sábado, 28 de marzo de 2026

Ambientes

 


 

 

De buenas a primeras; recuerdo…

Y tanto que recuerdo. ¡Sin peros…!

En ti, en aquel, en ella y más…

Cómo olvidar lo que fue mi día.

Se diría que el tiempo se escapa,

que la vida ingrata, se detiene

Sin exigir más explicaciones,

Cuando llega ese instante final.

Precipitando tantos vaivenes

alguno de ellos desagradables.

 

   

A que dedicas tu tiempo — preguntó el amigo Serafín a su colega Tancredo—, que normalmente debía soportar sus quejas desmesuradas.

Lamentos que no eran frecuentes entre ellos, sin embargo, aquella mañana mientras paseaban por el linde del río, se dio aquella contestación tan fuera de tono, antes de pararse en el kiosco y adquirir la prensa deportiva.

— Si quieres que te diga la verdad, ni yo mismo lo sé. —repuso Tancredo, en malos modos y con acritud. Demostrando sin quererlo, ser el más desalmado de los dos, dejando entrever su mínimo control.

Un silencio prolongado invadió aquella conversación que normalmente mantenían sin perder una serenidad establecida.

— No me hagas caso y perdona mi salida de tono. Adujo Tancredo.

Después de quedarse ambos observándose y comprendiendo que estaban faltos de alegría y de motivos para poseer la felicidad.

 

 

En otro punto de la geografía, y a la misma hora. Bastante más al este. Entre el norte y el mar, no demasiado alejado de la vertiente del Ebro, se reunían en el punto acostumbrado con Desideria, después de su llegada a la zona y encontrarse con un descanso que buscaban, por otra parte, merecido. —que tal has pasado el invierno —preguntó Hortensia a Rosaura. Esperando que llegara Desideria de un asunto inaplazable que tenía. Que no era otro que el adulterio que mantenía con Pascual, marido y esposo de Hortensia.

 

En el apartamento de la playa, aprovechando aquellas fechas y sin pensar en absolutamente nada más, sabiendo que del total de los amigos que se reunían a menudo, faltaban más de la mitad. Los que no habían muerto, estaban desunidos, o emancipados.

Fue entonces cuando se instalaban Ramón y su novia Graciela, en la citada residencia. La que recordaba en aquel instante a Tomás y pensaba en sus adentros— ya no está. —El muy cabrón se enrolló con la colombiana Meritén, la de las tetas saltonas, aprovechando el disgusto de soportar el engaño de Luisa su mujer con su jefe. Además, sus hijas no le paraban cuentas por los entresijos y líos ya que todas ellas se han divorciado de sus maridos. —Los han cambiado por dos chavales más jóvenes—seguía elucubrando Graciela.

De Luisa la adúltera, no sabemos nada más y de Tomás y Meritén sabían que disfrutaban en Benidorm, como dos enamorados. —Eso fingía Meritén—que la muy pícara le ha olido el número secreto de su tarjeta de crédito y se lo pasa pipa en el cajero de la esquina.

 

Mirando atrás; noto tanta ausencia

Sí… sé lo que me vas a decir…

Que ésa es la vida, y sí… ¡Se escurre!

Entre deseos e inclinaciones,

pensando en aquello que fallamos…

Dejando de hacer y sin decir,

detalles que mueren con nosotros…

deseos íntimos que ocultamos

sin saber el resultado dado.

Ocultos sin más… por conveniencia



autor del pensar:






 


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