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lunes, 11 de mayo de 2026

A quien metes en tus sábanas.

 



Después del divorcio Don Anselmo, se quedó con la custodia de su hijo el señorito Amancio Pietro, de quince años, fruto del matrimonio que tuvo con Gracia Camila. Una modelo muy guapa y famosa, diez años más joven que él, y que se enamoraron en una de las bacanales que se daban en las fiestas de fin de año, celebrando la ampliación de la empresa que regentaba. Con afluencia de gente famosa, artistas y buenas orquestas que hacían de aquellas reuniones un gozo por disfrutar de lo que la vida regala.

Don Anselmo Gratto, es un hombre, distinguido y moderno, que se cuida, se conserva y no quiere envejecer. Muy presumido y narcisista, que tan solo mira por su bien, su gusto exquisito por las grandes cosas y poco amante de enredos. Procurando vivir a su modo dentro de las fascinaciones de aquella ciudad. Propietario de la compañía de transportes Sempiterna. La que había heredado por descendencia con una vigencia y antigüedad de cinco generaciones. Negocio que gobernaba con mano dura. Sin dejar de saborear de los buenos momentos que le proporcionaba su posición adinerada.

Actividad comercial aquella de la Sempiterna, dedicada a la expedición, reparto y despacho de cuantos materiales fuera menester, incluyendo las entregas frágiles que pudieran darse, con una solvencia ganada por lo pulido de los empeños que derivaba la propia firma.

Llevando y transportando bultos y mercancías de aquí para allá en la zona, abarcando la región y el completo de la nación.

Compañía robusta que tenía un accionariado saneado y ya remaban incluso, con envíos internacionales.  

Estuvo casado con la madre de Amancio Pietro, durante seis años y ahora hacía unos cuantos que se había divorciado amigablemente y sin resquemores.

La separación fue del todo social y no hubo insultos ni malos modos en el reparto. La guapa Gracia Camila, ahora exesposa, no salió mal parada, y sin duda no tendría problemas a lo largo de su existencia para su alimentación y el desempeño de su cotidianeidad.

El niño, que ya no lo era tanto, estaba educado en la modernidad, y no había nada que le descompusiera. No aceptó, ni quiso ir a vivir con su madre y todo su entorno, que por cierto no era nada soso.

Prefirió quedarse en la casa paterna, por aquello de la comodidad, las pocas preturas en su conducta, y sin dudar por los gajes que le proporcionaba depender del poco control y permisividad de su padre

Don Anselmo, un caballero que jamás se inquietaba por sus descendientes, y de la poca y menos vigilancia que llevaría viviendo bajo su tutela. Por ser el papá un hombre muy permisivo y magnánimo.

Creyendo el joven Amancio que no meneándose de residencia, pasaría más desapercibido y descontrolado. Condiciones que no le venían mal por el camino abrupto que estaba tomando desde hacía unos meses y por la tarea frenética que gastaba aquel jovencito que lo poseía todo.

Normalmente y a sabiendas del chiquillo, su papá, siempre de fiestas nocturnas hasta altas horas de la madrugada, con festejos escandalosos y sexo desbordante, con muchachas y amigas que le divertían y hacían que su divorcio no fuera ninguna pena ni le hubiese ocasionado ningún descalabro.

Citas con amigas y diversiones varias que lo divertían de manera brutal, por el vicio y el despilfarro de aquellas orgías carnales.

 

En el último tiempo Don Anselmo, se había enredado en demasía con una antigua amiga de la que fue su esposa. Con la que desde hacía meses, tenían encuentros que ya no eran esporádicos ni secretos. Ahora sólo valía la cama.

En tiempos había habido relaciones no permitidas pero aceptadas por todas las partes. Eran amoríos casi íntimos, entre Claudia, la que por entonces era la mejor amiga de mamá y el todopoderoso Amancio.

Pasando de ser en aquellos instantes, lujurias sin decoros accidentales, a transformarse en encuentros habituales sucesivos y muy constantes. Tanto que Don Amancio le había instalado a su nueva amiga un reservado especie de morada en la propia residencia habitual y familiar de los Pietro Cortázar.

Claudia Martina, un bellezón sin escrúpulos, aquella que en tiempos fue la inseparable tierna y amante de Gracia Camila. Las cuales lo habían compartido todo. Vicios, engaños, concubinato, e incluso pasiones secretas en los dos lados de la cama.

