miércoles, 2 de abril de 2025

Se acercó y comenzó a acariciarme.

 



Habían quedado en un antro que más que bareto de barrio parecía un almacén de distribución de sustancias tóxicas. En los alrededores de aquel garito ni tan siquiera se acercaba la policía, por el resquemor que producía su presencia en los aledaños. Era una zona donde prácticamente, se vivía al margen de la ley. Ley que la promulgaba el jefe de la banda más poderosa que existía en la ciudad. Sentados en una mesa que daba bajo al ventanal del acceso de entrada, se reunieron aquellos maleantes.

—De que conoces a ¿Evangelys? Preguntó Jefferson a su colega Madison.

— Es un criminal a sueldo de los rancios y un chivato de pronóstico. Un tipejo de “medio pelo” de los que no tiene escrúpulos—glosó Madison y persistió.

—Mata a placer por dinero y sin preguntar. Sin más. Recibe el encargo, lo prepara, ejecuta y después cobra. Sin adelantos de compromiso, ni mandangas. Miró pensativo Terry Madison a Jeff y curioseó con una risa dolosa.

—Porqué me lo preguntas.

—Pues verás, estoy en un apuro. Tengo una necesidad, más que eso. Un jodido problema, difícil de diluir sin hacer ruido y dejar rastro. Además urgente, que no sé cómo solucionar.

Se sinceró el colega Jefferson con su interlocutor.

—Y cuál es esa necesidad, que tanto te preocupa, que no pueda resolverse con dinero. Porque llegado a este punto de preguntar por un matachín a sueldo, es por provocar una desaparición. Asentó Madison, mostrando el diente de metal rojo que se le veía al sonreír.

—Verás—dijo Jeff—Me sobra un socio y no sé cómo sacármelo de encima. Si no lo hago pronto, me juego el trullo durante años, y ante eso. Soy capaz de traspasar licitudes. He metido mano en la contabilidad de la empresa donde colaboro, y cosas aún más graves. Creo que al ser uno de los beneficiarios se ha dado cuenta, por lo que está recabando pruebas para denunciarme al Director de la multinacional y por supuesto a la policía. Asintió Jefferson un tanto inquieto.

—Crees que ese, es motivo para sacarlo de la circulación—Volvió a interrogar Madison.

—Es un tema muy peliagudo, joderle la vida a un pavo, haciéndolo pasar como un accidente doméstico. Te va a costar mucha pasta. Mas de lo que imaginas. Le certificó con certeza. 

—Sí; lo sé. —Dijo Jeff preocupado y anotó.

—Es una acción motivada por mi supervivencia. Le he dado mil vueltas, y madurado mucho de forma rigurosa. Sin verle otra salida. Es cargarme a un pavo, que todo esto ni le va ni le viene, pero ha metido sus hocicos en el tema y yo he de actuar para que no me salpique. El fondo está entre su silencio y mi libertad—siguió quejando el inseguro Jeff.

—No estamos hablando de una cantidad vana y floja. Se trata de varios miles de dólares que he camuflado. Vengo sustrayendo dinero del negocio y de la caja desde hace tres años, y el montante es muy notable. Con lo que me es imposible volver a reponerlo. No tengo más remedio que tirar por la calle del centro, o comerme el marrón en la trena. Apuntó.

—Quiero que desaparezca. Desconozco el modo, pero quiero evitar esas complicaciones, que de las otras ya iré saliendo.

—Puedo comprenderte, pero no es tan fácil. Quitarle la vida a un tipo no es lo que se suele hacer, para esconder un fraude, o un robo. Me pondré en contacto con Evangelys y te diré sus condiciones. Dame sus referencias y algún detalle de sus costumbres. Sacó una libreta del bolsillo y se dispuso a anotar tras las preguntas que le iba a formular.

—Donde lo podemos encontrar. ¡Veamos detalles para emprender y pasárselos a Evangelys!

—Se llama Cristopher Dancingo. Es italiano y es un tipo muy silencioso y callado. Vive en Rochester y tiene pocas aficiones. Suele correr por las mañanas en la avenida Pearson, y va a misa los domingos a las once con su mujer.

—Has de darme más referencias de este pájaro, donde frecuenta con quien trata, que horarios tiene, en fin alguna cosa más sólida para encontrarlo. Manifestó Madison.

—¡Claro.! Deja que piense. Le conozco bien, y además lo que te he contado, es de buena tinta. Sus inquietudes las conozco. Igual que sus miserias. Su esposa y yo, mantenemos una relación íntima desde hace unos meses. Ella es la que me ha informado de lo que está tramando.

Cristopher y yo, somos bastante colegas y socios desde hace años. Sin haber llegado a intimar en nada. Somos diferentes.

—Ella sabe que lo quieres liquidar, —le preguntó Madison, con regodeo.

