Otro año más. —y que no falte…—pensó el escritor sereno—que
persigue día tras día, ese encanto y esa necesidad de disfrutar con sus poemas,
sus cuentos… sus historias y por qué no; con sus batallas y contiendas
literarias.
Cada mes de abril, en su
día de San Jorge, el 23 día del libro, celebramos la reunión amistosa con el
público.
Exponiendo
cada autor sus letras, sus ideas, sus anhelos y tal vez sus afanes. Abriéndose
hacia el lector, que pasa y recorre los stands, y las paraditas donde cada cual,
transita sin prisas en un viaje tranquilo, dejando disfrutar sus ojos entre
esos mundos literarios. Esos cuentos, esas historias, y encontrar dentro de
cada una de ellas los sentidos y vibraciones sensoriales.
Tocando
con ese placer que da ojear el llamativo texto con esa carátula expresiva y
directa, que acompaña siempre con una imagen original. Expuesto encima de la
repisa del autor, o de la librería que lo representa.
Notando
el amante de la lectura, y deteniéndose en cada una de las ficciones que de una
forma indisimulada te llama. Te alerta para que no pases despistado, en
silencio obligándote a que las acunes entre tus manos y por lo menos le
dediques ese minuto de afecto, sin que nadie repruebe absolutamente nada. En tu
intimidad, la tuya, palpando y sopesando aún sin saber que clase de relato
querrá ofrecerme.
Acariciando
con las manos ese papel impreso de la publicación escogida, que aún huele a
imprenta. Que te reta a que seas capaz de dar el paso y querer saber de que se
trata, mientras el autor te mira y te escudriña adivinando que igual puede
contigo y la compras, o pasas simplemente de puntillas sobre el papel cuché.
Es
un placer para las manos, ojearlos y leer alguna línea escogida al azar, de esa
hoja que ha quedado abierta ante tus ojos para que subliminalmente o no, la
releas de pasada. Siendo el destino sin dudar en que abre en ese párrafo y te
muestra para que lo leas de inmediato… aquello que incluso ni tú mismo sabes,
que lo estás buscando.
Paciente
espera el autor que te pares frente a su historia y la mires, éxito se da si
encima preguntas por algún detalle que te llama, y quieres una precisión. Igual
le han hablado de la narración y recalcas ante el autor, este o aquel detalle
que prefieres concretar con su explicación.
Notando
que será un regalo para su amigo, su compañera o quizás su amor, que aunque
digan que no esperan ser regalados con libro, a todos se les abre el rictus de
la felicidad si además de ir la Rosa, acompañada con una historia relatada, o
versadas en poemas, dejas la intención finita. En esa fecha memorable del Día
del Libro, del día del amor y del día de la felicidad.
Aquí lo dejo: a veintitrés de abril del año dos mil veintiséis.
Autor: Emilio Moreno.
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