La
salida, fue a primer hora del día, aunque tuvimos que soportar, a
aquellos que siempre se retrasan y no respetan el horario, dando que
hablar a los que madrugan y cumplen con las normas establecidas por
el emprendedor
La
marcha hacia Torredembarra, a tomar el primer bocado del día en el
restaurante Clamar, donde el bocata de súper jamón nos esperaba,
con el trago de vino y para rematar el café, que nos puso en una
nueva onda, para ir a Tarragona a ver el Museo de los muñecos,
abandonados, ese que guarda, como almacenaje toda la batería de
muñecos que ya no están en uso, que se han hecho antiguos, y
aprovecha para aparcar a los que aun están en servicio, El gigante y
la Giganta, los arlequines de las Antillas, haciendo honor a aquellos
que se marcharon a Cuba a principios del Siglo XXIX y que volvieron
mas que millonarios y otros claro está, que no tuvieron el mismo
deparar y vinieron enfermos y caducos, hasta morir. Después el
tiempo libre se aprovechó para visitar el Circo Romano, lo vimos
desde la distancia, ya que está de obras y no se permite el accesos
a los turistas.
Es
creo uno de los pocos lugares que si estuvieran activos, no habría
problema en poder visitarlo, al estar al completo pairo. O sea al
aire puro y duro.
Comento estos datos porque y puesto que ahora estando bajo el síndrome del Virus «Cobid19», vulgarmente llamado el Corona-virus, es difícil contagiarse en semejante lugar, con tanto aire y tanta naturaleza. Además es un lugar donde se puede toser sin que nadie te mire mal, y compruebe que estás echando la «mascá» entre la parte inversa al codo, entre el antebrazo y el propio brazo.
Comento estos datos porque y puesto que ahora estando bajo el síndrome del Virus «Cobid19», vulgarmente llamado el Corona-virus, es difícil contagiarse en semejante lugar, con tanto aire y tanta naturaleza. Además es un lugar donde se puede toser sin que nadie te mire mal, y compruebe que estás echando la «mascá» entre la parte inversa al codo, entre el antebrazo y el propio brazo.
El
resto del personal, el que no dice nada, el más peligroso, porque después habla lo que no debe criticando al organizador, al vecino de la izquierda, al amigo de la vida, y al que incluso ni conoce. Trabajo que realiza sin más, tan solo para hacer daño. Refiriendo las faltas de los imponderables, o sea aquello que es imposible de prever, de ahí que se le llame «imponderable» pero piensa en lo que no le
gusta, o no debería darse. Por eso siempre lo digo, y lo corroboro: echamos de menos a un guía diplomado,
que nos alegrara la cultura.
Así que distrajimos nuestra inquietud en y bajo el sol y el buen día que nos deparó, al cabo enganchado al rebufo de unos cuantos nos tomamos una cerveza en una de las terrazas de la plaza del Ayuntamiento de la Ciudad Romana, Tarraconense.
Poco más he de agregar sobre todo para no hacer aburrido este reportaje, El Museo de Gigantes y cabezudos, es para recorrerlo, y escuchar las explicaciones que ofrecen los «Coach», o asistentes del guarda rarezas, que sin duda las hay y si no te paras a pensarlo, de verdad que pasan desapercibidas y llegan incluso a olvidarse entre las consignas y referencias del tiempo.
Así que distrajimos nuestra inquietud en y bajo el sol y el buen día que nos deparó, al cabo enganchado al rebufo de unos cuantos nos tomamos una cerveza en una de las terrazas de la plaza del Ayuntamiento de la Ciudad Romana, Tarraconense.
Poco más he de agregar sobre todo para no hacer aburrido este reportaje, El Museo de Gigantes y cabezudos, es para recorrerlo, y escuchar las explicaciones que ofrecen los «Coach», o asistentes del guarda rarezas, que sin duda las hay y si no te paras a pensarlo, de verdad que pasan desapercibidas y llegan incluso a olvidarse entre las consignas y referencias del tiempo.
Con
el Bus grandioso, nos trasladamos de nuevo al Clamar de
Torredembarra, a comer, con gusto y con hambre, que más de uno ya
soportaba con dificultad.
La
comida buena y completa, después del apetito un baile no demasiado
grande, y largo nos acogió para que a las cinco de la tarde nos
volvimos

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