viernes, 24 de abril de 2026

Día de la Rosa y del libro, tradición en San Jorge

 




Otro año más. —y que no falte…—pensó el escritor sereno—que persigue día tras día, ese encanto y esa necesidad de disfrutar con sus poemas, sus cuentos… sus historias y por qué no; con sus batallas y contiendas literarias.

Cada mes de abril, en su día de San Jorge, el 23 día del libro, celebramos la reunión amistosa con el público.

Exponiendo cada autor sus letras, sus ideas, sus anhelos y tal vez sus afanes. Abriéndose hacia el lector, que pasa y recorre los stands, y las paraditas donde cada cual, transita sin prisas en un viaje tranquilo, dejando disfrutar sus ojos entre esos mundos literarios. Esos cuentos, esas historias, y encontrar dentro de cada una de ellas los sentidos y vibraciones sensoriales.



Tocando con ese placer que da ojear el llamativo texto con esa carátula expresiva y directa, que acompaña siempre con una imagen original. Expuesto encima de la repisa del autor, o de la librería que lo representa.

Notando el amante de la lectura, y deteniéndose en cada una de las ficciones que de una forma indisimulada te llama. Te alerta para que no pases despistado, en silencio obligándote a que las acunes entre tus manos y por lo menos le dediques ese minuto de afecto, sin que nadie repruebe absolutamente nada. En tu intimidad, la tuya, palpando y sopesando aún sin saber que clase de relato querrá ofrecerme.



Acariciando con las manos ese papel impreso de la publicación escogida, que aún huele a imprenta. Que te reta a que seas capaz de dar el paso y querer saber de que se trata, mientras el autor te mira y te escudriña adivinando que igual puede contigo y la compras, o pasas simplemente de puntillas sobre el papel cuché.

Es un placer para las manos, ojearlos y leer alguna línea escogida al azar, de esa hoja que ha quedado abierta ante tus ojos para que subliminalmente o no, la releas de pasada. Siendo el destino sin dudar en que abre en ese párrafo y te muestra para que lo leas de inmediato… aquello que incluso ni tú mismo sabes, que lo estás buscando.

Paciente espera el autor que te pares frente a su historia y la mires, éxito se da si encima preguntas por algún detalle que te llama, y quieres una precisión. Igual le han hablado de la narración y recalcas ante el autor, este o aquel detalle que prefieres concretar con su explicación.


Efusión de placer cuando eres tú el que escoges la novela o el libro de poemas y precisas… —puede dedicármela—y le contestas con una sonrisa de agrado por el buen gusto o por la decisión que adquiere. Mientras lo piensa detenido y lo saborea instantes antes y al cabo refleja el nombre de tal…, o de la cual. Dejando entonces con claridad en quien está pensando, y como o de que forma le ha de agradar.

Notando que será un regalo para su amigo, su compañera o quizás su amor, que aunque digan que no esperan ser regalados con libro, a todos se les abre el rictus de la felicidad si además de ir la Rosa, acompañada con una historia relatada, o versadas en poemas, dejas la intención finita. En esa fecha memorable del Día del Libro, del día del amor y del día de la felicidad.

Aquí lo dejo: a veintitrés de abril del año dos mil veintiséis.


Autor: Emilio Moreno.

Emilio Moreno.



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