—Se lo imagina. Es una mujer muy resabiada y nada más le interesa el dinero y las joyas. Creo que está harta de él. Por lo menos, según dice. No lo soporta.

—Eso que me cuentas lo sabes a ciencia cierta, o te lo estás imaginando.

—Estoy casi seguro que lo quiere frito. Aunque no me lo ha confesado abiertamente. A veces suspira y dice si Cristopher no existiera, nosotros podríamos saltar al lujo.

Madison se quedó escuchando a su colega, y sin estar demasiado seguro de sus deseos ni de si tendría capital para abonar al matón le interrogó de forma muy seria.

—Te lo digo, —adujo Madison. —No sea una bravata que te hayan montado entre los dos, para fastidiarte.

—Lo sabría. Contrastó Jefferson y declaró.

—Moderna, me lo hubiera confesado. Está colada por mí. Asentó Jeff sin contundencia. Madison continuó preguntando para seguir aclarando aquella formalización, que no acababa de ser sincera.

—Tu amigo Cristopher. ¿Es de los que te caen bien.? Preguntó Madison para cerciorarse y tenerlo claro. Intentando despejar las dudas que le brindó el desquiciado Jeff.

— De Cristus me he aprovechado siempre. Es un tipo legal. Me lleva además asuntos privados.

— ¿Qué tipo de asuntos? Inquirió Madison.

— Oye. ¡Porqué preguntas tanto!, ¡solo quiero liquidarlo! Alertó Jeff.

— No seas idiota, le dijo Madison, y cuéntame solo lo que pueda interesarle a Evangelys. Replicó con dureza sin parangón ni excusas. Exigiéndole al solicitante.

—¿Qué asuntos lleváis y traéis entre manos? Volvió a preguntar Madison. Jefferson le contestó con apuros y vergüenza.

—Dancingo, ya sabes. Cristofer. El que me gustaría quitarme de encima. Es abogado y siempre me llevó los asuntos del divorcio de mi ex. No es mal tipo, pero sé, conociéndolo que me delatará. Sin compasión, porque es muy riguroso con las leyes. Se querellará conmigo, llevándome a juicio por fraude y me quedaré sin trabajo y sin su mujer—siguió argumentando.

— Cristopher es muy interesado y además muy sereno. Embauca a la gente, la convence y su manera de ser, me molesta. Ahora además debe estar furioso conmigo, por haber seducido a Moderna. Con seguridad lo sabe todo.

— ¿Cómo llegaste a intimar con su mujer? Porque no es sencillo, encandilar a la esposa de tu abogado sin más ni más. Curioseó Madison. 

—Un día fui a su casa y me recibió muy amable. Ella, sabía que iría a gestionar sobre unos asuntos de mi divorcio. Temas que aún estaban pendientes de solución. Cristopher no estaba, y sin pretenderlo, se acercó a mí y comenzó a acariciarme los labios. Me sedujo sin darme cuenta. Ahí comenzó todo, en la cama de su dormitorio.

Cuando Cristofer regresó a su casa, ella se inmutó poco. Tuvimos tiempo de serenarnos y hacer ver que esperábamos sentados en el sofá a que llegara. Nadie se puso nervioso, y me atendió como si la cosa fuera normal.

Creo que no llegó a imaginarse, que Moderna y yo, habíamos estado fuera de madre, disfrutando en su ausencia. Jamás se imaginó que habíamos cohabitado y llegué a trajinármela. En realidad, fue ella la que me trajinó a mí.

—No te parece raro, todo este teatro amigo Jeff. Igual estás siendo llevado al lugar que quieren ellos dos. La buena de Moderna y tu abogado el despistado de Cristopher no parece sean actores contrastados, ¿Verdad?

—No lo sé, pero yo debo actuar antes que las cosas se compliquen. Se miró a Madison y esperó que este resolviera. Que lo hizo al instante sin quebrantos y sin equivocaciones, diciéndole.

—Mira Jeff, no lo veo claro. No voy a entrar en el enredo. De todo lo que me cuentas, no hay nada que sea cierto. No sé si además, estás guardando algo en la manga. No voy a mezclarme en esta trama y menos decirle nada para que intervenga Evangelys—hizo un preámbulo y siguió.

— ¿Búscate la vida por otro lado. Este encuentro no ha existido. No nos conocemos. Y por supuesto de esto, jamás hemos hablado. Es más, tú y yo ni tan siquiera nos conocemos. Es lo que diremos llegado el caso.

Madison volvió a mostrar su diente metálico rojo, al sonreír. Se levantó de la mesa, dejó un billete de diez euros bajo el botellín de cerveza y desapareció.



Autor: Emilio Moreno
Abril, 2 -año 2025

 


martes, 1 de abril de 2025

El rabo también cuenta.

