sábado, 18 de julio de 2015

El wáter cósmico_ El padre de Caterina



El padre de Caterina

No dejó pasar demasiados días Javier, en aquella cita pendiente con Cecilia, en la que ambos acordaron que se verían sin falta. Aunque quedaran en detalles fijos y concretos en las conversaciones que mantuvieron. Coloquio que a la postre fue tan a prisa por motivos de urgencia de Cecilia, que les faltó tiempo, para comentar todo cuanto ellos mismos necesitaban confesar.
Con lo cual Javier pretendía el volver a reunirse con la boticaria. Ahora que sabía por alivio de la propia madre, que Caterina era hija suya.

La verdad es que esperaba con una impaciencia calmosa que llegara el momento en el que se pudieran volver a ver, ya no por exigencia de nadie, sino por el gusto y el placer de rememorar tantos momentos preciosos que ambos habían disfrutado en la Barcelona de hace unos años.
Marcó el teléfono del herbolario y esperó a ser atendido. Al cabo de unos segundos la comunicación estaba establecida y una voz gruesa preguntó_ ¡Pronto ya bueno, que va a ser!_. Buenos días_, contestó Javier y a renglón seguido preguntó por Cecilia Hernández._ Soy Javier Martos Díaz_ Un momento, se pone.

La localización que hizo el recepcionista hasta encontrar a Cecilia, fue inmediata, debido a que ella misma estaba justo en aquel lugar.
Oyendo el propio Javier a través del auricular, que esa misma voz repetía; a la propia Cecilia: es un tal Javier Martos. No sé quien es ¿te pones?

Acto seguido se escuchó a la mismísima botánica decir_: Dime Javi, que pasa ¡Como estás!
_ Hola buenos días, ¡Bien; estoy genial y ahora que te escucho más. Te llamo para ver si hoy es posible que mantengamos una comida un poco más extensa, sin prisas ni urgencias, y acabemos de hablar de tantas cosas que la otra tarde se quedaron en la cantimplora.

_ Espera por favor un segundo y te digo, que se lo comento al jefe del dispensario general, Don Cirilo, que lo tengo justo a mi vera y me escucha_. Inquiriendo con un gesto interrogante explícito y mirándole a los ojos, al bueno del patrón del complejo, seguía hablando con el comunicante, a la vez que hacía partícipe al doctor de la misma conversación _: A ver si me concede esta tarde libre para poder emprender lo que me dices_. Aprovechó el tono para que; a la vez que le indicaba a Javier con esa frase, lo que preguntaba, a Don Cirilo le sirviera de petición de permiso en firme.
Se apartó un instante el auricular de la oreja, aquella boticaria seductora y Javier escuchó perfectamente como interrogaba a su director.

_ Es Javier, ya le conté el pasado día, ya sabe usted, el español. Me dice si hoy pudiera ser que me ausentara un rato del servicio y aprovechar para dialogar sobre unos asuntos de interés que seguimos teniendo_. Acabó casi sin jadear Cecilia su consulta.
Bastó un gesto de complacencia de Cirilo, para comprender Cecilia, que la seguía apoyando como si fuese su hija y que tenía la venia para tomarse esa tarde y si fuera preciso toda la jornada siguiente, para que ella resolviera tantas cuestiones que estaban aparcadas desde hacía mil días.

_ Javier Martos, ¿me atiendes?_ asintió la Doctora Hernández, esperando que su interlocutor volviera a estar en primer plano y hubiera compartido el desarrollo de los últimos segundos, detrás del teléfono, ayudado por su gran intuición.

_¡Claro que te escucho y con interés! _ Concluyó el joven_. Dime cómo y cuándo nos encontramos.

_ Esta tarde pasa a recogerme a partir de las trece horas. Haremos lo que propones, antes te llevaré a almorzar al mejor sitio, te sorprenderá y desde ahí, organizamos la tarde restante ¿Te parece?

Aún faltaban dos horas para que se cumpliera aquel momento y recogerla frente a la botica de medicinas, Javi lo usó en contactar con Marianela vía teléfono para concretar ese pedido que pendía de la firma del Gabinete del Obispado, que sería el que asumiría los gastos de la instalación y el pago de todas las facturas generadas.
Manuela Pinote, más conocida como Sor Marianela, tuvo que trabajar mucho para convencer si no a toda la curia costarricense, ¡Sí!,  a buena parte, puesto que ellos no veían absolutamente decente ese lavatorio de culo moderno, ni necesario. Con el papel de periódico atrasado, para limpiarse el ojal, cortado a cuartos primero, después con el higiénico, el menester de asistencia tras obrar quedaba resuelta. Toda la vida se había procedido igual, restregando tantas veces como fuese necesario se conseguían resultados satisfactorios y sin tener que vaciar las arcas de la iglesia. Por otra parte, la inmoralidad y el pecado que ofrece ese ingenio, por la desnudez que necesita para desarrollar la intensa limpieza, lleva directamente a uno de los pecados más horribles que existen dentro de los preceptos religiosos.