Dama ya madura, la tal klaudit, que así le citaban los que le asumían intimidad. Muy; pero que muy… fascinante, atractiva y erótica, además de valiente y aventurera.

Pimpollo descarado que había sido confidente de las estrategias impensables para darle engaño al consorte y, última esposa del poderoso Don Anselmo.

Fuera de la vida y engaños de su amiga y de la servidumbre al esposo, Gracia Camila, estaba liberada en busca de nuevos horizontes.

Aquella que fingió mantener la carga durante quince años, como esposa fiel y entregada. Ahora pasaba a ser la ex esposa y la ex señora de la casa.

Con la anuencia de todo el mundo, quedando sentado que allí no pasaba nada de nada, que todo era normal, y que así lo había decidido el destino caprichoso, por lo que nadie ponía impedimentos. Ni tan siquiera en la conducta del joven lampiño, hijo de Don Anselmo y de Gracia Camila.

 

El impúber de Amancio Pietro, aquel fingido y falso angelito, ya espigado, boyante y bastante desarrollado por no decir descastado y transgresor, pululaba entre la oscuridad, el voyerismo y la intimidación. Más incluso, de lo que muchos de los que le educaban o rodeaban pensara…

Se le erizaban los cabellos cada vez que fisgoneaba para sorprender a Claudia Martina desnuda. A pesar de saber que ya era oficialmente la nueva pareja de su padre.

Al imberbe muchacho aquellos portes provocativos que le dedicaba Klaudit adrede al joven Pietro, desfilando frente a él, sin recato y descarada mostrando parte de su body tal y como vino al mundo… pero con cuarenta años más, lo ponían frenético, y al máximo de sus resistencias sexuales.

Ella le llevaba unos cuantos años de delantera, y deliberadamente aquella mujer madura, provocaba al joven de forma velada. Encontrando el resultado de sus devaneos en el placer de un joven Amancio, que la deseaba.

Klaudit consciente de lo que le podía sobrevenir quiso jugar con el padre y con el hijo y se dejó mirar, incluso provocaba situaciones de descuido para que el que parecía desesperado, no pudiera contenerse y traspasara aquella frontera.

 

Amancio loco de excitación procuraba coincidir estando en casa, para espiarla, sin embargo como no era tonto, pretendía hacerse pasar como un salido falto de contactos amorosos. Detalles que no se daban en el joven Pietro, por tener a su abasto ingente cantidad de amigas con derecho a roce, fricción y desgaste que podrían llegado el caso, satisfacerlo.

Sin embargo el bueno y listo de Amancio, además de disfrutarla cuando ella se daba aquellas largas sesiones de masaje corporal, que igualaban a las más sofisticadas asambleas de porno, las registraba.

Aquellas interpretaciones llegaban a ser congresos de masturbación femínea, dedicados al hijo de su amante, esperando Klaudit, que el niño diera el paso.

La teatralidad gratuita dispuesta para Pietro, eran propias de actuación de la barra de las señoritas de compañía, que se las ponía en bandeja esperando su reacción. Película que el joven Pietro, grababa en película y se las pasaba a Don Amancio, con la advertencia de: ¿A quién metes en tus sábanas por la noche?


autor: Emilio Moreno

Emilio Moreno


martes, 23 de septiembre de 2025

Viaje alrededor del ombligo.

 










—Entonces de verdad, que no vendrás conmigo estas vacaciones. Preguntó Rodolfo, sin creérselo y continuó con aquel tipo de interrogatorio banal con preguntas de respuestas conocidas. 

—Lo dices en serio Margarita. Vamos a separarnos durante un mes, cuando siempre hemos viajado cosidos. Sería la primera vez en el tiempo que llevamos juntos que cada cual tira por su lado. Lo has pensado. Le dijo Rudolf a la guapa Margaret.

—Claro que lo digo en serio, y que además muy convencida. No me apetece nada ir a ese país remoto del demonio. Eres muy tozudo y yo, no estoy dispuesta a sufrir, porque a ti te dé la gana. No voy. Seguro que no. Siguió apostando.

—Me marcho con mi hermana a la Costa Brava. Ella, la pobre está intentando salir del disgusto de su divorcio y estaremos en su casita las dos.

—¿Quizás lo haces por ahorrar? Aunque no creo. Igual te debe haber dado una vena, o por fastidiar. Crees que en la playa no se gasta. Ya me lo dirás cuando regreses, verás como a veces es mejor salir del país y conocer nuevos horizontes. ¡Vamos si es verdad, lo que me estás confirmando! 