 










El concurso estaba a punto de fallarse. Los jurados venidos desde lugares alejados, hacía ímproba la relación de amistad con los concursantes. Haciendo además, difícil descifrar las distancias de procedencia, que en realidad venían de diversos enclaves. Estando preparados para determinar, finalistas y ganadoras.

Quién sabe a quién y dónde iba a recaer el galardón. Se llevaba en el más puro de los secretos. Todos ellos, los componentes de jueces y mediadores, reunidos para decidir a quien le otorgaban el trofeo, no se conocían entre sí. Siendo una garantía más de ecuanimidad a la hora de constatar.

En difícil tesitura discutían, para llegar a ser lo más objetivos posible. No era demasiado grande la cuantía del premio en consonancia con los euros concedidos, pero tampoco se quedaba ruinoso comparado con eventos de igual prestigio de otras comunidades.

Sin embargo si, daba prestigio a la gente del lugar que participaba en el evento con su porte, presencia e impronta. Por aquello de ser “Profeta en su tierra”, y conseguir prestigio cerca de su zona de confort. Para las actrices nacidas fuera de la plaza, reconocerles cómo no, su valía y poder hacerse un hueco en aquel mundo tan ajetreado del modelaje, desde la plataforma de aquel famoso festival.

Se había desechado la posibilidad del tongo, que normalmente existe en celebraciones poco serias, para escoger a la vencedora del Certamen.

 

El notario del evento estaba pertrechado, y aunque siempre cabe la posibilidad del engaño, ya que por desgracia existen personas que se dedican al timo. Se había tenido mucha precaución en que no sucedieran imponderables. Por ello se tenía la certeza de la imposibilidad de camuflar los resultados decididos previamente.

 

En ocasiones cuando las estrategias están tan conseguidas, ajustadas y perfeccionadas cuesta determinar claramente quien es la que destaca por encima de las demás. Con lo que al jurado propuesto aquel año, se le hacía muy difícil fallar, por la evicción que ofrecía todo el espectáculo.

La balanza se declina hacia un lado, cuando las votaciones de todos ellos son equidistantes. Sin embargo en la primera reunión que celebraba el consejo de los jueces, no estaba del todo decidido, y lo mismo en un imperativo del postrer instante, lo mutaba todo.

Quitándole, a la modelo que en principio era la triunfadora el premio. Aunque a todos agradara su primitivo reconocimiento. Obsequiando una oportunidad más, a las que habían estado descartadas para conseguir el galardón.

Volviendo a tener posibilidades, en la obtención del premio, tras una criba diferente más. Para ser de nuevo valoradas y honradas, a la vez que escogidas, con quizás mayor rigor.

 

Referencias que suelen darse, porque algún miembro del jurado, note un detalle simple, o vea una circunstancia no analizada, que les hubiera pasado desapercibida en el comienzo del análisis.

Incluso aquel instinto que se percibe de una u otra forma, cambiándole el inicial punto de vista con que valoró, sin conocer el último impulso aparecido a última hora y cambiar su veredicto.

Siempre será una ardua decisión, escoger candidata, al poseer todas casi las mismas virtudes y valores.

Dentro de las tantas estimaciones, y bienes de las propuestas presentadas.

Elegir a una ganadora, de las tres finalistas era complicado. Aunque en aquel momento tan solo quedaban las extraordinarias.

Contando el más mínimo detalle, que igual surgiría a última hora. Dejando el fallo otorgado, para que fuera inamovible.

Por fin se decidieron por las dos mujeres mas atractivas y sensuales. Las que mejor porte llevaban en sus paseos por la pasarela y las que mejor coeficiente intelectual tenían.

Detalle este de la inteligencia, que por primera vez se valoraba en la Open Daysi Events Showrooms.

El pormenor que hizo destacar a la ganadora fue, un comentario que hizo la opositora en los pasillos antes de salir a escena. Creyendo ésta, que el premio lo había ganado antes incluso del paseo final.

La bella y engreída vocinglera, manifestó a uno de los periodistas especializados, que si no le daban el premio a su persona, no sería justa la elección.

Ya que sus merecimientos estaban por encima de todas las demás, y que ella misma, había ayudado a un miembro del comité de elección a conocer de primera mano quienes eran las que optaban por los trofeos.

Confesándole al locutor, decoros y deméritos de las participantes.

Entre bambalinas oyendo sus palabras, estaba la delegada de la Comisión de Festejos, y rápido, sin perder el tiempo alertó al Presidente del Consejo de lo que había escuchado entre las cortinas. El que puso en conocimiento exprés a todos los jueces, para que conocieran el detalle de lo comentado por parte de la que iba a ser ganadora, a la prensa.

