lunes, 24 de febrero de 2014

Cinco minutos. ¡Nada más!




Acostumbrado a contar historias ajenas parece que los misterios y los detalles deben ser distintos de cuando declaras intimidades. No lo son, y lo sabía, aunque no quería darme por enterado.

Las conmociones iguales, y las necesidades las mismas. Siendo comunes para todos los humanos, que las cosas que les ocurren a los demás a ti también te llegan y debemos aceptarlas.

Hoy les hablaré de mí, en primera persona.  Necesito explayarme porque me embarga la pena, una condena ciega no fácil de edulcorar y que tampoco apetece que de ella salga un falso sentimiento. Estoy sentado muy solo, como me gusta, para dejar correr mis sobresaltos y me es tan distinto a otras ocasiones que ni siquiera lo comprendo.


Ayer incineramos a mi padre.  


Después de un Vía Crucis tan doloroso como intenso. Dejando su cuerpo deshecho por el padecimiento silencioso que imprime esa enfermedad maldita. Amén de haberle hurtado su espacio cognitivo que le privó de una despedida natural.


Podría escribir la frase tan asistida de: “estoy vacío y roto”. Sin embargo mentiría puesto que es completamente anverso a lo manifestado. Estoy lleno de rabia e íntegro para desahogarme contigo.


¡Sí! Contigo, porque sé que ahora no me miras a los ojos y puedo emocionarme sin que tu intervengas. Porque si se escapa una lágrima, no tendré que justificar nada y a mi modo, iré expresando si llego a ser capaz, todo ese cúmulo de irritación que me embarga.


Rabia por no poder haber hecho mejor las cosas, por haberme perdido tantos instantes que deberían haber sido nuestros y no supimos administrarlos.

Ira por tener que pagar un peaje de vida excesivamente caro, sin poder explicarlo para que me entendiera.

Cólera, por no ser el tipo hábil y desinhibido que a él le hubiese encantado. Pálpito en mi corazón sabiendo se llevaba consigo aquellos momentos que debería haber compartido conmigo y no supo o no quiso hacer.

Dentro de toda la circunstancia, desde el mismísimo momento, en que pereció en mis manos, dando su último suspiro a poca distancia de mi persona, supe que las cosas no están dispuestas por capricho, que debía ser así por algún motivo.

Incluido el momento imborrable de la exhalación de su alma, cuando la enfermera lo asistía y certificaba: le acompaño en el sentimiento.

Comprendí que todo se difuminaba cuando el conserje del Tanatorio se acercó y me dijo_ ¿Quieren despedirse ya?

_ ¿Despedirme? _ pregunté _  y entendí lo que quería transmitir sin necesidad de más verbo. Lo trasladaron a un oratorio contiguo y acompañados de nuestros amigos accedimos sin pensar.

De sus amigos, compañeros, familiares, vecinos, que nos rodeaban en silencio, sin el más mínimo suspiro. El capellán hizo una puesta en escena generalizada y supe entonces que sonaba su canción preferida. El trío de músicos interpretaba su melodía, aquella que tantas veces habíamos compartido cantando, sin pensar que sería la destinada a ser su música celestial

Le siguieron otras oraciones, pero yo ya estaba fuera de aquel lugar, sin él, sin mí y despojado de toda realidad. Fueron cinco minutos, los últimos que estaría con él. Cinco minutos para expresar de forma subliminal. Cuanto le quería.













8 comentarios:

Amparo Zurriaga Bañuls dijo...

Hola Emilio, siento muchisimo lo de tu padre, en fin es ley de vida muy dura experiencia para los que nos quedamos aqui y te lo dice alguien que ya ha dejado en el camino de la vida a unos cuantos seres queridos, que te puedo decir pues que paciencia este dolor solo lo cura el tiempo, sigue escribiendo y dejando fluir tus sentimientos eso te hará bien y si necesitas una charla, pues aquí me tienes, para eso están los amigos.
Un Abrazo
Amparo

Mery Canovas dijo...

