sábado, 7 de marzo de 2026

Me miras y no me ves.

 












Aquel payaso narró

en la noche que moría

cuál fue su gran decepción

al perder al gran amor

que aún lo palidecía.

 

Decía el chusco bufón

lleno de melancolía

a sus dos acompañantes

en noche que él escogía…

dando su adiós expectante

en el final de sus días.

 

Para ti soy cristalino,

sí me miras no me ves…

y si me ves no te fijas…

habrá señales lejanas

que las llevas en tu piel

enredadas en membranas

 

Has intentado olvidar,

mis visitas a tu cama,

aquellas promesas falsas…

que se quedaron en nada

por tus decepciones vastas...

 

Sabes quién soy y me extrañas.

Dice: la mancha al carbón,

conmigo no valen mañas

que la vida es un tambor

y al oído: tanto empaña...

 

Después de tantas promesas

de guerrear en tu cuerpo

con las caricias floridas

yaciendo en distrito abierto…

solo me llevo tu aliento...

 

Me abandonas por el dueño

de este circo tan perverso.

Con una oferta fingida

y el modo con que te ungió...

en tu bolsa y a tu sueño…

 

Aquella separación

buscada por tus caprichos

dejó fruto y decisión

con muy pocos susodichos…

Ahora todo es punción…

 

El bardo: deja este beso

para la mujer amada,

aquella que lo cambió

en arrebato negada...

Sin saber que se jugaba...

 

Dando poca explicación

aquella dama, lo añora

cuando ya no hay solución

porque el juglar se marchó

a su cielo, y en su aurora...

 

En la tumba del payaso

lloraba triste y regina,

por la muerte del finado

sufriendo por ser indigna,

y su compunción precisa...

 

Maldiciendo con pasión

desgarrándose en su oprobio

dejó morir la semilla…

de su infeliz decisión...

por la que está arrepentida...


autor: Emilio Moreno.



 


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