—Pero que dices Rudolf, para ya. Por favor. No conoces al completo tu región, y te quieres ir a sufrir con los mosquitos, los lagartos y arañas. Estás medio loco. ¡Medio no! ¡Completamente loco!

—Loco no estoy. Creo que te lo pierdes si no vienes. No vivirás las mismas sensaciones que yo y tendré que contártelo.

—Pues al tanto, tu sabrás lo que haces. Lo cuentes o no lo cuentes, es un riesgo bastante previsible, ir a lugares a los que no tenemos costumbre, además ni siquiera estamos vacunados contra esos microbios que pululan en el aire. ¡Ya te digo! No tengo ninguna ganita de padecer. ¡Lo siento!

—Fíjate que veo raro que no me pongas más trabas, y me dejes marchar solo, sin más impedimento. ¡Qué hay del control al que me sometes durante el año!

—Eso tú sabrás. Aunque sabes muy bien lo que opino. Después de todo este tiempo juntos soportándonos, lo que sea sonará. Se detuvo para respirar y arrancar con más rabia y desprecio.

—Estoy un poco harta de ser la cenicienta. Mientras los demás disfrutan, y mira que digo los demás, por no personalizar en ti. Respiró y tomó energías para seguir dando caña al guapo de su Rodolfo.

Yo sigo en la cocina, lavando y fregando. ¡Desbordada de soportar! Pretendo descansar en la playa, leer y comer a placer lo que me venga en gana, pasear y consumir helados de nata, y alguno de esos cocteles del cañero y rocoso bareto de Jimo. Tirada en la arena de la playa medio en pelotas y dormir. ¡Dormir a placer hasta las tantas! Esperando la respuesta inmediata, aguantó erguida. 

—Entonces, estas decidida a dejarme ir solo sin más. Mira que el recorrido que tengo previsto te gusta. Siempre me decías que te encantaría pasar unas semanas donde quiero y pretendo ir. Iniciando la trayectoria del viaje en Tailandia, sigo por Camboya y recalo en la isla de Sumatra. Acabando viaje en Indonesia, para regresar a Madrid.

Se quedó pasmado viendo la negativa de Marga, y sin sospechar cual era el motivo real por el que no quería viajar. Insistió por última vez, por si reflexionaba.

—Piénsalo Margara y me lo dices una vez lo sazones. Que sepas que esta tarde hago la reserva del avión y hotel. Estás a tiempo de venirte. Hasta mediodía espero tu deseo, y te incluyo en el tour. 

—Por mi parte está decidido, añadió Margaret. Mirándoselo con desdoro por la decisión que tomaba, nada conciliadora con su deseo, y que añadió con escarnio

—Puedes hacer lo que te plazca, ¡Eso sí! Lleva mucho cuidado donde te metes, que es lo que comes, donde frecuentas y a que te atreves. De ocurrir algo físico tendrás que arreglártelas solito. Yo no viajo a esos lugares desconocidos a socorrerte. Solapó su respiración y añadió.

—Eres demasiado temerario. Lo refiero porque te conozco, y aunque sé que no te sabrá demasiado bien. Te lo diré. Crees que exagero, y lo que digo no es cierto, sin embargo te veo viejo para liarte con esos tiros. ¡Que lo sepas!

—Anda, y luego dices que me enfado. Si es que me disparas con balas de pólvora explosiva. Paso de tus memeces. No lo tomes a mal, pero si cambias de opinión, tienes una plaza a mi lado. 

El paradisiaco viaje al maravilloso desconocido se inició. Margarita, no dio su brazo a torcer declinando el viaje. Por lo que Rudolf concertó con la empresa de trávelin que trataba aquel viaje soñado. Viajaría solo, sin amigos ni conocidos. Se buscaría la vida como pudiese, ya que pretendía fuera un trayecto para conservar en su recuerdo.

Con tiempo se preparó en inyectarse las vacunas necesarias para evitar las enfermedades de las que pudiera contagiarse. Además de comprar los ungüentos y pócimas para evitar picaduras de insectos portadores de toxinas virológicas.

Rodolfo es un tipo duro, guapetón y resultante a las personas, amable y sensitivo con las mujeres de todo tipo. Atractivo y chulón, que dado al empleo que defendía de visitador médico de farmacia, solía tener don de palabra para polemizar con el mismísimo Séneca de ser preciso.

