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viernes, 15 de noviembre de 2024

Los bisabuelos del visitante.

 



 

En el día 5 de agosto del año de gracia de 1980, aquellos buscadores de historias familiares llegaron al pueblo de sus antepasados. El reloj marcaba sobre las dieciocho treinta de la tarde, y ahí comenzó la emoción de aquellos que querían saber algo más de sus bisabuelos. Unos ancestros de los que no tenían demasiada información. Quizás porque los acontecimientos no permitían presumir de aquella familia arcaica que pasaron sus vidas sin penurias y escasez, que otros menos favorecidos por lo particular y al cabo fueron más felices. No habían sido informados más que de sus nombres, y alguno de los pasajes más graciosos que ofrecían cierta alegría. Sin embargo, del mollar de las cuestiones ocultas, jamás abrieron la boca para comentar detalles. Ni para que sucesores posteriores conocieran realmente que cosas ocurrieron. Dejando sin intuición, sucesos que jamás tendrán luz, para que hijos, sobrinos, primos y demás, estén al corriente. Quedando completamente en secreto, al no estar al tanto de los detalles. Nunca les informaron de nada. Ni tan siquiera los sacaban a relucir o los recordaban. Ocultando asuntos escabrosos, que no interesaba salieran a la luz, ni tampoco airear. Quedando en el olvido.

 Ni más ni menos que pararon frente a la casa de la calle del Val donde se presentaron a la vecindad. Fue allí donde se dieron a conocer, y por aquel efecto de llamada salieron de sus casas, vecinos y conocidos, tras la emoción del momento. Corrió la voz, al instante.

Alguien. Unos desconocidos venían recabando información de personas, que hacía más de setenta años se marcharon de la villa. Aquella buena gente, llenó lo que ellos denominaban “la replaceta”. La plaza del Val.

La primera persona que conocieron y que a la vez ella recordaba al bisabuelo del visitante, era Rosario Norza, hija de Milagros y Esteban, el carnicero.

Al poco tiempo se presentó una señora mayor de ochenta años que se llamaba Pilar Tejero, la que se ilusionó al conocer que su amiga de la infancia Carmen Ruiz, se encontraba bien de salud y vivía en un distrito de Barcelona. Comentó que habían sido amigas en la infancia y que la recordaba perfectamente.

Ese día, ya caída la tarde los recién llegados, dieron un recorrido por el pueblo que presentaba en aquel verano del año ochenta, un estado francamente dejado y derruido.

En el paseo, fueron a la casa de Lázaro “El tripeta”, que entonces contaba con una edad respetable. Noventa y seis años. Pasearon por las calles de Embid, comentando y haciendo memoria del año 1918. Año de la Pandemia Española, que fue cuando falleció Doña Concha Puig, esposa del barbero y sanador. Hablando sobre algunos temas entre vecinos, y volviendo a rememorar aquellas fechas. Los ancianos discutían, unos tienen mejor memoria que otros y señalaban dónde estaba la barbería de donde salió el cadáver de la bisabuela Concha.

Estuvieron estancados cambiando impresiones, en la calle Nueva, que según algunos memoriones había vivido el matrimonio de Saturio y Concha, con sus tres hijas. Para después mudarse a vivir a la replaceta. También habían vivido cerca de la casa de Juana, <la peluquera>. Que fue amante del barbero y practicante de aquella villa y a la vez esposo de Doña Concha.

 Contaron de nuevo, la historia del romance entre el barbero y la peluquera, que por supuesto ya se había convertido en una leyenda. Relatos que en el pueblo, iban pasando de padres a hijos, y por lo visto a los descendientes de la tal Juana, no se les consideraba por ningún anciano y vecino del lugar, gente de bien.

Todos los allí reunidos, referían las buenas manos que tenía Saturio para su trabajo. Se le consideraba muy buen profesional, y toda la familia gozaba de un prestigio adquirido. Influencia que después se perdió un poco, al pasar aquellos acontecimientos de la muerte de la esposa, en condiciones especialmente raras y enigmáticas.

Dejar morir a Cuca, una mujer llena de vida. La esposa del practicante de la villa, que se entendió como una dejación por parte del sanitario, quizás embebido por la seducción del adulterio que tenía con Juana y que aprovechando la ferocidad de la pandemia del año dieciocho, hicieron creer que la muerte fue debida a las fiebres malignas de aquel virus.


