No nos pongamos nerviosos dijo el capataz de embarque a los
intrépidos excursionistas que ya comenzaban a dar señales de nerviosismo por no
ocupar sus butacas con la prontitud que ellos pretendían.
A todo esto, aparece un gran auto pulman de setenta y dos plazas
para turistas, color amarillo merenguito, que casi no podía aparcar en la parada
del bus de la plaza Catalunya que es donde normalmente recogen el personal para
las salidas de marcha y de diversión a las que ya estamos todos acostumbrados.
El chofer muy serio, bajó se disculpó por el retraso que fue debido al gran
colapso que había en la carretera_ ya
se sabe y se conoce que cuando caen dos gotas desde el cielo, las carreteras se
ponen de pena_ El hombre descendió del bus y se puso un pitillo en
la boca, que consumió de seis caladas. Desde una esquina del aparcadero lo veía
y me preguntaba, ¿Cuando fumaba, lo saboreaba de esta forma? La contestación me
la dio Miguel, que desde atrás me atizó un zarandeo a modo de saludo con el
brazo extendido que me sacó de las conclusiones pretéritas. Ocupamos nuestras
plazas con la lentitud que llevan los caracoles al estar nerviosos, sin
embargo, no hacía fresco.
Comenzó la marcha lenta y controlada de recoger a los diferentes
pasajeros, además en los aposentos del gran bus, se escuchaban los bostezos de
aquellos que jamás tienen bastante con lo que duermen y descansan, aquellos
aguerridos del colchón y de las sábanas de franela, que no las abandonarían más
que para ir a recoger billetes de curso legal.
Las paradas habituales de recogida de personal y ya en la
carretera, nuestro speaker nos dio referencia de lo que prometía el día,
razonando en lo que íbamos a comer y la cantidad de comida preparada que nos
esperaba en el restaurante de Tordera, nos informó del número de la mesa que
correspondía a cada persona y de las últimas novedades en cuanto al cambio que
se debía hacer en la jornada por el agua que nos amenazaba y por como estarían
los accesos y lugares con tantos litros como cayeron en la noche pasada, así
mismo de dio debida información sobre las próximas salidas. El día nublado y
con intenciones de salir el sol aguantaba la llegada de la lluvia, la temida
tormenta que nos presumía desde el cielo, mostraba señales de bondad y de
querer que fuera un día de cachondeo a gogó para los naturales y reconocidos
graciosos del grupo.
Los comentarios que me llegaban desde las primeras filas del bus
eran de distensión y las que me rozaban desde atrás, eran de plena confianza en
que todo marchaba a toda vela y que se predisponía una jornada de buenas
intenciones y de mejores expectativas.
Tras una hora más o menos de camino por carreteras, llegamos al
punto donde se encuentran los dientes y los estómagos, las cajitas de pastillas
para la tensión comenzaban a aflorar encima de las mesas, antes de que las
camareras, trajeran el embutido y el pan de "payes" con tomate, el
vino de la comarca y los demás entrantes que no sabían lo que les esperaba con
tanto tragón y tanta hambre.
El Gran Combo de Puerto Rico, en una de sus grandes canciones dice:
A
comer pasteles, a comer lechón que nos espera el dia con este rumbón,...pues eso...
Ustedes mismos imaginen a la señora Blasa, y Don José, mascando y tragando, que
ilusión verles como disfrutan del refrigerio, no dejan de marcar con sus ojos
al plato de queso que inerte espera ser devorado, ni hablan ni comentan nada,
no sea que pierdan bocado y llegue el momento de la alerta de: Todos a bordo,
que normalmente lo dice el tío Raimundo y se queden a medias en su labor de
llenar el estómago.
¡Venga p'abajo too! ¡Está que mete mieooo! ¡Ándele... que es sorda!
...amigos dicen del hambre en el mundo, pero como no va a existir, si estos se
lo comen todo. Caras de complacencia, chaquetas medio abiertas, cuellos flojos,
palillos entre los labios, y la sonrisa de la felicidad estomacal.
De nuevo al bus, ahora ya si que todos estaban distendidos, tanto
que algunos desconectaron de lo que se escuchaba alrededor, con ese sueñecito
pachanguero que ni llega por completo, ni te deja espabilado para poder
disfrutar de los comentarios que desde el micrófono se expandían entre el
perímetro del gran autocar.
De nuevo fuimos en busca de la comida donde le dimos buena cuenta a
los platos que sirvieron y que deleitaron creo, a todos los que se dieron cita
en el comedor. Podríamos decir con detalle todo lo suculento del manjar, pero
casi preferimos que se quede en el tintero, así despertamos la curiosidad de
todos aquellos que no se deciden en acompañar a esa caravana de Fórum para la
Solidaridad, que comienza a hacer cositas destacadas para todos aquellos que lo
necesitan.
Un poco de baile tras la comida y para casa de vuelta.
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