Necesario para tener respetables comisiones en sus ventas en las apotecas. Estaba pasando una época de rearme al estar entre los cuarenta y cincuenta años, que es donde algunos hombres encuentran diferencias en sus complejos físicos, y pretendía hacer aquel viaje para disfrutar, pero a la vez medir su capacidad. 

Había conocido a Margaret, su ahora tercera pareja en los laboratorios Detengèímer. Innovadores en los medicamentos de capacidad mental, y retardo del Alzheimer. Con la que llevaba unido casi tres años.

Anteriormente estuvo liado junto a una cantaora flamenca y por celos de la artista, partieron peras y limones, quedando liberados sin más.

Motivado por acercarse demasiado a la esposa de su antiguo jefe, hasta que la conquistó, dejando a la artista con sus bailes y sus desconfianzas.

Con Amarilda, la brasilera que sustituyó a la bailaora, vivió durante cinco años magníficos. Viajando por el circuito europeo, y gastando lo que tenían y más. Hasta que la compañera, quiso quedarse en estado, y el liberado Rudolf se negó de plano. Aduciendo, que no había nacido para ser padre ni marido ni un tipo dócil. Distanciándose de la bellísima Amarilda para entrar en breve, en la cama de Margarita que en un principio creyó que lo domaría. Consiguiendo de él, fuera un perfecto marido, ayudando incluso en las labores domésticas del hogar.

Se conocieron en la Parroquia de San Francisco Javier, un domingo en el bautizo de un sobrino. Un niño hijo de Raquel, realmente hermanastra de Rudolf. A la que le tenía un cariño profundo.

En el banquete Raquel, le presentó a su amiga Margaret, una chavala de muy buen ver, y vestir a la moda.

Muy practica y desenvuelta que en aquella misma tarde lo invitó a sus dependencias personales. Librándose ambos de sus respectivas parejas y viviendo un fin de semana inglés de excitación, alegrías y dulzuras sexuales. Tanto se entendieron aquellos desquiciados, que rompieron con sus relaciones amorosas vía teléfono. Sin el mínimo remordimiento.

Punto y final, significa fin del trayecto.

Compartiendo mesa mantel y sábanas Margarita y Rodolfo, desde ese instante y siempre con la realidad por bandera. Aunque aquel varón muy pronto le puso las cosas claras a Margaret, la que con su genio y su porte, lo estaba soportando, supuestamente hasta que tropezara con su perfecto modelo de hombre. Ese sincero y callado que pudiera domeñar.

 

Aquella noche Rudolf volvió a preguntar a su pareja si se decidía a acompañarlo al viaje asiático, y esta nada más lejos de lo que pretendía, el que de momento la ensamblaba, declinó viajar, advirtiéndole de nuevo.

—Me darás la excusa que quieras. Que has estado ahorrando toda la vida para hacer este viaje, y yo lo veo muy peligroso. No te das cuenta que ya no eres un niño y lo puedes perder todo.

—Aún perder más, pues ya no sé. Lo que está más en la cuerda floja y puedo quedarme sin ello, eres tú. Te lo digo porque ya me estás enviando mensajes subliminales que recojo. De otro modo vendrías conmigo y no te lo planteas. No puedo obligarte y lo sabes. Si te dijera que no lo esperaba, te mentiría, has sido siempre una paloma embajadora de la buena vida y del gozo, y cuando no lo hayas te desprendes del problema y a otra cosa. ¡Yo me voy! 

Llegó el momento, la fecha de vacaciones y el caballero se fue a su viaje y Margaret a la playa, como le había advertido.

Rodolfo por un lado y Margaret por otro. Él volando a Tailandia, y ella a la Costa Brava, directa en su propio vehículo.

Dos horas y media de trayecto y llegando a Cadaqués, se encontró con Lidia, su hermana, que pasaba por un momento difícil. Del que iba saliendo a poquitos.

—Al final no has ido con Rudolf. Le has dejado ir a su aire. ¡Ya sabes nena, qué te puede pasar. No voy a descubrirte América, pero tienes todos los números de la rifa para quedarte sin él.

—Bien que lo sé, pero ya no me importa. Lo nuestro hace aguas desde hace meses y no quiero aguantar a un fresco a mi lado. Él lo sabe bastante bien y lo tiene muy claro. No soy mujer de soportar a nadie, que no cumpla con lo pactado. Y si no, mírate tú. Para que te ha servido dar tanto cariño a un tipejo que te ha cambiado por la primera morena que se le ha puesto por delante.

