viernes, 28 de febrero de 2014

La Esclava Nica


Su dueña se puso enferma y ella, Ivania la llevó directamente al hospital. Sin perder el mínimo tiempo, en ello les iba la vida a la abuela y a ella misma. Llamó a la central de taxis desde su teléfono celular y tan pronto como una exhalación esperaba el coche amarillo y negro, en la puerta de la calle.
Una intervención propia de una persona adiestrada y entendida, como era la asistente de Mercedes Buñalons.

Ivania Yonith, una residente en el país sin papeles, que se ganaba la vida entre otras cosas atendiendo a personas de edad avanzada y haciendo los trabajos más insospechados que persona imagine. Limpiezas en hogares, acompañamiento de niños a la escuela, recados a domicilio, asistencia geriátrica, ventas en las esquinas, reparto de publicidad. Echaba tanto de menos a su gente, familia, su hijita tan lejos. Su trabajo, su oficio, maestra de instrucción infantil, preparada con tanto ahínco en sus años mocitos, para recibir esto. Una licenciatura en “quitamierdas”


Después con mucho tacto y serenidad llamó a sus hijos y familia para decirles de la exigencia y que su mamá, estaba en urgencias del Sant Joan de Deu. Que no entendía revistiera demasiada gravedad, pero que ha creído oportuno trasladarla para que los doctores la visitaran y dictaminaran la consecuencia de la indisposición.


No contenía demasiada crisis el estado de la señora Mercedes, pero por si acaso Ivania su asistenta hizo lo que tenía encomendado por su familia. Aquellos que a fin de cuentas le pagaban un sueldo más bien escaso, sin ningún día de descanso, sin reconocimiento de antigüedad y lo más penoso. Sin declararlo a la Hacienda Pública, para no darla de alta en la Seguridad Social y así ahorrarse el pagar impuestos. Pudiera acomodarse en el país, justificando un trabajo y con ello la consecución de los documentos necesarios para establecer su residencia estable y definitiva, poder traerse a su hija y comenzar una vida nueva.



Aquella familia de los Buñalons, tenían costumbre de trato incierto para las personas que ellos consideraban de menos clase social y jamás tuvieron gestos generosos con la muchacha, que se desvelaba día y noche por la abuela, sin abrir la boca con quejumbres, ni pestañear sus ojillos de gacela asustada. Dadas las consecuencias de perder la ocupación, de verse en la calle pernoctando en las casas de acogida o en los tugurios bajos de la ciudad. Los Buñalons, no pertenecían a la alta sociedad, son gente trabajadora, que se han hecho con un bienestar y que a pesar de pretender ser buenos contribuyentes, no lo son. Como algún personaje famoso miran de camuflar esto o aquello al fisco. Ahorrarse cuanto puedan en el cuidado de su madre. Recogida, atendida, limpia y distraída. Sin que ellos los hijos, reciban males de cabeza, que el trabajo lo realicen terceras personas, les cueste lo menos posible a pesar de estar recibiendo una paga del Estado.


Las dos y cuarto de la madrugada, cuando aparecieron los primeros familiares de la señora. Caras de anarquía sosegada, en la persona de Ros Mary, hija de Mercedes y esposa de un técnico del Ayuntamiento de la ciudad, que también la acompañaba en esos momentos de prisa y de vacilación.

_ ¡Como está mamá y dónde! _ preguntó Ros Mary mirando a Ivania Yonith, con cara de desprecio desde los pies a la cabeza, esperando una respuesta convincente.

_ ¡Señora Ros Mary, yo la he visto apurada! Por ello, sin más y siguiendo las instrucciones de su hermano el señor Jaime Javier, la he traído al hospital. Estaba muy malita y con muchos sufrimientos. Ya sabe usted, como es, insulta sin parar, cuando siente sus dolores. Ahorita, la van a llevar a planta, ya la atienden los doctores más de hora y media y supongo que la dejaran ingresada.