No hubo confusión en la elección de la guapa ganadora. Tanto la jactanciosa que le echó un capote al miembro del comité de decisiones, como ella misma, fueron descalificados. Sin dar explicaciones y por sorpresa, consiguió la compensación, la que ni suponía sería la estrella del éxito  




 












Autor: Emilio Moreno
Primero de abril, del 2025

lunes, 31 de marzo de 2025

Ahora adelante, luego atrás

 














De nuevo el cambio de horario.

Al fin y al cabo es igual

fue una orden de sumario.

No concibo. ¡Ya es normal!

A las dos serán las tres.

Menudo trasiego anual.

 

Llegado final de marzo

relojes adelantar.

Progresa una hora la vida

por aquello del ahorrar.

Se hacen los días más largos

pudiendo despilfarrar.

 

Hasta que llega el octubre

que debemos desanclar,

lo que en verano se sufre

se procede en retrasar,

para volver por costumbre

a nuestro horario inicial.

 

Dicen los listos, que hay muchos.

Que no nos puede afectar,

ni en la salud ni al bolsillo,

permite economizar.

Menudos son esos pillos

que no dicen la verdad.

 

Cualquier día ¡Cuando quieran!

Nos dicen que ¡basta ya!

Que no se consigue tanto

yendo adelante y atrás.

Nos venden otra mentira

y queda todo en la ‘Paz!









Emilio Moreno.
Autor, fecha 31 de marzo 2025
 

domingo, 30 de marzo de 2025

Sant Boi Negre 2025 - Fotos de la Entrega de Diplomas.

 

FINALISTA DEL CONCURSO
SANT BOI NEGRE AÑO 2025








cartel anunciador


aviso para navegantes
de la selección



Anuncio del cartel en la calle


Charo González y Vicente Corachán
COMISARIOS DEL CERTAMEN


RECIBIENDO EL DIPLOMA
DE MANOS DEL CONCEJAL
DE CULTURA
José Manuel González Labrador


Certificado del Concurso.




INSTANTÁNEA.


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Agradecer al Ayuntamiento de Sant Boi y al Concurso de Sant Boi Negre, las deferencias que han tenido con los participantes en este y en anteriores Concursos del relato de la Novela Negra, que se dan cita anualmente en la Cuidad de Sant Boi de Llobregat 











viernes, 28 de marzo de 2025

No es riqueza todo lo que relumbra.

 













Era un disloque hablar con sus amigos. Aquella pareja parecía haber sido diseñada desde un prototipo. Todos eran extraordinarios. La suerte que les tocó en la vida, fue milagrosa. Casi irrepetible, para nadie más. Sus consecuciones en la profesión fueron irreales, inauditas e improductivas. Los muchos logros conseguidos en sus ocupaciones, eran inalcanzables para el resto del mundo.

Era una extraña felicidad la que les embriagaba, haciendo que sus ansias estuvieran todas conseguidas, y por supuesto cumplidas.

Habían parido unos hijos prodigiosos, inteligentes, agradables y con unos trabajos profesionales que les daban amplitud de miras, gracias a los resultados que consiguieron al estudiar sus carreras. Se transformaron en científicos y se ganaban la vida mejor incluso que sus padres, que ya era mucho conceder. 

En una palabra. Daba asco estar con ellos más allá de cinco minutos.

Jamás en tan poco tiempo, se podían escuchar tantas ficciones e imprecisiones. Eran cautivos de sus mentiras.

No tenían apenas conversación constructiva, ni dejaban que el comunicante pudiera expresarse. Ya que hipotecaban la palabra ajena, para seguir conjeturando de nada. Porque nada es lo que había en sus vidas, y todo lo que decían no era cierto.

Parecía ser, en vista de lo que se atendía, que el escuchante, era algo así como un desgraciado. Por tanto ellos, compadecían a la gente, sin apenas atenderla, escucharla y entender que no habían podido ser dichosos en la vida.

Estaban acostumbrados a representar su propio vodevil teatrero, insoportable de atender. La gente que intentaba escucharlos, se sentía diezmado al oírlos.

Sin embargo aquella gente, los Curtis, Maddie y Denzel, le echaban una mirada envidiosa a los que decían ser amistades de los últimos cuarenta años y a todos los veía presumir. Como hacían ellos mismos. ¡A ver quién podía más! Figurar mucho, ¡Sí! Tanto que llegaba ser sospechoso. Demostrar, lo que aseguraban, era más peliagudo.

Ellos, el movimiento no lo reflejaban ni andando ni de otro modo. Tenían una lengua procaz muy atrevida y una memoria mínima que les dejaba fuera de juego a menudo.

Denzel, era de lo más jactancioso que ha parido madre. Alardeaba a menudo y en cada ocasión sin venir a cuento de su vida. Había tenido, según él, una estrella estupenda. Él mismo presumía de haber defendido una ocupación laboral digna de las envidias de todos sus colegas, amigos y familiares.