—No seas cruel, que yo también he tenido culpa de lo que ha pasado, no le hacía puto caso, y en cuanto llegó una tía guapa que lo escuchaba, tardó dos días en poner sus labios en su boca y sus pies en polvorosa. No se ha llevado nada material pero me ha dejado sola. Si pudiera volver atrás no actuaría igual. Lo retendría a mi lado. Sin él me falta algo.

Ahora ya es tarde. Tengo que joderme por mi falta de paciencia y de tacto. ¡Lo lamento tanto, que me daría de bofetadas! Siempre he sido una engreída estúpida y ahora he de pagarlo.

—Dices tarde, muy tarde. Nunca es tarde querida Lidia. Siempre hay una solución, solo hay que buscarla. Le propuso la hermana, sin convencimiento y agregó.

—¡Nada más! La vida es una, y paga o te cobra el peaje que mereces. En dos días te habrás olvidado de Jesús, y lo habrás cambiado por otro, y después por otro, hasta que acabes con aquel otro.

Aquellas vacaciones prometían. Las dos mujeres ya estaban establecidas en pleno centro de Cadaqués. Comenzaban a tomar las irradiaciones del sol, y a broncearse con las sales del mar y los aires cargados de lujuria.

Los días eran diáfanos entre las gentes, y sobre todo los hombres vistosos no se les despistaban ni a Lidia, ni a Margaret. Que en realidad iban buscando las dos, algún plan duradero donde recalar aquel amor que a borbotones repartían.

Rudolf jamás volvió a buscar a Margaret, ni ella perdió el tiempo recordándolo, porque en Cadaqués, encontró una nueva relación que podría ser prometedora. Lidia, buscó a Jesús y le confesó su amor. Ahora están de nuevo enamorados como dos idiotas.









Autor : Emilio Moreno
23 de septiembre 2025

domingo, 13 de octubre de 2024

No quiso evitar la desgracia.

 




 

Andaba jugando con ella, o quizás la que jugaba era Babel, porque había tejido su plan y quería enredarlo en su madeja, hasta que fuera el momento oportuno. Dejándose acariciar y llevándolo al desconcierto crepuscular. Callaba y otorgaba cada vez que le arrimaba sus labios a su boca, sin desdeñar ni representar desprecio.

Sabía cómo sacarlo de sus quicios, y volverlo frenético por efusión. Ya había esperado mucho y era el momento de presionar el interruptor del futuro, del que Fidel, no pudiera colocar la marcha atrás, de arrimar el miembro y comprometerse.

Aquella morena lo tenía analizado y todo se desarrollaba con milimétrica precisión...  Babel renunciaba a poner freno a los ardores de Fidel y le daba carta blanca. Era la última oportunidad que tenía de seducirlo, porque se le escapaba. Lo perdía definitivamente.

Sabía a ciencia cierta, que era un perfecto sinvergüenza, y a menudo se desdecía de las promesas que en su día le regaló, para que ella, creyera en sus palabras y se dejara menear encima del colchón. Sin embargo lo cazó.

 

La primera vez que notó Babel el retraso en su periodo, Fidel se llevó un sobre salto y le asomaron sus propósitos de no querer compromisos ni responsabilidades.

 

— Creo Fidel, que estoy en estado. Le dijo casi convencida. No tengo la regla hace días y es muy raro... Soy como un reloj de precisión. Veremos, como va el asunto en los próximos días.

 

— Estás segura, mira que ahora no es buen momento. Has de llevar mucho más cuidado, si no queremos tener problemas. Ya sabes que tengo planes y eso precisamente no entra en ellos. Reprochó Fidel a la joven, que se daba cuenta de cuando un hombre, quiere evadirse de lo real y tan solo vivir de los placeres de la carne.

Ella no se asustó para nada. Se lamentó no haber acertado. No tuvo miedo, y fracasó por las prisas. Se estremeció tan solo por la falta de acierto, y la rabia en tener que alargar el brete intentándolo de nuevo. Al haber fallado en el ataque que le tenía urdido. Pensando que no podía errar más. Fidel se le escapaba.

Analizó las causas del porqué no estar fecundada y llegó a la conclusión que fue un yerro en el nexo del método Ogino. No siendo una fórmula fiable, que no produjo el embarazo deseado por parte de ella.

Volvió a seducirlo por enésima vez, y no tuvo acierto en preparar el guion. Ideando aquel plan, para que no pudiera retroceder más.

Plan, que con el tiempo se arrepintió y de qué manera. Provocándole la desdicha y la infelicidad vital.