 Baltasara pronto recordó con afecto a Carmen Ruiz, hija de Saturio y de la fallecida. Ahora la anciana Baltasara, afincada definitivamente en Embid, después de haber vivido muchos años entre Madrid y Barcelona, refería sus recuerdos. Mujer muy coqueta y cuidada, con su pelo teñido de caoba y sus manos de uñas esmeriladas, que agitaba de arriba abajo, con una gracia especial.

José el pastor, también se esforzaba, con mucho mérito, ya que ha perdido casi toda la memoria, y escuchaba muy atento, recordando que su mujer está muy enferma. Que se está muriendo. Pablo Norza también resonaba todos los detalles que contaban en la calle del Val. Ahora es propietario de la tasca del pueblo. Que es donde se reúnen todos los viejos para tomar sus cafecitos y cervezas. Hacer la partida y hablar de fútbol y de mujeres.

En el pueblo, comentaban muy apenados, que tan solo vive una moza y recodaban que por poco tiempo, porque se marcha a Zaragoza.  Seguramente en busca de marido.

Antonio García Lázaro cuenta como cosa graciosa, que cuando era chiquito las hermanas, hijas de Saturio y Cuca, lo llevaron donde tenía la barbería el practicante y le obligaron a colocar sus dedos en uno de los enchufes eléctricos de la barbería, y el calambrazo lo tiró al suelo. Antonio ha sido durante muchos años, el alcalde del pueblo.  Vive en la casa más antigua, la mejor de la villa y la más grande, conocida por la “Casa de los balcones”. Justo enfrente de donde murió aquella mujer prudente y hacendosa, llamada Concha.

El hijo de Silvestre Gasca y de María Lázaro y la tía de ambos, Doña Trinidad García Lázaro recuerda a la tal doña Cuca, diminutivo cariñoso que le otorgaron.

Manuela Hernández casada con Vicente Lázaro que es el hijo de la señora Cirila.

Apodado, “<El Jilón>” … familia que pasan grandes temporadas en Embid, en la casita familiar, rememoran momentos pasados con Cuca Puig, la valenciana venida desde Calahorra y esposa del pinchaculos, que tantos recuerdos atesoran.

A ellos les llaman los Jilones, y al parecer su tía paseaba todas las tardes con Cuca, dando grandes caminatas mientras las niñas jugaban en la replaceta. Los padres de esta mujer hija de Marcelino y de Blasa Gil, eran amigos del matrimonio Ruiz Puig.

Aquellos visitantes, revolucionaron el pueblo en las idas y venidas. Para el vecindario era una cosa muy nueva. Que gentes de la ciudad, se pertrecharan en sus calles, preguntando por una familia, que en sus días fue insigne, o por lo menos destacada.

 

Vivieron unas horas de emoción, al saber que el biznieto de Don Saturio Ruiz Martínez, y de Doña Concha Puig Martínez, estaba haciendo preguntas sobre la vida de sus antepasados.

Visitaron el cementerio queriendo ver las lápidas de Concha. Ya no estaban. En el año 1954, hicieron unas reformas en la necrópolis, según dijo el alguacil, produciéndose una reforma por ampliación, y todos los panteones fueron desapareciendo por traslado. Se dio un bando y facilitaron aviso a las familias para agrupar tumbas y poder trasladarlas a lugar conveniente.

Los sepulcros y panteones de los que no dieron señales ni reclamaron, fueron llevados a la huesera común del cementerio. Ahora es un rincón de paz, y está muy cuidado.

 

En el castillo, lugar que denominan los vecinos, es la llamada parte antigua de Embid, y a la vez la zona más alta. Solo vivían en aquella época, los descendientes de Juana la peluquera que son los únicos que no se aproximaron al acontecimiento. Ni se sintieron atraídos en saludar a los llegados.

Entonces no había en el pueblo, más de 150 habitantes, y subía todas las tardes el médico desde la población de Paracuellos de la Ribera.

No había escuelas, ni farmacia. Nada absolutamente. A los niños que son escasos, los viene a recoger un autobús. Los lleva a las escuelas para instruirlos y darles clase, en Sabiñán.