Nadie sabía del todo, lo que hacía en la Chevrolet, ni a qué se dedicaba, pero según el propio Denzel, decía. Sin su concurso, los empleados de la sección de montaje no hubiesen cobrado jamás a su hora.

Gracias a su erudición en el empeño, cobraron a tiempo siempre. Aunque si hurgabas un poco en la trayectoria del bueno de Denzel, los compañeros, lo detestaban por chivato, borracho y asqueroso.

Trabajó en la misma firma durante veinte años y lo jubilaron cuando llegó la primera crisis de la empresa. Tenían que desembarazarse de media plantilla. Una criba de empleados. Lo pusieron en la picota muy joven, sin tener en cuenta aquellas magníficas y excepcionales dotes empresariales, de las que presumía.

A la puñetera calle, junto a doscientos compañeros más, se encontraron en las listas del paro, esperando le dieran la liquidación final.

Cuando le preguntaban que había ocurrido. Siendo tan vital para la empresa, que lo despidieran sin más. Respondía con balbuceos y excusas, a las que estaba tan familiarizado, que no le era demasiado penoso.

Siendo uno más de los desocupados del país, refería unas aventuras que nadie podía digerir. Comprobando que de lo que decía, todo era humo.

 


En su juventud se había casado con Maddie y siempre habían sido ferices. Eso es lo que nos vendían a todos. Después no resultó tampoco ser cierto.

Formando una familia no muy amplia pero si perfecta a ojos de los ciegos.

Tuvieron dos hijos. Declan y Kingsley. El mayor tuvo problemas de naturaleza con los padres y pronto les abandonó sin dar señales de donde iba, donde paraba ni si volverían a encontrarse.

Los padres que ya pasaban por dificultades evidentes quisieron disimularlo diciendo que su hijo al acabar la ingeniería, había sido escogido de entre novecientos especialistas de la Universidad. Reclutándolo para los servicios espaciales de la NASA, en el espacio. Dedicado de lleno en el asunto del despegue y seguimiento en Cabo Cañaveral, de las naves tripuladas que partían hacia el espacio lunar.

Siguiendo de cerca y advirtiendo sobre la puntera tecnología de las aventuras del Apolo 12. Cuando realmente descubrieron que se había ido a una localidad de Dakota del Norte, siguiendo a una nativa Cheroqui que lo llevaba a mal traer. Trabajando sin descanso en un supermercado de capital alemán.

 

Entre tanto, a los más de treinta años de matrimonio Maddie, abandonó a Denzel. Sin motivos declarados pero a todas luces imaginados. Tras su despido, se echó al juego y a la bebida y no era raro el día que no medía con algún que otro golpe a Maddie y le montaba escándalos por celos.

Ella era una mujer que necesitaba de mucha atención. Había sido hija de un apoderado local del Condado y le habían imbuido vicios de ricachona. Con lo que con la pensión del esposo, el gran empleado y reconocido de la cadena de montaje de automóviles de Chevrolet, no le llegaba para casi ninguna de sus muchas aspiraciones.

 

Un buen día de paseo por los grandes supermercados, entró en la joyeria cantonal que lindaba con el búrguer de su amiga Madison. Con la que ya habían corrido alguna que otra francachela disfrutando de los Bois de los salones de perversión. Fue precisamente la descarada Madison la que le presentó a Finn, un representante de joyería al que de primer momento le entró por el ojo y por algún recodo más de su cuerpo. Viéndose y tocándose en el último tiempo durante dos o tres veces a la semana. Hasta que urdieron el plan y ella la buena de Maddie se libraba del esposo que ya era una piltrafa. Enamorada de Finn, dejó a Denzel sin miramiento ni tan siquiera pena. Trasladándose a Massachussets, en busca del amor y de los gozos. Sin saber que escapaba con aquel. Otro sinvergüenza, que la llevó a trabajar para vivir de ella. 

La que parecía más formal de toda la saga era Kingsley, una muchacha, sensata que es la que explicaba todas estas historias, en la reunión de alcohólicos anónimos de la ciudad, después de haber pasado por diferentes crisis de salud, provocadas por la bebida.

La hija de Denzel y Maddie, estuvo casada tres veces, y tuvo cuatro hijos.

Jamás fue feliz, como infelices fueron sus padres y hermano.

Sin embargo, aquel orgullo que tenían de querer representar aquello que no eran, la llevó siempre por bandera, como lo hicieron sus antecesores.

 

¡Se puede ser feliz así!



Emilio Moreno, autor
28 de marzo, 2025
 

miércoles, 26 de marzo de 2025

Las sobrinas de Gengis Kan.

