un tipo
que parecía desdichado, sin serlo. En ocasiones demostraba que estaba más
cuerdo que todos los que le rodeaban, pero al muchachito le venía muy bien que
lo tomaran por “tonto de narices”, como a su papá. Con lo que el bueno de Gaby vivía fausto.
Tan feliz y
propicio, que en ciertos momentos, no sabías si era así desde la simiente o es
que le beneficiaba aparentar aquella presencia que todo el mundo aceptaba.
Se había
acostumbrado desde jovencito, a que nadie le obligara a nada. Por supuesto no
se apreciaba lo que hacía o dejaba de hacer. Era como un cero a la izquierda,
para padres y hermanos. Con lo que se dedicaba a vegetar tan pancho,
encontrando todo su entorno a su medida y sin esfuerzo llegaba a todas partes.
Tenía de bueno, su paciencia, su talento oculto y su disimulo por todo lo que
no le interesaba.
No había
sido lerdo en los estudios pero como lo consideraban “Tonto de narices” le dejaron
al margen. Sabiendo que para comer y vegetar, jamás le faltarían medios. Dadas
las pertenencias de sus papás.
Tampoco se
dedicaba al arte, ni trabajaba porque no lo necesitaba. Vivía la mayor parte
del tiempo, con su madre, una señorona acaudalada que se había casado en su día
con Fructuoso del Barrio y de los Lamentos.
Ahora
jubilado por edad, y con ausencias prolongadas con su familia, lo mantenían alejado
por temporadas. Sin conocer demasiado bien los motivos.
Había sido
un plenipotenciario Nicaragüense, destacado en Costa Rica. Donde conoció, mejor
dicho donde fue engatusado y enamorado por Helga Matarín de Lirios, una
elegante modelo de ropa interior femenina, que hizo pinitos en la gran
pantalla, sin demasiado recorrido artístico. Ya que fue retirada de los
escenarios y de los aquelarres sexuales por el bueno de Fructy, que se enamoró
locamente de la preciosa señorita, ahora trasformada en una señorona de mucho
empaque y recorrido.
Obra de esa relación nacieron el fantástico Gaby, y su hermana Puri. Loles, la hija mayor de Helga, era fruto de otra relación que tuvo la Doña, con Mario MacNamára.
Un caza
talentos mexicano que trató sin conseguirlo en ponerla en el candelero exitoso
de la Moda, y hacerle agarrar la fama que necesitan las bellas señoritas. Sin suerte,
dado que la bella Helga, era demasiado prepotente, presumida y poco trabajadora.
Con lo que poco a poco quedó para exhibiciones particulares de firmas poco
conocidas.
Su relación
carnal con Mario se rompió de la noche a la mañana al relacionarse con Fructuoso.
Mario y
Helga, disiparon sus días entre fiestas y meneos. Con escándalos propios de
gente que no se entiende ni se respeta. No llegaron a casarse, pero tuvieron
una hija. A la que acristianaron con el nombre de Loles.
La que se
crio prácticamente en albergues para señoritas pudientes. Sacando sus estudios
adelante sin el cariño paternal, que una criatura necesita.
Helga la
muy sensual modelo de bragas y sostenes, un buen día tropezó con el
plenipotenciario que pleno, no estaba. Ni tampoco harto, y muy poco cuajado, y
de potencia, la justa. Más bien debilitada y esponjosa. Con lo que aquella
sílfide de apellido Matarín de Lirios, lo provocó haciendo un paseo frente a él
con esos ajustados bikinis, que lo desbarataron sobre la silla y tras el meneo
que le proporcionó la buena de Helga, lo dispuso a poder hacer con el bueno del
embajador lo que le viniera en gana. Seduciéndolo para siempre.
Fructuoso,
el bueno de Fructy que así le llamaba cariñosamente, era un gentil hombre que
padecía de hiposmia, que no es otra cosa que tener reducida la capacidad para
el olfato.
Era incapaz de detectar cualquier olor. Dificultad menor que le traspasó después, por los genes a su hijo Gaby. Siendo ambos con seguridad lo que el pueblo denomina. “Tontos de narices”.
Aquella
familia ocupaba un palacete del siglo XIX, que había sido propiedad de Armando
del Todo y Cortés, un cantor de tangos argentino, muy afamado que era familia
alejada de Fructuoso. El que por deudas y bastantes intereses le había cedido
al sobrino primo nieto, para que regentara aquella propiedad, y se la
mantuviera sufragando los gastos que ocasionaba, hasta que pudiera el tanguista
superar el mal bache que cruzaba.
La hija del
último matrimonio de Helga. La señorita Puri, tenía como todos los apellidados
“del Barrio y de los Lamentos”. Unas sobresalientes ínfulas de superioridad.
Excesivas y extraordinarias, que rayaban lo indescriptible. Las cuales evitaban
la felicidad a todos ellos.
Descarada,
soez y vulgar que mostraba en cada centímetro cuadrado de su desmedido cuerpo,
y que en ocasiones hacía partícipe de caricias y agasajos excesivos a su
hermano Gaby.
Conociendo el
proceder del asilado “tonto de narices”, que no abriría la boca, ni comentaría absolutamente nada de los
trasiegos habidos entre él y su hermana Puri.
Creyendo a
su vez, que de esa forma lo espabilaría y le haría recobrar el rumbo que jamás poseyó.