El enclave es bañado por el Jalón, con una vega muy fértil en un hondo, desde donde se divisa en relieve la montaña circundante, con el pico de la Cocha. La iglesia de San Miguel, está totalmente derruida. Otra capilla está, donde se ubicaba el cementerio antiguo junto al lavadero y el manantial.

 

Santos lázaro cuenta que siempre ha tenido muy presentes a toda la familia del practicante. Es un vejete muy simpático y goza de muy buena memoria. Contaba como si lo viviera en aquel momento, cuando Doña Cuca, pocos días antes de morir, le mandó traer de la vega, un manojo grande de pámpanos y en una sentada se los comió casi todos. La Doña era una mujer muy de vida, con un volumen considerable.

 

Santos, es hermano de Lorenzín el que cortejaba a la hija del practicante, la joven Carmen Ruiz Puig. Lorenzo fue capitán del Ejército de Tierra, y cuenta también que él hizo el servicio militar en Zaragoza, incluso les había visitado a veces cuando las tres hermanas ya residían en la capital de Aragón.

Como anécdota graciosa, cuenta que cuando la familia del barbero llegó a la población de Embid, su madre envió a todos los hermanos a cortarse el cabello a la barbería de Don Saturio con un real a cada uno de los hijos. Cuando estuvieron arreglados le preguntaron al barbero, cuanto costaba.

El sanador peluquero, les cobró por el arreglo de todos ellos, una perra gorda, y el cambio por supuesto no lo devolvieron a su madre y se compraron chucherías.

Cuando le contaron aquellas incidencias a Carmen Ruiz, de ochenta años, los ojos se le bañaron de lágrimas, por los recuerdos y certidumbres personales.

 

Han pasado desde aquellos días cuarenta y cuatro años, demasiado tiempo. Todo habrá sufrido un cambio para mejor, las calles, los servicios, los recodos. No se yo si la población habrá crecido en habitantes. Estamos en noviembre del 2024, todos los nombrados están en el cielo, viéndonos a nosotros como desdibujamos en según que circunstancias la realidad de las cosas. Que Dios los tenga en la gloria y que descansen en paz.

Lo merecen todos ellos.

                                                  

 

 


viernes, 16 de diciembre de 2016

Crimen en el Casino



El día en que Doña Concha, se contagió del brote de la fiebre del nefasto año diez y ocho, fue un domingo nublado de madrugada, recién llegado Saturio del Casino, tras perder una fuerte cantidad de dinero. Se había jugado parte del patrimonio en acciones que poseían del Balneario, quedando estas esquilmadas en favor de otro sinvergüenza del mismo calibre que el “saca muelas”.

Siendo recriminado de forma agria por Concha, que ya llevaba un tiempo advirtiendo y sirviéndole de reflexión, por su forma de actuar. Dejaciones que tenía cada vez más clamorosas, con las niñas y con ella misma. Falta de atención a la Botica, juergas interminables, líos de faldas con las señoras del pueblo, y con las meretrices de las posadas de lenocinio, sin llevar cuando menos el disimulo y el cuidado del inicio de las veleidades.
Siendo por otra parte estas acciones, escarceos seductores y demás, de dominio de su esposa y del propio Arnedillo.

Aquel domingo tuvieron una bronca muy prolongada y muy severa, tanto que no llegó a mayores con las acciones, gracias a la intervención de la hija Charme, que ya contaba con diecisiete primaveras y era la que administraba aquella familia a nivel de cuidado con sus hermanas menores, de control con el servicio doméstico y de las múltiples atenciones que la gran casa necesitaba, al estar la madre Doña Concha, como el padre ocupados en los quehaceres públicos, dados del cargo que poseían tanto en el Balneario como en el Casino de Arnedillo, sin contar con un despacho de recaderos que recorrían La Rioja entera, con mercancías de todo tipo, entre ellas tejidos, manufacturas y joyas. Negocio en auge, del que fue heredera Concha Puig por las tantas propiedades como le había dejado el testamento paterno.

Charme, había puesto paz en la trifulca que mantenían sus padres, no sin observar el aspecto que traía Saturio, sendos cortes en los antebrazos de arma blanca y en la forma que los pretendía disimular ante aquella mujerona que era la señora de la casa, la cual propensa a que le dieran unos achaques de apoplejía, que la dejaban desmayada, tuvieron que llevarla a sus aposentos las asistentas de servicio y encamarla con unas vasijas de agua caliente. Suministrándole unos brebajes que el propio esposo había preparado con simientes y tallos de tomillo e hinojo y que él mismo le suministraría llegada la noche.

