Mostrando entradas con la etiqueta Colesterol. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Colesterol. Mostrar todas las entradas

miércoles, 22 de abril de 2026

Kojoneta, el chic de la vecindad...

 

Emilio Moreno









El abuelo kojoneta

que es un vecino muy chic

ya pasa de los noventa

y está presto para ir

al concurso de las momias

pretendiendo competir.

 

Ya no me parece raro

pero si es de comentar

que una vez pasan los años

aunque ya, todo es más caro.

Nada ya, puede extrañar.

Siempre nos dejan de lado

así lo digo y declaro

por no ser casualidad

 

Te atiborran a pastillas

controlando la tensión

y que circule la sangre

por sus fueros bajo el sol.

Evitando los disgustos

Que aporta el colesterol.

 

En el bus es un descaro

la ausencia de protección

cuando sube un veterano

a pesar del reservado,

que son sillones patentes

para el conjunto mayor…

 

Madres con niño en los brazos

o los faltos con bastón

ninguno está preparado

dispuesto a la situación.

 

Esos sitios especiales

nunca están libres de uso

ocupados por los guapos

que ni te notan, ni ven.

 

Y es normal que no te vean

porque no te quieren ver

y encima los justifican

en base a la urbanidad.

Con ello y con su teclado

pensando… a ti van… van,


Emilio Moreno






 



Por todas partes ayudan

dando a todo, solución,

en el banco nos envían

al cajero sin control.

De espaldas a los que vienen

que nunca sabes quién son,

y si tienes un problema,

con la atención que regalan

Pues tú, ya te apañarás.

 

El abuelo kojoneta

que es un vecino muy chic

ya pasa de los noventa

y está presto para ir,

al concurso de las momias

y él pretende competir.

 

Se quejaba la otra tarde

de la nueva prescripción

para que le dan pastillas

y regular la tensión

en esa vida tan penosa.

La que le cuesta llevar…

 

No sería más factible

que atendieran mucho más,

a la gente sin dominio

del Facebook y del flash,

ayudaran en los líos…

Que los hacen delirar.

 


viernes, 20 de enero de 2017

Estás tensionado.



Como puedo soñar con un potaje de pepinillos
Sin sal, sin carne, sin gusto sin grasa, sin gana. 
Hacer una fiesta en las faldas de Nadia, la gimnasta.
Colgado de un trampolín a dos pies de altura y a una milla de
distancia del mortero.

Peligrando mi cuerpo lastimoso en las estepas de mi duro suelo.
Viajar a hurtadillas a las miserables sabanas del farsante trasplantador
de jugos gástricos y de sensaciones de buena digestión.
Que me repite constante: Si haces bondad…  el colesterol desterrarás.

Encontrarme con dos pares de jinetes de la poca vida loca y chiflada
recordándome que no me salga, que no me atreva, que no me exceda,
que no me coma las entretelas.

Amaneciendo a destiempo con la risa nerviosa de una jirafa,
que, al escucharla sin gafas, encuentro que es una espantosa monada.
Con su camisón a rayas, dándome un síncope en mi apócope y…
despertar en los brazos de Morfeo, y preguntarme ¿Quién es el feo?

Después de vociferar al cielo cuando suena mi aguijón cronométrico,
puntual, correcto, exacto y riguroso diciéndome son las seis,
aquí en la península, en Canarias una menos ¡Chúpate esa!
¡Anda y ve!
¡Tú trabajo te espera!

Tras haber pasado una noche entre velas, por aquello de los triglicéridos,
palabro con mucho contenido médico, aprendido en televisión y,
con la tensión danesa, o sea: ‘Muy alta y, muy esbelta.

Que, al ir a la cama sin cena, en lugar de soñar con Macarena,
y darle como dice la canción: “A su cuerpo cosas buenas”
fantaseo y divago con los bocatas de morcillas con berenjenas.