Dejó pasar tres semanas más, aquella preciosa mujer siguiendo con sus agasajos y siendo especialmente sexi y cariñosa. Al que consiguió hacerle olvidar del riesgo de ser papá sin desearlo.

Dándole una paz en el momento de satisfacer sus apetencias sexuales, de las que participaba Babel, de forma subrepticia y sutil.

Provocando siempre el instante propicio. El siguiente arrumaco sólido y consistente, para que la desnudara y montara apasionado.

No faltaban por parte de Babel, la mucha conjunción, efusión y erotismo. Dándole a menudo aquel elixir corporal, del <tócame así que verás.>, que guardaba para sus escenas sexuales. Seduciéndole constantemente con los meneos gatunos de la bella morena, que le bailaba el agua desnuda con su jugo abundante, para conservarlo indefinido, caliente y cachondo mientras ella daba rienda suelta y se dejaba penetrar.

El plan de Babel dio resultado y aún y sabiendo la consecuencia. Esperó a decírselo hasta estar del todo segura. Tras haber pasado las pruebas farmacéuticas, resultaba estar en cinta y ahora con seguridad. Preñada.

Fidel se llevó de nuevo otro susto. Creyendo que volvería a ser un desliz infundado, y sin llegar a quedar satisfecho, por el cariz que iba tomando aquella relación, y los pocos medios que disponían, para evitar aquellos miedos, le dijo a Babel.

 

— ¿No estarás jugando con fuego? Anunció más preocupado de lo normal.

 

— No tengas tanto recelo, que no pasa nada. Se que ahora no es el momento—dijo Babel cariñosa—, pero tú tampoco pones de tu parte, con lo que nos tendremos que ajustar a las consecuencias, llegado el caso.

Babel, quería llevarlo al altar, como mandaban las Sagradas Escrituras de aquel tiempo roñoso y gris. Sin importarle el peaje, los modos, las formas y las consecuencias que no tardarían en llegarle y las tendría que sufrir durante toda su vida.

Se sucedieron dos meses sin que hubiera freno sensual, ni lujuria. Fidel solícito dejó de pensar en compromisos, y haciéndolo venir con maestría, la seductora Babel después de un orgasmo brutal y de una relación apasionada, confesó muy artística sabiendo de antemano, lo que iba a suceder.

 

— Fidel, estoy preñada y esta vez es cierto. Completamente cierto. Vamos a ser padres.

 

— Oye Babel por Dios, no me hagas pensar, ahora precisamente que acabamos de pasar este momentazo feliz. Será otro de tus retrasos. No te preocupes y sigamos disfrutando.

Babel, sin cortapisas lo invitó a que la acompañara, para certificarlo. Tomando de su bolso resolutiva que posaba muy cerca de ellos, junto al cabezal de la cama. Un predictor de garantías para hacerse allí mismo la prueba. Frente al autor de la paternidad, que se aproximaba.

Los dos procedieron a seguir las indicaciones del prospecto y en pocos minutos, lució el color de positivo.

Ella aunque lo sabía, representó la buena nueva con una gran alegría, que disimuló muy artística, pensando que había conseguido lo que necesitaba. Demostrarle a Fidel, que era hora de tomar decisiones.

Él tuvo un bajonazo en la sangre de sus arterias, que provocó un degradado fulminante en el tamaño de su pene. Perdiendo toda motricidad en su capacidad amatoria.

Contrito, y nada decidido Fidel, presentó a sus padres a la guapa Babel, que entendieron el porqué de aquella boda inminente. Augurando en silencio que les venía encima la preocupación añadida de un nieto.

Todo fue manga por hombro.

Babel se equivocó de hombre y de compañero de vida. A lo largo de los años que estuvieron juntos, tuvieron cuatro hijos.

Después de cada adulterio por parte de Fidel, perdonado en último instante por la esposa, se quedaba en cinta. Provocado por ella misma, aumentando si cabe más la angustia de aquel chulito de barrio. Que aún y con esas, seguía engañándola cuánto quería.

Detalle que no le venía mal a Babel, para representar la pena entre la familia, y de esa forma vivir de ellos. Educando a las criaturas de forma penosa.

Vivieron unos años de infelicidad manifiesta. La indecisión de no poner fin a la desgracia,  trajo en el futuro desavenencia en el seno de la familia. 

No fueron felices en ningún tiempo.












autor: Emilio Moreno
12 de Octubre 2024
Festividad del Pilar