 







Aquel taxista recogió a dos mujeres muy tapadas. Excesiva y exageradamente cubiertas con el velo musulmán, debidamente ajustado. Donde tan solo se les advertía parte de la frente, y los dos ojos. Por lo que bien podían ser musulmanas, o disimularlo.

El auto se detuvo en la puerta del Liceo y ascendieron al precioso Mercedes negro de inmediato. El reloj de la Rambla de las Flores marcaba las tres y dieciocho minutos de la madrugada. De un viernes santo, reincidido en aquel 7 de abril, del año 2023. Cuando accedieron al vehículo y se acomodaron, con cierto escándalo.

Una de las dos sarracenas. Muy asustada, indicó muy seria y con un acento desconocido, dónde pretendía dirigirse llevadas por aquel transporte público.

—Vamos a la calle Montaner número 9012. —Con voz lejana, se dejó oír.

El taxista a la vez que proveía con un gesto, haber escuchado donde las llevaría, las saludó tocándose la frente en señal de cortesía.

—Buenos días. Ante todo saludarlas con pretensión de servirlas. Tienen preferencia por alguna ruta hacia Muntaner, o prefieren que el “GPS” automático del vehículo haga su oficio. Ustedes dirán. —esperó respuesta el chófer, sin resultado.

Aquellas señoras vestidas con aquella prenda tradicional, que la denominan Burka, y les cubre todo el cuerpo y la cabeza, no contestaron. Con mucha parsimonia, ajustaron el volumen de su atuendo dentro de la parte trasera del vehículo y cerraron la puerta de acceso. Creyendo el taxista, al no recibir respuesta, que ni tan siquiera entendieron por dónde preferían ir a la dirección de destino. Sin más arrancó y se puso en marcha de inmediato sin dar explicaciones.

Las dos pasajeras no hablaban en un idioma conocido, y sabiendo que el cochero no las entendía, comenzaron su diálogo. En tono alterado y pesaroso. El conductor, quiso aminorar un poco aquel nivel de agresividad, interviniendo. Les dirigió la palabra, con la presunción de entablar conversación y aflojar aquel arrebato. Preguntando con mucha gracia y eufemismo.

—De dónde sois, porque en esta ciudad, no habéis nacido. Apostilló mirándolas por el retrovisor. Aprovechando el semáforo rojo de la confluencia y continuó hablándoles.

—¡Eso, no lo podría jurar, pero es casi seguro.! ¡Estoy en lo cierto.! ¿Verdad, o me engaño sólo? —aclaró con glamour y sin dejar la palabra les dijo.

—Porque el idioma que utilizáis. Si es que no es un galimatías, y no sea una graciosa forma que tengáis de contender entre las dos. No es ni inglés, ni francés. Ni tan siquiera árabe. ¡Es más! Yo diría que ni es idioma. Soy nacido en Ceuta, hijo de musulmanes y como imagináis he tenido mucho trato con diversas formas de hablar, y lo que vosotras utilizáis es tan raro como increíble. Acabó la interpelación y sorprendidas, contestaron con poca gana y menos garbo.

—Somos de muy lejos. —Por qué lo pregunta. Indicó la “Nahif”, de la túnica clara y siguió con su jerigonza.

—No es normal que suban a su taxi personas de otras latitudes?... interrogó la mujer ofendida.

—Nada de eso. Respondió el chófer y matizó. —¡Para nada.! Entiéndanme. Se me hace extraño. A estas horas en el día de dolor de la Semana Santa, atender a personas que parecen extranjeras, que no extrañas. A deshoras, tomando un taxi a la puerta de un teatro, cuando la religión que practican les prohíbe semejantes hechos. Aclaró el guía.

 —Venimos de muy lejos como le decía. Nuestro país queda muy lejano. Entre el sur de China y el norte de Rusia. —Volvió a decir, aclarando, aquella “Shabun”. La misma que había entablado conversación anteriormente y siguió argumentando, mientras el pillo del taxista oía.

—Pertenecemos al país de Gengis Kan. Aunque parezca que venimos de la rusia fría, no es de ahí donde procedemos. Se detuvo para escuchar la respuesta del incrédulo conductor.

—¡Uy qué lejos! — dijo el chófer y siguió exprimiéndoles para que hablaran.

—No os da reparo—preguntó— Salir tan de madrugada con la cantidad de chorizos que recorren la ciudad. No lo veo muy normal.

La muchacha que aún no había pronunciado vocablo, respondió acompañando la palabra con una sonrisa invisible, queriendo reflejar el blanco de sus dientes entre el entramado del tocado que llevaba y el espejo retrovisor, expresando en tono coloquial.

—A veces no queda más remedio que exponerse. Aunque habiendo delincuencia como imagino que hay en esta ciudad. No llega ni por asomo, a los niveles de infracción, que se consiguen donde nosotras hemos nacido. Sin dejar pasar dos segundos el conductor les preguntó.