Las discusiones fueron de primera, y los reproches entre viejos curas quedos en el último tercio de la Santa Inquisición, hacían frenar aquel rejuvenecimiento de la iglesia en las misiones americanas. Aquellos viejos pecadores disimulados entre sus sotanas no daban con una salida al proyecto, hasta que a Sor Marianela, se le acabó la paciencia y en una conversación privada y personal que mantuvo con cada uno de ellos por separado, se cambió la forma de pensar, de proceder, y de resolver. 

El resto del personal incluido el propio Obispo, y su adjunto el coadjutor de la vicaría general, estaban de acuerdo desde que por primera vez mostraban en acto presencial las virtudes del nuevo invento_ kosnische Wasser, al español traducido: Wáter Cósmico_, y además por la cercanía de la Convención preparada en meses en aquellas dependencias y alrededor de todo el país centro americano por las Madres Trinitarias para instruir a más de cuatrocientas aborígenes llegadas de todos los poblados en lo que se denominó: La intimidad higiénica para Mujeres Nativas.

Los acuerdos con la Schissen Lecker, los firmaron y la maquinaria de infraestructuras comenzó a movilizarse para las instalaciones de cuantos equipos fueran necesarios, comenzando por aquel cuartel general, que era el propio Convento de las Hermanas Trinitarias.

No tardó en atender la llamada Manuela, que por sorpresa la pillaba saliendo del confesionario.
_ Eres Javier, ¿verdad?

_ ¡Sí! Imagino esperabas mi llamada para concretar que clase de negocio hacemos_ Le dijo Javier sonriente y dicharachero esperando cualquier barbaridad por parte de aquella monja tan especial y moderna.

_ No te entiendo nada, que quieres decir con esa pregunta tan retórica ¿La clase de negocio que vamos a hacer?  Imagino que será con el mismo trato y las mismas comisiones que concedéis a cualquiera. O es que por ser monja me van a dejar ¿fuera de la retribución? Soy tan mujer como otra cualquiera y también tengo mis gastos y mis ilusiones, a pesar que en ciertos momentos, vaya vestida con el hábito el velo y la túnica de reverenda madre de mi congregación.

_Bueno Marianela como veo que estás puesta; muy puesta, dime lo que quieres directamente, te lo mando preparar y tan amigos.
Sé que contigo las cosas son normales, me hablas con franqueza y con más claridad que nadie de los que te rodean, que a su vez ¿también querrán algo, no es así?

_ ¡Pues no! Aquí la que compra soy yo. Ha sido así durante muchos años, ¡vamos! desde que soy la Madre Superiora de las Misiones en América y los que pagan tendrán que aceptar las condiciones de la empresa Schissen Lecker y no hay más.

_Quieres decirme que el Obispo, Vicario General, el mosén Massana confesor de la parroquia, el delegado, las hermanas y novicias ¿No esperan nada de la venta? No me lo puedo casi ni creer. Aunque si tú me lo dices, es para aceptarlo de buena tinta.
Ya habrás pagado_ siguió argumentando Javier, desde el teléfono_ con creces el precio de semejante peaje, o lo que es lo mismo; el permiso y la firma de todos los contratos.

_ Mira Javier, vayamos al grano_ todas las reformas y las nuevas instalaciones suben mucha pasta, que será abonado por la Diócesis de Costa Rica. Con varios plazos de instalación y de reforma en las diversas parroquias, colegios mayores y conventos de este país, sobre todo en las diversas congregaciones de San José.

Mi negociación con ellos ha sido muy dura y cuando digo con ellos, son todos los que tienen poder ejecutivo, los que distribuyen el dinero de los presupuestos que a su vez se recibe directamente desde el Vaticano. Por tanto yo me quedo con el dos por ciento de lo vendido que lo cobraré en euros o en dólares, según esté fluctuando la moneda. En todo caso abonado en aquel momento, en la divisa que cotice más al alza.


CONTINUARÁ
to be continued...



1 comentarios:

Asociación Poetas de Cornella dijo...

Apreciado amigo Emilio esto es fabuloso amigo, es magnifico

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