Hola Emilio, soy Mery la hija de Charo. Te leo habitualmente pero nunca me había sentido tan identificada como en esta ocasión. Lo primero de todo transmitirte mi más sincero pésame, hace siete años pasé por un momento similar, falleció mi abuela, y tus cinco minutos me han hecho viajar a aquel mismo momento en el mismo tanatorio. Entiendo tu dolor y tu ira, yo me ahogué en ellos durante mucho tiempo, pero llegó un momento, necesario por otra parte, en que su recuerdo me abrazó y me regaló una inmensa calma. Una parte de ellos se queda siempre en nosotros haciendo lo que siempre se les dio también hacer: cuidar de que estemos bien. Espero y deseo que llegues pronto a ese lugar, donde no hay lugar para reclamos, porque todos podríamos haber hecho las cosas mejor, un beso y un fuerte abrazo.

Eduardo dijo...

Hola Emilio, cuando llegan estos difíciles momentos que los vemos venir, pero que nunca queremos que nos lleguen es cunado uno se da cuenta del sufrimiento que supone la vida.
Eso que definimos como camino de espinas.
"El camino está trazado": lo decimos muchas veces. Ocurre que la realidad simpre se sobrepone a nosotros mismos.
Descanse en paz tu padre.
Te acompañamos en el sentimiento, con todas nuestras fuerzas a ti y toda la familia.
Te queremos Emilo, todo nuestro apoyo amigo

Anónimo dijo...

Levo unos días que no sale de mi cabeza la canción que escuche y que tanto identificaba a mi abuelo. Solo se que todo lo que hiciste fue con cariño para el. Yo se que tu lo querías pero me consta que el también te quiso ya que no hace tanto me lo dijo en una de las visitas.... Mucho animo...

Elizabeth Cárcamo dijo...

Dios te de la fortaleza que necesitas en estos momentos, pues comprendo perfectamente como has de sentirte. Sólo nos quedan los buenos momentos que pasamos junto a nuestros seres queridos. Ruego a Dios que el apoyo de las personas que te queremos aunque sea a distancia logren minimizar en algo el dolor que causan estos acontecimientos en nuestras vidas. Un fuerte abrazo. Elizabeth

Pedro Sánchez dijo...

Alguien dijo que la vida y la muerte son dos labios de una misma herida, que no hay vida tan larga que no encuentre su final. Mientras, vamos caminando por un sendero que, al declinar de la tarde nos convertimos en cenicientos senderos de la muerte.

No debemos temer ese recorrido, salvo el mismo miedo que nos paraliza, porque el tiempo no lo borra, solo lo oculta.

Recibe nuestras condolencias,

José y Mª José

Anónimo dijo...

Querido E, siento mucho lo de tu padre y deseo descanse en paz. Créeme, si haz hecho cosas lindas con él, sólo que también hiciste tu vida, así como él y su padre y su abuelo, etc. Siempre pensamos que queda algo inconcluso, no es eso, es que sabemos que ya no los podremos ver cuando deseemos, que ya no lo escucharemos más y eso nos llena de tristeza pues los amamos y ahora que estamos en esta edad, los apreciamos y admiramos, comprendiendo todoooo lo que hicieron por nosotros y por ellos. En fin amigo querido, tú conoces las bellezas de la vida y una a una la vivimos y la dejamos. Es por eso,que día a día, debemos valorarlo con asombro, esto lo han dicho muchos y pocos lo llevan a cabo.
Recibe mi cariño, ya sabes que te guardo en mi corazón por siempre jamás.
Lili Luna

Anónimo dijo...

Amigo Emilo, como sabes yo tambien te leo habitualmente, aunque ahora por motivos particulares, llevaba unos días sin hacerlo. Lo siento, entiendo perfectamente tu dolor, rabia, impotencia ..., porque también tuve estos sentimientos cuando se fue mi padre.
Un fuerte abrazo
Daniel Oliver

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