Una vez la madre descansaba en su cámara, acompañada por el resto de sus hijas Marina y Xon, Charme se enfrentó con su padre, exigiéndole le explicara en primer lugar de donde venían aquellos cortes que llevaba en los antebrazos, hechos que sin duda los había recibido en alguna reyerta, con algún desaprensivo.
Esperando recibir por parte de su padre aquietas explicaciones de su proceder, ya que desde un tiempo a esta parte, por falta clara de comunicación del boticario, en no cumplir, ni tan siquiera disimular aquello que debía estar preestablecido entre el matrimonio, tenían detalle.
Notando a su vez el desfallecer del buen tono familiar, y de la ausencia y falta de responsabilidades en su proceder, del desencanto y flaqueza del erario familiar, por el tanto juego, mujeres y vino que necesitaba, un padre que hasta entonces lo disimulaba con creces.

__ Tendrás que aclarar este proceder tuyo, que ya es una norma indeseable que hemos de aguantarte, madre y nosotras

__ Hija ha sido un percance desgraciado. Ya me conoces y suelo dejarlo todo bien agarrado, para sobre todo la gente no chismorree

_ Sin embargo ya me contarás como te has hecho las heridas, tan profundas de los brazos, que da hasta miedo mirarlas, por lo feas y obscuras que son.

__ Has de ayudarme, a esconder ciertas cosas que están en mi despacho del Casino, que no puedo solventar yo solo.

__ Antes de eso, has de explicarme para que yo lo pueda entender cómo es que te portas tan mal con madre y con tus hijas. Estás ocioso y sin recursos, no eres tú, algo te está ocurriendo que nos ocultas y así dejarás de poder tirar hacia adelante y en poco tiempo, serás una piltrafa, que no podremos arreglarlo en forma alguna.
Sin contar ese enorme despilfarro que llevas, sin darte cuenta que en nuestras arcas ya no entra dinero y solo hacemos que pagar deudas de juego, de vicios y de vergüenzas, cuando hasta hace poco solía entrar los dineros a borbotones.
Entiendo que los clientes de la barbería y los pacientes del señor boticario, no sean gentes que estén sobradas de posibles, pero algunos pagos hacían cuando te dedicabas y estabas al frente de la farmacia, ahora, imagino se lo llevan los mancebos que tienes contratados y flaco favor nos hacen, valdría la pena cerrarla y mandarlo todo al cuerno.

__ Todo cambiará hija, he tenido unas manos de cartas muy malas, hace un tiempo y eso ha hecho debilitar mi persona, además de los insultos que ha proferido tu madre contra mi persona, que creo son injustos y despiadados.

__ Estás enfermo padre, decir que has tenido mala suerte, cuando tú eras el primero que le veías la brizna en el ojo al vicioso jugador, y clamabas al cielo con tus maldiciones si era preciso y brebajes para sacarlos de la degeneración. Ahora eres tú; el primero en sumarte al grupo. No te da vergüenza lo que va diciendo el pueblo de ti.

Sois el hazme reír con el lío que lleváis la peluquera y tú. La Dolores, a la que te tiras en su propia casa, sin importarte que tu mujer y tus hijas tengan que soportarlo. Sin escandalizarte sobre lo que vierten sobre esa familia y la nuestra, por vuestros escándalos.

__ He cometido muchos errores y graves, pero como el que voy a contarte ahora, ninguno. Trataré de enmendarlo, tengo muchos contactos de amigos que creo solventaran el asunto sin que intervenga la gendarmería y de otros que no lo son tanto, que por el mero hecho de que me deben grandes cantidades de dinero, provenientes del juego y de los líos de sus queridas, portadas al Balneario a todo estar y con sanaciones deslumbrantes también me echaran una mano para que todo quede oculto y nadie pueda enterarse

__ Por mi parte, no quiero saber demasiado de tus fechorías, lo único que quisiera es que no des la nota en este pueblo, que todo se critica y ya vamos apañados con lo que tenemos encima.

__ ¡Escúchame!, y deja tus retahílas para otro idiota. ¡Acabo de matar al marido de Dolores, al amigo Segismundo, el bocazas de Arnedillo