—¡Pero de dónde venís muchachas! Por cierto me llamo Ayeiron, para serviros. Que sepáis que si debéis hacer cualquier otro trayecto, llamadme, mis servicios son pulcros, secretos, medidos y baratos. Os recojo frente donde estéis, y sin cargo excesivo os facilito el viaje donde sea. A la hora que sea. Os dejo mi tarjeta.

Les acercó el cartoncillo y la que viajaba tras de él, la recogió y sin aclarar nada más, la guardó. Volviendo a reprochar Ayeiron el no haber escuchado su país de procedencia.

—Perdonad, pero no recuerdo el país donde dijisteis venís.

—No puedes haber escuchado ese dato porque no lo hemos dicho. Sin embargo no creo que tenga demasiada trascendencia en este instante. Hizo un inciso y sin pensarlo demasiado le aclaró pronto la misma “sayida”, la que poco antes había recogido la tarjeta de visita.

—Somos de Mongolia. Yo soy Mirna y mi hermana se llama Narnia. Se miraron las dos y siguieron discutiendo disimuladas, en lo que decían ellas. Era su idioma original. La jerga de origen de su país. Mezclando palabras gallegas, con las valencianas y las procedentes de Baracaldo. Un disloque vergonzante. Una chapuza de timo el que preparaban. Notando Ayeiron, que estaban fingiendo, que ni eran mongoles ni mucho menos. Eran dos entretenidas que salían de un cabaret dispuestas a quedarse con lo que no era suyo. El chófer viendo la hora que era, se dejó llevar por ellas, a ver hasta donde llegaba la broma. Conectando la conversación del taxi con la Central y la Dirección Comarcal de la Policía, para que estuvieran al tanto, de aquellas hembras peligrosas.

De pronto y sin más, queriendo sorprender, recriminó Narnia a Mirna, que hubiera dado una información privada a un desconocido. Replicando ésta en el idioma en el que Ayeiron, pudiera entender que es lo que les estaba ocurriendo. 

 —Estamos en peligro. Alguien tendrá que ayudarnos, o es que nosotras podemos o sabemos. Debería ser alguien que conociera la ciudad, para poder encontrar a Moxa

Ayeiron, que no perdía puntada escuchó el mensaje de espanto que daba Narnia y pronto les preguntó.

—No es que deba meterme donde no me llaman pero veo y observo que estáis en una situación algo rara. He notado a Narnia que te decía con mucha pena que tu hermana ha desaparecido y estáis muy preocupadas. Ya que hace algo más de un mes y medio que falta de vuestra casa.

Interrumpió de malos modos y de golpe Narnia, a Ayeiron exigiéndole aclaración inmediata.

—Oye amigo, y tú cómo sabes que mi hermana me ha dicho semejante recado. Si en todo momento ha hablado en dialecto Jalja, idioma oficial Mongol. Quien eres tú. Que buscas. No lo entiendo. Respondió con temor Mirna. 

Ayeiron ya hacía muchos minutos, que estaba dando una vuelta soberbia para llegar al punto donde aquellas mujeres le habían contratado. Sin que ellas hubiesen apreciado la de vueltas y retrasos que el taxista le estaba propinando al servicio, para llegar al número doce de la calle Montaner.

El fino Ayeiron en un acto de ayuda, y por llegar al fondo de la tomadura de cabello que intentaban montarle a su propia persona fingió. Sabiendo además, que desde la prefectura de policía ya los estaban escuchando. Les propuso una solución, para ver hasta qué punto tenían urdido el teatro y embrollo. Planteando su ayuda, con la condición que llegara a saber y percibir la tortura de las que decían eran hermanas.

Hallar a Moxa, que aseguraban, faltaba de su casa desde hacía una cuarentena de jornadas.

Narnia que era más atrevida fue la que comenzó con el relato de la desaparición de Moxa. 

 —Somos una familia procedente de Zaporiyia en Ucrania, que nos afincamos en Ulán Batór, capital de Mongolia. Evitando los rigores de la guerra, y además y sobre todo. Intentar desaparecer para siempre de las vejaciones, violaciones y desmanes, de nuestros esposos. Subrayó suficiente su alevosía y prosiguió.

—Nuestra hermana Moxa fue la primera que huyó de Ulán Batór, hacia España, sin papeles, sin dinero. Sin nada. Tras asesinar a su esposo en defensa propia.

Después de una agresión criminal, que por poco no la deja sorda y parapléjica.

Otgonbayar, sin saberlo nosotras, pertenecía a una entidad de delincuentes y embaucadores. Ese tipejo Otgonbayar, era el marido de Moxa. Sus compinches, al descubrir que lo habían dejado seco y faltarle la vida sin haber podido liquidar todas las cuentas pendientes. Lo buscan para recuperar lo que es suyo. —suspiró mirando por la ventana del Mercedes y exclamó.

