Los hombres no
lloramos. Eso dicen
los refranes que
arrojan su sentencia
mostrando su valor y
la sustancia
del llanto emocionado
que predicen.
Será por las
vivencias que maldicen
quizás por el furor
de su apetencia,
por sus gozos alegres
y arrogancia…
¡Que no me apaguen ni
me ruboricen!
Poseo sentimientos…
¡No lo oculto!
A veces se me escapa
una lágrima,
súbita, repentina que
sepulto.
Disimulando sin que
me comprima
evitando inquietud
del propio exulto,
y dejo derramar sin subestima.
Dice la canción:
… Que una lágrima
cayó en la arena…
Las mías
desembocan en el alma.
Autor: Emilio Moreno.


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