sábado, 7 de noviembre de 2015

Magia en las Horas



Todo estaba dispuesto desde días antes. Una promoción a escala de barrio tampoco se hace: “cosiendo y cantando” Qué menos que una atención para aquellos amigos que en definitiva dejan de hacer sus asuntos para acercarse a acompañar al escritor.  O, aquel desvelo del autor de la novela, para que todo esté en su ley, en su espacio y no quede pendiente cualquier detalle que pueda llevar al traste el lance.


Agradecimiento desde aquí para ellos; para los asistentes y promotores: por su amistad y más que eso su cariño demostrado en tantas y tantas ocasiones, sin olvidarnos de la infraestructura que llevan a cabo los establecimientos de la librería en cuestión


El amigo Sergio de la Llibreria Les Hores, un tipo sereno, atento y directo. Ingeniero de obras y tratados, entendido como pocos en los temas literarios publicados. 

Garantía de consejos ilustrados y recomendaciones sobre autores actuales y no tan modernos, guía práctica y asesoramiento el que te acerques y requieras su opinión. Lo defino como le califiqué anteriormente: Ingeniero de obras y de tratados, ya que así son los buenos libreros, esos que de verdad, se leen todo cuanto les llega a las manos, aunque lo lean en diagonal, o simple y moderado, lo ojeen en transversal, y dejen tan solo sin acabar de leer, aquello que les cause penumbra o desolación sobre el estante.


La noche del cinco de noviembre del año MMXV; se entraba en la franja del horario establecido y las veinte horas tenían su límite franquiciado para el comienzo. En la bonita librería de la calle Torrefigueras, se preparaban las comodidades necesarias para recibir al personal asistente, sin aquel boato ni aquella enjundia que se usa en otros escenarios con el ritual del mostrador con sus correspondientes etiquetas para designar a cuantos hablen en pro de la novela y que acompañan al escritor. 

Nada de eso, cómodo como en el recibidor de cualquier domicilio, o en su caso en la pura biblioteca, rodeado de libros estupendos, de fotos de autores ya fenecidos y alguno que todavía escribe, dos butacas. La primera para el introductor y director de la propia librería y la segunda para un servidor que hacía las veces de vendedor de letras, de detallista de la novela, de exportador de ilusiones y de mercader de la obra.

Acomodos preparados para los que iban llegando, y de pronto el nivel de decibelios de aquella estancia ascendió súbitamente, el personal iba entrando y algunos se conocían y saludaban otros comentaban, y todos a la expectativa de lo que se diera antes del inicio del acto.

El speaker tomó la palabra y anunció con voz intemperada: ¡¿Comenzamos?! Preguntando y a la vez exigiendo que se prestara la máxima atención y ese fue el pistoletazo de salida para el inicio de la exposición.




Los amigos que me rodeaban eran todos, desde el primero hasta el último, aquel señor que no conocía pero que se había acercado para adquirir una novela porque se había visto interesado por el argumento que ella misma plantea.

Se hizo una rememoración sin descubrir nada del entramado del libro y después comenzaron las preguntas realizadas por cada uno de los que quisieron intervenir y que de alguna forma, querían entrar en el minúsculo secreto de lo que trataba la historia. 

No se quedó nadie con las ganas de averiguar, y descubrir aquello que le fuera de interés y sin que fuera pesado, ni tormentoso de manera fácil fueron pasando con su novela recién adquirida a que se la firmara.
Las fotos que se acompañan, son un inicio de ellas que a medida vayan llegando las iremos sumando a las mismas.











2 comentarios:

German Rodriguez Aquino dijo...

Excelente descripción para la presentación de "Me bajo en triunfo". Y lo de "Ingeniero de Obras y de Tratados", me encantó. Es una definición precisa y marketera para un buen librero. Nada más que decir. Sólo desearte éxitos en este hermoso caminar de la literatura Emilio.

German Rodríguez Aquino dijo...

Descripción precisa para una buena presentación de "Me bajo en triunfo". Y lo de "Ingeniero de Obras y Tratados" me parece genial". Una definición marketera y elogiosa para un buen librero. Enhorabuena Emilio.

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