—Según hemos podido llegar a averiguar, le debe mucho a esa panda de sinvergüenzas, que por lo visto les hacía la pirula. Dejó de hablar para respirar y fue cuando Mirna, reanudó con la charla, matizando muy mucho. 

—Nos buscan a todos creyendo que nos hemos apoderado del dinero, de las drogas y de las comisiones habidas. Por lo que creemos que vinieron tras de ella, a buscarla.

Se la han llevado y no sabemos su paradero, faltando ya de su casa desde hace casi dos meses.

El taxista se hizo cruces y les preguntó a las “(mughataaa)”, mujeres tapadas.

—Entonces vosotras dos, como os pudisteis liberar de vuestros esposos.

—Del mismo modo que lo hizo Moxa, —adujo Mirna—pero nosotras los acuchillamos, antes de que nos mataran ellos a palos, golpes y vejaciones. Los enterramos en dos sarcófagos de piedra antiguos que es difícil encuentren si no los buscan con esmero.

 


El taxi llegó a Muntaner, y frente al numero nueve mil doce, se detuvo el Mercedes. Donde les esperaba una vieja muy acicalada con la piel acartonada, que les hacía desde lejos señales, que llegaba en nada. Ya a la altura del taxi, aquella mujer le preguntó al taxista. 

—Que te han contado estas dos nietas mías, que son más embusteras que Maleni Medrano, la bruja de Cáceres. ¡Que esa soy yo! Presumió la mujer sin menoscabo.

Ayeiron el conductor, sonrió y no hizo más que conectar la emisora con su auricular, indicando el fin de carrera. Caso de alguna acción oportuna y por si tuviera que tomar medidas. Atendiendo desde su radio frecuencia que llevaba minutos conectada directamente con las urgencias de la Asociación de Taxistas. Acciones que se usan para evitar robos, atracos y demás fechorías a los conductores y en casos extremos conectan directamente con la policía.

Lo dispuso todo con mucho disimulo, dejando abierta la sesión mientras aquellas listillas presumían.

—Verá usted chófer, —dijo la yaya— la vida está muy cara y el coche que conduces, no está nada mal, para venderlo por piezas en el mercado africano. Además la caja que has hecho esta noche nos la quedaremos. Siempre que no te sepa mal, y no quieras salir herido. No pienses en acciones salvadoras. Estás pringado y te estoy apuntando con un revólver. Lo teníamos atado y todo pensado y diseñado por mi que he sido la que les enseñé el oficio. Miró a sus nietas disfrazadas, que se iban despojando de las telas que cubrían sus cuerpos, esperando mínimamente

Ayeiron, tranquilo ni se inmutó, y dejó que aquellas trotaconventos hablaran, desfogaran y escupieran todas las bravatas que habían imaginado mientras él, les seguía la corriente. 

—¿Ha salido bien el plan de engaño? —les dijo la abuela a las nietas.

—No me vais a decir que este pavo no se ha tragado la trola. Miranda, la que se hacía pasar por Mirna, le dijo a su abuela.

—Pues mira, que no es tan memo como creíamos. Ha dudado de nosotras, pero ha sido incapaz de llevarnos a la comisaría y denunciarnos. Igual no se lo imaginaba. Siguió apostillando

—Lo más gracioso que he estado a punto de mandar el plan al garete por la risa.

Ha sido cuando hemos imitado el lenguaje que nos dijiste. No se lo ha tragado para nada. El tuno, entendía la mezcla del valenciano, del vasco, el Chapurriàu y del gallego. Tiene muchos tiros pegados este tipillo. Absolutamente todo lo ha entendido. Por lo que no creo que sea tan pavo. ¡Verdad! 

—Me vais a decir, que no me he dado cuenta del peine que llevabais. Nada de lo que habéis contado es cierto—dijo Ayeiron.

—Sin embargo, tanto la compañía de taxis, como la guardia civil, os ha estado escuchando todo el relato, mientras me iban dando indicaciones por el pinganillo que llevo puesto en el oído izquierdo. 

—Creíamos que no eras tan listo. Le dijo Mirna al chófer, que en realidad se llama Miranda y es una ladrona infeliz.

Junto a ella poco antes del susto, Narcisa, la que hizo las veces de Narnia su hermana. Se le cortó la sonrisa de los labios. Al ver tras del Mercedes, dos furgonetas de la policía que les rodeaba y ya no se atrevió a soltarse el moño.

Por la espalda detuvieron a la abuela, y la desarmaron. De la pistola de plástico que portaba. Las dos gacelas mongolas bajaron del auto, invitadas por los agentes.



Autor; Emilio Moreno
26 de marzo de 2026