Puri era de
lo más cariñosa, atenta e inconsciente. Creía que tratando y mostrándose libremente,
sin cortapisas ni prohibiciones con su hermano, y actuando frente a él sin censuras
ni vergüenzas, podría llegar a reactivarle el intelecto sin dañarlo.
Le hablaba
sin esperar respuesta alguna por su parte. Tan solo recibía aquella sonrisa
pueril de despistado. Por lo que en ocasiones lo utilizaba como mero espectador
de sus pasiones. Con lo que se desnudaba frente al hermano, para ver que
reacciones sufría. Sin tener reparos ni encogimientos. Actuando en vivo y en
directo, con inclinaciones eróticas cuando encarnaba alguno de los papeles
teatrales que interpretaba.
Ensayándolos descaradamente y a bote pronto, comparando la reacción recibida de Gaby, como si le llegara del patio de butacas del público que le aplaudía, desde las butacas de platea de cualquiera de los teatros, donde actuaba y de los platós de televisión donde grababa aquellas series románticas, llenas de momentos sensuales, acaramelados y tórridos. Roles y argumentos que representaba dentro de su carrera de actriz descarada y destacada.
Loles
residía fuera de la capital. Defendía su ocupación de una forma digna. Se había
licenciado en Psicología y estaba empleada en el House Hospital Costarricense,
como jefa del departamento de Psiquiatría. Una eminencia la hija del tal MacNamára
y Matarín de Lirios.
La que
vivía separada de sus padres desde que Helga comenzó a tontear con Fructuoso y
el inicio de su preparación académica.
Estuvo en
colegios mayores rodeada de tutores y compañeras hasta que llegó a la mayoría
de edad y acabó los estudios universitarios. Ofreciéndose como becaria en los
distintos centros de atención mental, que daban servicio a las tantas personas
que padecían crisis de identidad, y depresiones varias.
Ocupó con
el tiempo, plaza en el hospital. Donde se abrió paso como una especialista de
renombre.
Con Helga
su mamá, tenían discrepancias desde la infancia. La tal Loles, era una mujer con
educación seglar, y de estudios superiores. Equilibrada y sencilla, y su madre,
parecía representar todo lo contrario.
Con papá,
era de otra forma. Se veían de uvas a peras, debido al trasiego que llevaba
Mario MacNamára, ahora con su tercer matrimonio, y con hijos de todos ellos.
Sin haberle
faltado nada que pudiera ser mitigado con dólares.
La relación
entre hermanas era distante. Jamás se habían entendido, ya fuera por distancia
al criarse separadas o porque no se llegaban a concebir como hermanastras.
Seguramente
por la diferencia de caracteres, y sin dudarlo por la poca dedicación y trato
entre ellas y los padres. La ausencia de complicidad, y la falta de trato
habitual con el correspondiente desconocimiento de gustos. Herencia recibida de
sus progenitores.
Aquellas fechas
navideñas, se reunían todos, en el palacete del siglo XIX.
Un lujo
magnífico, dado a conocer a casi todo el barrio.
Tan solo se
reunía la familia. Por lo que la mansión estaba repleta de lujos. Pleno de
cortinajes de lino, de grandes alfombras y cuadros, de excepcionales figuras en
los recodos de las escaleras.
Un paradigma
de placer, por la ostentosidad del arte tan puro y grato en tan pocos metros
cuadrados.
Los que se
habían excusado a la cena, fueron Mario por problemas de agenda y Loles, por
tener guardia y servicio en el hospital.
Apareció Fructuoso
llegado de las Malvinas, con un semblante envejecido y falto de animosidad. Como
si estuviera enfermo, o intoxicado por alguno de los medicamentos que se
autocomplacía. Atento como siempre, se hizo pronto con la dirección del
festejo.
Helga que
hacía de mamá gallina, la que mandaría hacer al servicio una contundente cena
de Noche Buena.
Con manjares
llegados de partes ignotas. Regadas con buenos caldos de bastante gramaje y
gradación, que a todos en su momento, les dejó, más allá de la conciencia.
Puri, había
llegado justo del estreno de su última película. Muy artista, y segura.
Un éxito en
la América hispana.
La interpretada
como protagonista, en el papel de la “amante cautiva” y acompañada en el
reparto con el guapísimo actor, James Givenchy el primer actor de los estudios
cinematográficos de Chile. Al film lo titularon de forma graciosa. El suspiro de un camión. Argumento que contenía en esa rotulación uno de los enigmas del
amor.
Cuando finalizó
la cena, la dama Doña Helga, despidió a todos los sirvientes para quedarse tan
solo, los componentes de la familia. Que muy bebidos reían y se meneaban por
aquel contorno. Momento que Gabriel, el bueno de Gaby, quiso encender la mecha
de una antorcha, para hacerle una gracia a su hermana Puri, y le hiciera una representación
de las que acostumbraba.
Puri,
completamente bebida, como el resto de la gente del palacete, jadeaba bajo los
efectos de las bebidas etílicas consumidas. Sin percatarse que su Gaby le pedía
guerra.
La antorcha
se desbocó y al ser “tonto de narices”, más de uno de los que dormitaban en aquellos lujosos sillones,
no pudieron contarlo.
El incendio
fue prodigioso, quedando atrapados todos los apellidados “del Barrio y de los Lamentos.
Perdiendo la vida, abrasados por las colosales llamaradas de un infierno
infinito, aquel veinticinco de diciembre, tras una cena familiar.
26-8-2025
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