_ No te podías vestir de otra forma, para venir a Urgencias_ reprochó la hija a la sirvienta, con malos modos. Por observar venia vestida con su camisón de algodón y cubierta con una batita de rayón de un color muy llamativo.

_ ¡Señora, no me regañe!, que lo primerito era su mamá de usted, no quiero que piense que existe negligencia por mi parte, pero tenía que haberla visto y como sufría. Por cierto el taxista le pasará a cobrar por la oficina de su señor esposo, mañana, a lo sumo pasado. Le he dado el nombre y donde trabaja, yo no tengo posibles para sufragar ese viaje, quiero que comprenda.

_ ¡Esa es otra! ¡Tú no puedes llamar una ambulancia! La seguridad social, nos cubre esa contingencia y así nos ahorramos ese pago. La próxima vez hazlo como te explico, o tendrás que pagarlo de tu bolsillo.

_ ¡Señora Ros Mary! Usted sabe que no puedo llamar a sitios oficiales, sería como descubrirme a mí misma, no tengo papeles. Ustedes no quieren darme de alta en esa Seguridad Social, y llevo sirviéndoles más de año y medio.

_ No se lo habrás comentado a nadie, todas esas patrañas. Ni siquiera al taxista, ¿verdad? No vaya a llevar ese chisme al Ayuntamiento y perjudique la carrera de mi Carlos. Porque entonces la que te saco de aquí a patadas hasta la frontera, ¡Soy yo!

_ No señora, ¡No! ¡Les estoy agradecida por todo lo que hacen por mí!   Es solo que a veces, no sé qué debo hacer, ni lo que les va a gustar a ustedes. Su hermano me da unas órdenes que a usted no le parecen y las que usted me indica, a él, le repatean. Creo que ustedes, si permite que se lo comente, deberían ajustarlo. Perdón por la arrogancia de comentárselo.

_ ¡Bueno eso a ti no te importa! ¡Me oyes! _ con ojos descentrados miraba a Ivania Yonith_. Procura ganarte el sueldo que te pagamos, no tenga que tomar medidas drásticas y sea peor.

_ Lo que usted mande señora Ros Mary, ¿Puedo ir a casa, ahora que ustedes están aquí con su mama? Así me cambio y descanso un rato, para volver más tarde y quedarme con ella.

_ ¡De ningún modo! Tú no puedes ir sola a la casa. Ya te lo dijimos, si mamá está fuera tú has de estar con ella. ¡No! ¿Creerás que vas a dormir sola en el piso? ¡De ningún modo! ¡Ni hablar!

_ Señora, tengo mi ropa allí, permítame pueda cambiarme y coger ropa de abrigo por lo menos. ¡Estoy helada!

_ ¡He dicho que no! Te quedas con mamá hasta que le den el alta. En casa sola tu no haces nada, ¡Vamos que ni pensarlo!






2 comentarios:

Joan Vendrell i Campmany dijo...

He conocido casos similares, de familias acomodadas que se valen de estas personas llegadas de allende los mares, para pagarles una mísera cantidad a cambio de que estén las 24 del día y los 365 días al año cuidando a la abuelita, y encima sin exigir nada, bajo amenaza de echarlas a la calle.
Me dan auténtico asco estos personajillos, que luego no les duele prenda derrochar en actos sociales con sus amistades de semejante calaña. Mientras, esto sí, vulnerando sus obligaciones, empezando por no tener dada de alta a la Seguridad Social a la persona que les presta estos servicios, y al mismo tiempo por pagarle un mísero salario de mierda. Y perdonen la expresión.

Amparo Zurriaga Bañuls dijo...

Muy bonito relato y muy real, no se donde se han quedado los sentimientos y sobre todo los valores que tanto me inculcaron mis padres y que yo a su vez he inculcado a mis hijos, que pena nadie somos más que nadie, en que mundo vivimos y aun peor que mundo vamos a dejar a los niños.
Felicidades por tu escrito
Un saludo
Amparo

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